Capítulo 41
—E spero que estés más tranquila, Iroda, sé que fue una noticia fuerte para ti, pero nos pareció lo mejor —me afirma Isabelina, mientras acaricia mis brazos con la intención de proporcionar un calor reconfortante.
En ese momento pude sentir el prematuro cariño que había empezado a crecer entre nosotras, note que ella sentía un aprecio genuino por mí y llegue a notar que de igual manera yo también había desarrollado aprecio por ella.
—Claro que sí, Isabelina, la caminata y la charla con Celestino me ayudaron mucho... pero gracias por preocuparse —fui sincera, realmente lo fui.
Porque para mí aquella mujer torturada, era solo una fracción de mí, tan pequeña que ya no sufría por ella.
Inevitablemente debíamos volver, por más tranquilizador que fuese estar con Celestino en aquel bosque, sólo se podía escapar de la realidad por un tiempo limitado. El plan era conocer a Esmeralda ese día, y eso haríamos.
De todos modos, estaba preocupada por Max, desde que llegué no lo había visto. Isabelina solo se limitó a decirme que ambos comieron juntos y después él estuvo charlando con Cristopher. Pero en cuanto apareció me dedicó una mueca indescifrable, seguida por un amague fallido de acercarse a mí.
—Bueno chicos, dos de nosotros aún no conocen a alguien que nos ayudará mucho en esta misión, la cual es Esmeralda, por ende, les voy a pedir, que tanto los que la conocen como los que no... mantengan una postura de gratitud hacia ella —los observa a todos—. Su presencia es muy importante.
—¿Por qué nos advierte esto? —le susurré a Celestino, el cual se encontraba a mi lado.
—Ya lo verás —me mira con una sonrisa ladeada.
No entendía a qué se debía tanto preámbulo, más bien, entendía perfectamente la relevancia de Esmeralda para nosotros al igual que su bondad por ayudarnos, aunque fuese un ángel, el mundo estaba lleno de ellos, y no notaba que se reunieran a solucionar todos los males, aunque no sea su deber.
Lo que no entendía era la advertencia, porque nos pedía mantener una actitud correcta. ¿No siempre la teníamos?
Tampoco tuve demasiado tiempo para pensar, de un momento a otro, Evelin entró por la puerta, vistiendo un hermoso conjunto agua marina, su pelo largo y azabache hecho una coleta, junto con una hermosa sonrisa. Sin duda era de esas chicas que siempre irradiaban belleza y felicidad.
—Hola a todos —se acerca a su madrina, a mí y por último a Max, diría que un tanto más contenta por este último—. También a los demás, pero bueno... no sé dónde están.
El resto se limita a saludarla al unísono. Pero... ¿Cómo que no sabía dónde estaban?
—¿Acaso no puedes verlos? —se me adelanta Max a la duda.
—Realmente no, solo algunas veces, y de forma borrosa y... espontánea, pero sí los escucho. —Le responde con cierta gracia.
—Sucede que ella posee un don de nacimiento, el cual aún no domina completamente y no ha sido alterado —aclara Isabelina.
—Oh... eso es alucinante —entre en la conversación.
—Si... Eso creo —se encoge de hombros algo divertida.
—¿Y es Esmeralda no viene contigo?... —pregunta Max.
—Siempre está conmigo... supongo que ya se presentará ante ustedes —Evelin pronuncia aquellas palabras de una forma extraña, como si no supiera definir como bueno o malo.
También hay que destacar que ella tiene un acento europeo, donde arrastra las palabras de otro modo, por lo tanto, no siempre es fácil interpretar.
Pero no se equivocaba, ruidos muy extraños empezaron a retumbar la casa, de una manera abrumadora, incluso diría que algunos de esos ruidos venían acompañados del cantar de muchos pájaros.
En el techo de la biblioteca, una luz enceguecedora hace acto de presencia, una luz que casi aparentaba ser un túnel que iluminaba a modo de farol, era una luz blanca con destellos dorados.
De ella comienzan a salir pájaros luminiscentes en tonos dorados y marfil, eran pequeños y esplendorosos, como si vinieran de otro mundo, a simple vista se nota que ellos no podían ser palpables, tampoco se asemejaban a ninguna especie que hubiese visto alguna vez, al compás de ellos, venían un sinfín de mariposas a su par.
Incluso uno de los pajaritos se acerca a mí y me observa de una forma curiosa, mientras emitía sonidos cantarines.
Al momento pude notar que algunos de los otros también interactuaban con el resto.
Hasta que finalmente por ella comienza a descender una mujer pelirroja, con un vestido largo y dorado con fondo color crudo, su cabello era largo y rizado, tenía destellos y algunos trenzados que no llegaban a recoger el mismo.
Su piel era clara, pero repleta de pecas, dudaba mucho de que hubiera alguna parte de su “cuerpo” que nos las tuviera.
Cada cosa en ella era fascinante y su vez normal, excepto sus ojos, su iris tenía un tono violáceo suave con un borde intenso, pero el centro era el vivo homenaje a su nombre...
con un círculo color esmeralda. Sin duda una mezcla de belleza fuera de este mundo.
La envidia nunca ha sido parte de mí, pero en este momento, mis pobres ojos verdes, querían ser violetas. Incluso recordé a mi padre una vez contándome de una actriz muy famosa que tenía los ojos de ese color, Elizabeth Taylor creo era su nombre.
En cuanto se encontró verdaderamente parada frente a nosotros, rodeada de aquellos pájaros.
Pronunció fuerte y claro un conjunto de sonidos que se asemejaban a palabras, pero no tenía idea que significaban.
Muy similar al que había usado Isabelina con Celestino hacía un rato.
Me pregunto desde aquel momento si tal vez existe un idioma universal, uno que todos los seres entiendan.
Quizás más allá de este mundo no existen los idiomas, ni las barreras del lenguaje, la cultura, la etnia o nada que se le parezca, quizás más allá todos hablamos la misma len gua y el mismo lenguaje.
No había encontrado la oportunidad o la energía de hacerle a Celestino esa pregunta.
—O más bien, para que todos lo entiendan, buenos amaneceres almas ilumini, es todo un placer poder ayudarlos —aclara Esmeralda, para todos nosotros.
Pronuncia aquellas palabras con una voz pacífica, pero imponente, creo que, si hubiera que ponerles una imagen a las voces angelicales, la de ella sería ideal.
T odos menos Max y yo la saludaron de inmediato, incluso Evelin sin verla la saludó sonriente.
Pero nosotros en nuestra estúpida humanidad, nos encontrábamos petrificados, y no por miedo, sino por asombro.
Era algo difícil de procesar, e incluso divertido a su manera.
Después de haber intercambiado algunas miradas con mi amigo, cada uno se presentó cortésmente ante ella, sin salir del estado de asombro.
—Aunque ustedes no me conocieran, yo si los conocía a ustedes —intercala miradas entre uno y uno.
—Estamos muy agradecidos de que pueda ayudarnos —le manifiesto.
—Lo sé —se limita a contestar, cautelosa en primera instancia—.
Se todo lo que sienten, sé que estas feliz por recuperar a tu hermano, triste por perderlo, sé que nos agradeces por lo que hacemos al igual que no te fascina perder el control, odias que sientan lastima por ti...
al igual que también sé que amas a dos personas en esta habitación.
—Termina por observar feliz a Celestino.
—Ella puede captar todas tus emociones, de una manera mucho más poderosa que una simple intuición —me aclara Evelin.
Puedo asegurar que Evelin me aclaró aquello debido a mi cara de asombro y susto, claro que me imagine que los “ángeles” percibían algunas de mis ideas y sentimientos, pero Isabelina también me había asegurado que no leían mentes.
Su última afirmación me dejó pensativa, la palabra amor para mí era muy fuerte, no la usaba muy a menudo, incluso me preocupó que ella la usara mientras se dirigía hacia mí y Celestino, pero más me preocupó que dijera que amo a dos personas.
Aunque para mí, aparte de ser una palabra fuerte, también era versátil.
Claro que amaba a mi amigo Max, era casi mi hermano, y después la segunda me imagino que sería Celestino, aunque realmente...
y a pesar de todo, no sabía si lo amaba.
Si esa era la palabra qué describía mis emociones, aun no me sentía lista para definir mi sentimiento.
Podría jurar que en parte mi protector lo sabía, y eso mismo no le terminaba de encantar.
—Justamente —responde Esmeralda a la aclaración de su protegida—. Pero me alegra decir que en esta habitación predominan las emociones positivas, aunque estén cargadas de preocupación, no pierden su origen de bien.
—Sucede que no estamos totalmente seguros de que tan buena seria mi presencia en el rescate de Thomas... —le comento, inclinando más el tema a lo necesario.
—Tu presencia, Iroda, es de suma importancia, con un debido entrenamiento... será lo que hará posible el plan, tú eres quien podrá romper ese pacto que no debió trascender esa encarnación pasada.
—No logro terminar de comprender cómo y por qué...
En ese momento ella sonríe, extiende su mano a un lado y junto a ella poco a poco hace aparición un gran espejo de cuerpo entero, con marcos de roble y un delicado cristal, en el cual solo me veo a mí.
Pero en cuanto ella cruza su brazo por enfrente, mi reflejo desaparece y solo queda la forma de mi figura repleta de luz.
Casi como una galaxia en tonos blancos y dorados, la cual deslumbraba todo a su alrededor.
Comencé a mover mis brazos, para asegurarme que aquella imagen fuera realmente mi reflejo.
—Así es, esa eres tú. Es tu esencia, sos un ser de luz y tu humanidad no te lo ha quitado.
Por ende, tu ayuda es muy importante para el rescate de Thomas, todo esto se solucionará cuando el problema se culmine tanto física como espiritualmente.
Su lazo de hermandad trasciende vidas, sin mencionar tu estrecha relación con las entidades.
Eres la pieza que falta y sin ti el plan no sería posible.
El destino lo ha marcado así. Por tu mano comenzó la disputa en este mundo, y en este mundo, por tu mano debe acabar —me explica en metáfora este ser angelical.
Jamás hubiese pensado que tanta luz se encontraba detrás de mi simple e irrelevante ser. Pero no dudaría en utilizarla ahora que sabía de ella.
—Nunca imaginé esto, pero les aseguro que, aunque no sepa cómo, haré todo por recuperar a Thomas —-dije aun observando mi reflejo, con el palpitar de mi corazón acelerado.
Celestino en cuanto escuchó mi afirmación, se sentó y agacho la cabeza.
Sabía que él no me quería en esa batalla, no sabía si era por miedo o preocupación.
Pero ya era consciente que estaría ahí, y no había vuelta atrás.
Su intento por hacer las cosas de otro modo, hasta el mismo sabía que era inviable.
Después de aquello, estuvimos un buen rato debatiendo entre todos algunos detalles del plan, más que nada organización entre el plan físico y el espiritual, al igual que fragmentos fundamentales para mi entrenamiento, y que, al parecer, Esmeralda no sabía qué tanto podría estar presente en el mismo.
Durante todo ese rato, Celestino no se me volvió a acercar, supongo que luego debería hablar con él sobre esto, pero ahora teníamos que solucionar detalles que no volverían a ser tocados hasta después de las fiestas.
En cambio, todo lo opuesto a mi caso, pude notar como Max estuvo charlando en muchas ocasiones con Evelin, lo que me resultaba muy interesante, sobre todo porque yo se lo dije desde el primer día, y rara vez me equivocaba, ella parecía muy ilusionada con él.
Cuando estábamos por irnos, pude escuchar como Esmeralda se acercó a mi protector para darle lo que yo llamaría una advertencia, podía asegurar que se trataba de mí, donde volvíamos a lo mismo que con Ahron, casi el mismo mensaje.
—Sé lo que sientes... tus sentimientos siempre han sido hermosos, pero debes recordar tu lugar... y darte cuenta que tu vida humana ha quedado atrás —le dice aquella pelirroja.
—Créeme que lo sé, y en cuanto Thomas vuelva a su lado, yo volveré a mi lugar —hace una pausa—. Pero no sabes lo difícil que es aceptarlo, pero bien sé que no debería ser así, la nostalgia a veces me abruma.
Ella se limitó a sonreír en un gesto de comprensión, y la conversación acabó. Fue corta pero eficaz. Le volvían a advertir cuál era su lugar, ¿Cuál se supone que es su lugar? Y... ¿Por qué dicen que debe recordarlo?
Desde mi perspectiva él lo tenía más que claro, y no le faltaba oportunidad para aclarármelo a mí. No me parecía justo que las cosas fueran tan estrictas, como si entre medio de este caos nos tuviéramos que apegar a un manual.