Más allá de nuestros ojos Capítulo 42
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Capítulo 42

A l volver a casa, después de varios días, mis padres habían regresado para las fiestas.

La verdad es que nunca hubo un gran espíritu navideño en mi familia, sobre todo por la desaparición de mi hermano.

Creo que después de su “pérdida”, a mis padres nunca les ha parecido bien celebrar demasiado.

De igual manera, después de tantos años, hubiera sido de muy mal gusto no regresar en estas fechas.

Por más que no hiciéramos una gran celebración, un día antes de Nochebuena, Inés y yo armábamos un pequeño árbol, y al otro día se hacía una cena donde usualmente venía algún familiar.

Para ser sincera, nunca fue algo que me molestara.

No me considero el Grinch, pero sí podía admitir que nunca supe lo que era esa “magia” de la que tanto se hablaba en las películas.

Y ahora, con todo lo que está sucediendo...

lo único que quiero es que estos días pasen y poder seguir con el plan finalmente.

—Iro... mañana Inés va a tener el día libre y nosotros estaremos algo ocupados, espero no te moleste armar sola el árbol este año —procedió a contarme mi madre luego de hablar sobre su viaje.

—No, claro que no, mamá, no hay problema —mentí con una media sonrisa.

No entiendo cómo Inés no va a armar el árbol conmigo este año, y ni siquiera me dijo nada. Está bien que no sea la fan número uno de la Navidad, pero esto ya era una tradición, algo que hacíamos juntas hace años. De igual manera me resigné, y solo le dije a mi madre que iría a descansar.

—No vas a tener que armar sola el árbol... yo estoy aquí y te puedo ayudar —dice Celestino, en cuanto me encuentro en el cuarto.

Supongo que habrá notado mi mal humor; después de todo, me conoce muy bien.

—No me molesta armarlo sola —le afirmé seria y sin demasiado humor.

—Y a mí no me molesta hacerlo contigo —me alienta sonriente—. Después de todo no sería el primero que armamos.

Otra vez los recuerdos, los recuerdo que ni siquiera puedo recordar. Parece un ciclo sin fin.

—Me imagino que han sido muchos y muy bonitos —dije algo más relajada, mientras guardaba algunas cosas en el vestidor.

No quería desquitar mi mala vibra con él, preferí dejar el tema de los recuerdos simplemente pasar.

—Así es, y este puede ser el siguiente, me encantaría que lo fuese y me gustaría saber por qué a ti no... —musitó pensativo mientras toma asiento.

—¿Sabes que me gustaría saber a mí? —pregunte con firmeza, aunque a sabiendas de que me arrepentiría.

—Te escucho mi querida Celes... Iroda —reacomoda mi nombre a último momento algo contrariado

Estaba a punto de llamarme por el nombre de nuestra última vida juntos.

—Quiero saber porque todos te advierten que debes recordar tu lugar —digo sin vueltas.

Me miró algo confundido, al parecer no era lo que esperaba.

—Creo que de una manera u otra ya te lo he dicho —afirma, mientras se inclina sobre sus propias rodillas en el asiento, colocando su barbilla entre sus manos.

Volvió a su papel contradictorio, donde decía todo y a la vez nada.

—Pero no lo has hecho claramente —le específico, manteniendo mi postura.

—Tú sabes que lo que nos une, es algo muy grande, pero tu estas en un lugar y yo en otro... y aunque quisiera, aunque quisiéramos —se corrige—. Yo debo alejarme y dejarte hacer tu vida, porque yo soy un compañero, pero no uno que debas tomar en cuenta —termina advirtiéndome.

—Pero siempre estás conmigo... y tu presencia si cambia mi vida, basta con pensar en Thomas para notarlo —manifiesto sin terminar de comprender para variar—. Es imposible no tomarte en cuenta.

—Puedes tomarme en cuenta, en el sentido de contar conmigo, porque yo siempre estaré para ti... pero solo de ese modo, no debes gastar pensamientos en mi —me advierte esta vez.

Creo que poco a poco empezaba a entender lo que todos querían decir, él estaba conmigo, pero no como había estado antes.

Supongo que, en su mente, aún es como si fuera su pareja, ya que siempre fue así y ahora podría ser difícil dejar eso atrás.

Y ahí es donde todos quería n llegar. Pero de igual manera, no me parecía que fuera todo.

—Después de todo, siempre hemos estado juntos, no veo el problema en que me acostumbre a ti —respondo.—Pero no debes, porque en cuanto esto termine, todo volverá a la normalidad y cada uno a su lugar.

Al oír eso nuevamente, sentí una pequeña p untada en el pecho.

—No veo el po rqué, Isabelina siempre ha visto a Cristopher, y no veo porque yo no podría hacer lo mismo —exclame ya algo contrariada por tantas vueltas—. Sería demasiado extraño seguir con todo sabiendo que estás conmigo y a la vez no.

—Tú no tienes idea lo complicada que ha sido la vida de Isabelina por la presencia de Cristopher —explica con cierta frustración, apretando sus cejas—. Te aseguro que tu vida sería mejor así, sé que puedes con esto.

—Todo puede ser complicado, pero complicado no es sinónimo de malo, ella eligió vivir así, y yo también quiero hacerlo —doy dos pasos más cerca de él, manteniendo firme la mirada.

Me niego a aceptar que mi vida vuelva a ser como antes, después de saber la verdad, no puedes fingir el resto de tu vida. No puedo actuar como si no supiera nada, como si no supiera lo que es verdaderamente mi vida. Podrían borrar mi visión, todos mis sentidos, pero mi mente seguiría latente.

—No sabes lo que dices, Iroda —se reprime, mira hacia un costado con frustración.

Ya había notado la habilidad que tenía Celestino para apartar la mirada cuando se dibujaba una discusión en el aire.

—Lo único que sé es que me niego a vivir una mentira, una farsa —me agarro la cabeza con ambas manos—, una vida donde no soy consciente ni siquiera de lo que me rodea, una vida contigo a mi lado, sin siquiera cruzar una mirada.

—Eso es una vida humana, y es tu lugar —vuelve a mirarme fijamente.

—Estoy segura que hay muchas maneras de vivir, y mi lugar es contigo —me acerque más hacia él, quedando a centímetros.

Aunque no estaba totalmente segura de mi última afirmación, algo me hacía creer que era así, siempre había sido así.

—Estas y siempre estarás conmigo —responde, sin cambiar su postura.

Comenzaba a notar la aflicción en su mirada.

—Te equivocas, tu estarías conmigo, pero yo estaría sola.

Ríe amargamente antes de responder.

—Ahí es justo donde te equivocas.

Se pone de pie, alejándose de mí mientras da algunas vueltas en la habitación. Y sigue hablando:

—Hay cosas que deben seguir su curso, yo siempre estaré contigo, pero te arruinaría la vida si me quedara como ahora, en el limbo entre una cosa y otra —explica manteniendo la frustración en su voz, pero subiendo el tono por inercia, los movimientos en sus manos, solo le daban dramatismo a sus marcadas palabras.

—Me arruinarías si te vas, si me quitas la posibilidad de ver más allá, de ver la verdad —lo dije, con tanta convicción que hasta pensé que me habían programado para decir eso y convencer a cualquiera a mi lado.

Mi corazón iba tan deprisa, que no sabía cómo había logrado conjugar mis palabras con tanta facilidad.

—Mejor ve a dormir, fue un día largo —sugiere, queriendo dar la discusión por finalizada.

—Ja —me burlo amarga—. Si acaso piensas que puedes terminar una discusión así, definitivamente te falta bajar a tierra, literalmente.

—No estamos discutiendo —su voz suena cansada.

—Tienes razón, me equivoqué, cuando dije que quiero que te quedes. Es más —me rio—, sería mejor que desaparecieras ahora, no soporto estar siempre contigo, ni con tu estúpida perfección.

Una mirada afligida, y una extraña mueca, fue la única respuesta que conseguí antes de que se esfumara de un momento a otro .

Celestino tenía la mala costumbre de llegar a un punto de la discusión en el que solo se aleja, casi como si fuera un simple intercambio de palabras.

No se altera, no considera cambiar de opinión o demostrar sus verdaderas emociones, solo desaparece.

En cambio, para mi cada discusión era un duelo, en el cual el ganador era el que lograba la mayor cantidad de información deseada.

Siempre esperaba que él respondiera mis dudas con claridad o accediera a mis peticiones, lo cual nunca terminaba por ser el caso. Pero justo ahora, había hecho exactamente lo que le había pedido.

Después de tantos malos momentos, el dolor emocional no era algo que llegará a sentir con claridad, me había acostumbrado a vivir con él. Pero en este momento, la puntada en el pecho seguía estando presente en mi corazón.