Capítulo 43
Y así pasó toda la noche y la mañana, sin rastros de Celestino.
Se había esfumado, tal y como le pedí. Pero dudaba que no estuviera realmente conmigo, ya que nunca había dejado de sentir una presencia cerca.
Antes hubiese pensado que era mi imaginación, pero ahora podía afirmar que era él.
Había llegado a pensar que solo quitándome el anillo podría irse, pero al parecer estaba equivocada.
Siempre ha estado en sus manos mostrarse ante mí o no.
En todo este tiempo con él, ya había olvidado lo que era no tenerlo presente, había olvidado lo que era estar sola conmigo, lo que era no estar siempre a punto de tener que hacer algo importante, simplemente esa parte de mi vida, por más que fuera la que predominaba, había pasado a ser un recuerdo.
Siempre viví una mentira, una vida vacía; siempre intentado, pero nunca logrando, pero siempre con un claro objetivo.
Pero cuando se trataba de Celestino todo era confuso, no había un objetivo claro, ni un porque, lo único que tenía presente, es que no quería esperar a la falsa muerte para volverlo a ver.
Mientras armaba ese pequeño árbol de Navidad, me lamentaba haber rechazado su ayuda de esa manera.
Cada vez que lo decoraba con Inés, recordaba aquellos años en los que pude hacerlo junto con Thomas y mamá, aquellas grandes fiestas donde todos nos reuníamos.
Y ahora... solo estaba yo en una gran casa armando ese árbol.
No podía negar que algunas lágrimas vacías llegaban a caer de mis ojos, y no diría que eran lamentos ni autocompasión, pero si una cosa había descubierto, era que tragarse los sentimientos no era ninguna virtud, es necesario tener momentos donde nos permitamos sentir, aunque lo que sintamos sea tristeza.
Pero ahora lo que me confortaba era que a diferencia de los demás, yo sí tenía la esperanza de que el año próximo, el tiempo haría un retroceso y mi hermano volvería, las cosas no serían como hace diez años, pero si tenía esperanzas de que volvieran a su curso natural.
Siempre me pregunté cómo hubiese sido todo si nunca se hubiera ido, cómo sería nuestra vida, su vida, si acaso seríamos inseparables o nos dedicaríamos a discutir; sí mis padres no se encontrarían sumergidos en el trabajo...
si todo habría sido diferente. Pero la incógnita que más me persigue últimamente, es si acaso lo reconoceré en cuanto lo vea.
Cuánto habrá crecido o cambiado, si su pelo color chocolate aún será ondulado y brillante, si será alto como papá o habrá salido a mamá, si su mirada con heterocromía aun lo destacaba.
Si su triste realidad le habrá permitido desarrollar algún interés o acaso estudiar algo, porque por más que estuviera secuestrado, Ahron había asegurado que estaba bien y vivía como un miembro más de esa horrible familia.
Esa noticia, más allá de la ira y la pesadumbre, le había traído paz a mi alma, saber que al menos, su cuerpo físico no había sufrido más de lo necesario.
Igualmente me preguntaba si acaso pensaba en mí, en su familia, si acaso tenía esperanzas de que un día fuéramos por él...
Sin duda, no imagino peor tortura que sentirse en el olvido, que a cada amanecer se preguntara si ese día todo cambiara.
Eran tantas dudas las que me perseguían...
que gracias a Dios la esperanza me liberaba.
Las horas habían pasado y el árbol se encontraba terminado, estaba por anochecer y el horizonte marcaba el fin de una tarde calurosa de diciembre, en mi casa solitaria.
Permanecía sentada a la cercanía de la piscina, simplemente contemplando mi existencia.
Eran claros para mis odios los murmullos de los vecinos y la música predominante.
En estas fechas, acostumbraban recibir a la familia y comenzar temprano los festejos.
Mis dedos acariciaban el espejo de agua, en cuanto mi celular empezó a vibrar a mi lado.
—Hola Maxi —saludé, intentando parecer lo más feliz posible.
—Hola amore —contesta relajado, como siempre, se notaba que había dejado algo atrás el estrés de los últimos días—. ¿Cómo has estado?
—Bien, bastante bien —mi voz apagada sutilmente afable y alegre—. ¿Y tú?
—Muy bien, te llamaba hoy porque ya sabes que mañana me voy a la casa de mis tíos, donde a veces hay poca señal y eso.
Había olvidado por completo que Max se va casi todos los años a casa de sus tíos en el campo. Continua Max:
—¿Y tú angelito? —ríe sutil.
—Desde ayer a la noche no lo veo —me mantengo normal— anoche me enoje y le dije que desapareciera, y pum, se esfumó.
—¡Ehh! —exclama mi amigo.
Podría jurar que mi amigo estaba sentado relajándose, y se levantó de un salto solo por la noticia.
—Como lo oíste... —suspiro, mientras dejo reposar mis pies en el agua.
—Pero eso es gravísimo Iroda, ¿como vamos a seguir con el plan? —exclama.
—Tranquilo... estoy segura que solo dejó de ser visible para mí por el momento, y cuando deba volver lo hará.
O al menos eso quiero pensar.
—Me había asustado, debes tener razón —suspira— ¡por favor avísame en cuanto lo veas!
—Si por supues... —comienzo a responderle mientras me interrumpe.
—Te tengo que dejar, amore, muy feliz nochevieja y navidad, si puedo te hablo mañana, chao te amo —pronunció aquellas palabras como si estuvieran a punto de arrancarle el celular, lo cual me imagino que sucedió.
Luego de eso corto la llamada.
—Si yo también te amo, feliz navidad Max —me despido con una risa sutil.
El muy insensato ni siquiera esperó a que le respondiera, simplemente se fue.
—Y no es el único que te ama —escucho la voz de Celestino a mis espaldas.
Sabía que volvería más pronto que tarde.
—Lo sé, o eso creo al menos —le digo con confianza.
Supongo que es así, que si me ama. Porque dedica su existencia a estar a mi lado, porque me ayuda, y por los recuerdos que aparentan existir. Por lo que un día nos unió. Pero el presente era confuso, al menos para mí.
—¿Eso crees? —arquea una ceja— ¿en serio solo crees que te amo? —la confusión se hace tan presente en su voz como en mis pensamientos.
—Si... eso creo, eso supongo.
—Una vez te dije que debías recordar lo que es el amor, y veo que esa situación no ha cambiado —el peso de su mirada reprobatoria y algo frustrada cae con fuerza sobre mí.
—¿Acaso piensas que yo no te amo? —suelto desafiante y algo sarcástica.
—Al contrario, Iroda —toma asiento junto a mí, mirando el cielo e introduciendo sus pies en la piscina al igual que yo—. Yo sé que me amas, pero en esta vida no has sabido interpretar lo que es el amor —me observa directo a los ojos en cuanto termina la frase.
A lo que yo me rio sutil y amargamente.
—Suenas algo engreído... —le afirmo con gracia—. Me encantaría saber qué es lo que te hace estar tan seguro de mi amor —le sostengo la mirada.
—Es muy simple en realidad —sonríe y desvía su mirada hacia el espejo de agua—. El “brillo”, esa luz tan mítica de nuestras almas recordándose, también representa que nuestro amor no se ha apagado y nunca lo hará.
Quedé atónita, ahora lograba entender porque Celestino lloraba aquel día.
Cada vez que brillábamos, sus sentimientos y esperanzas salían a flote, lograba confirmar su esperada respuesta.
Con el paso del tiempo y la diversa realidad, todo lo que nos unió permanecía ahí.
La verdad creo que, en todo este tiempo, él ha tenido más claros mis sentimientos que yo misma, quizás tenía razón, y yo no sabía interpretar el amor.
Lo seguía observando, pero no sabía qué contestar, hasta que finalmente hable:
—Entonces... si tienes todo eso tan claro, ¿sigues decidido a irte después que rescatemos a Thomas? —pregunte cabizbajo, intercalando miradas entre sus ojos y los laterales.
—No me voy a ir, y bien lo sabes —evade mi pregunta.
—Sabes perfectamente a lo que me refiero —suspire.
Me observa pensativo, y decide acariciar sutilmente un mechón de mi cabello.
—Te voy a proponer un trato —suelta finalmente, con voz suave y apacible, haciendo juego con la atmósfera de paz que nos rodeaba.
—¿Cuál? —le consulto con apagada esperanza.
—Si tú decides y me prometes, que te mantendrás al margen de la situación cuando vayamos por Thomas, si me prometes que intervendrás lo menos posible —se detiene y toma mi mano—. Yo te prometo que cuando esto termine, seguiré a tu lado como ahora.
Me detuve a analizar minuciosamente sus palabras, buscando algo que no me convenciera, alguna trampa, algo que negara esa enigmática afirmación, pero no lo encontraba.
—¿Justamente como ahora? Tangible y visible... —me cercioro.
—Justo como ahora... —suspira sonriente— pero solo si cumples tu promesa, si realmente me escuchas y actúas como te pido. —Termina la afirmación serio, sin desviar la mirada ni dejar de sostener mi mano.
—¿En serio piensas que el plan funcionara así?
—Claro que sí, siempre fue mi plan original... solo que Ahron lleva las cosas a los extremos.
No lograba formular una opinión, principalmente porque ni yo misma entendía como yo sería tan necesaria ahí, junto a seres de otro mundo. Aun así, no podía correr riesgos. Las palabras de Esmeralda habían sido claras...
—Te prometo... que, si el plan es posible de esa manera, así lo haré. Pero Thomas siempre será mi principal objetivo.
—Lo sé —sonríe— es una promesa.
Y sí, nuestras manos unidas vuelven a brillar, casi como una señal de que todo estaría bien o una manera superior a nosotros de sellar nuestra promesa. Por lo menos, así lo veo yo.
—Es una promesa —repito, con una sonrisa suave.