Más allá de nuestros ojos Capítulo 40 #3
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Capítulo 40 #3

Y ya me imaginaba esas excusas, que sería una esposa “muy difícil”, que tendría “mucho carácter", que él era “bueno” pero tenía sus “cosas”, me imaginaba un sinfín de discursos inventados por hombres con pipa convenciendo a sus amigos y familia, o hasta las mismas mujeres cotilleando a su favor.

Porque si vamos al punto, la sociedad tanto no había cambiado, solo lo aparentaba...

la culpa sería mía para algunos hasta hoy.

Continua Celestino:

—Había llegado un momento que ya nadie se atrevía a hablar, hasta los más cercanos de Jeremías...

o más bien Gabino, temían por ti —vuelve a suspirar, se notaba que le costaba contar aquello—.

Pasaban meses sin verte pensando lo peor, pero cuando ya no soportaste más, volvió a ser tu culpa, o al menos de eso se querían convencer.

—De seguro me dieron por loca —hablo bajo, y con un falso dejo de gracia en mi voz—. Resulta hasta irónico, porque ni siquiera me puedo jactar de decir que el mundo cambió, que estas cosas ya no suceden.

—No pienses que esto no tiene un motivo, Iroda... —me responde.

Mientras más me metía en este nuevo mundo, más notaba como siempre había ignorado el propio.

Como siempre había sido indiferente, sin notar las tristezas de la gente.

Como siempre me sumergí tanto en mis problemas o en distracciones, que nunca me había detenido a formular una opinión.

No tenía una postura política, aunque sí edad para votar, ni una idea clara que estaba dispuesta a apoyar.

No tenía una postura religiosa, aunque siempre conocí mis creencias.

Nunca ayude a nadie en verdad, nunca me sume.

Siempre viví siendo indiferente. Pero la indiferencia mata, condena, porque en la vida no se puede ser tibio, o defiendes el bien, o confabulas con el mal.

—Esta es solo otra de las facetas, una prueba más. Ahí radica la verdadera ironía —retoma la palabra Celestino, después de no obtener respuesta de mi parte.

—¿A qué te refieres? —lo observe finalmente, cuando toma asiento a mi lado.

—No pienses que estas desgracias suceden porque si, nada pasa porque si en este mundo.

La violencia, es una prueba tanto para quien la ejerce...

como para quien la soporta, los más débiles no soportaron la tentación y se transformaron en monstruos, mientras que los agredidos tienen que demostrar su fortaleza no siendo iguales —observa el cielo con exagerada concentración—.

Mientras que la supuesta superioridad del hombre sobre la mujer o los otros seres vivientes, en el mundo carnal a lo largo de la historia; nunca ha sido más que un juego de roles, donde un tiempo le toca a uno y otro tiempo a otro, una prueba de falso poder, está en cada quien la actitud que tome.

Lo mismo sucede con el dinero, o con la belleza física, hasta con la salud.

Las diferencias son necesarias, porque un ser noble no va a cambiar por el puesto que le toque.

—Quizás si todo el mundo viera las cosas así, las desgracias serían más fáciles de tolerar —musité cansada.

—El punto no es tolerar, sino entender. Son muy pocas las almas que no saben diferenciar el bien del mal, y te puedo asegurar que el superior considera las situaciones.

Por lo tanto, todos pueden ver las cosas de una forma correcta si lo desean.

Y tú lo hiciste, Iroda, en tu vida con Gabino jamás te convertiste en un monstruo como él...

aunque muchos dirían que no te faltaron razones, no fuiste valiente en todos los sentidos, pero si fuerte.

—Lo haré, iré con ustedes y mi terminaré lo que hace mucho tiempo empezó, pero no por mi... sino por Thomas —sentencie, dejando algunas partes del discurso de Celestino sin responder.

Celestino se voltea a mirarme con aflicción.

—Siempre he sabido que lo harías en cuanto lo recordarás, pero recuerda... La venganza no debe ser tu motivación.

—Y no lo es, al contrario... todo esto es por Thomas. Por liberarlo a él y a mí de lo que debió quedar en el pasado.

—Así es... sé que es así, pero quería remarcar eso, y pronto terminará. La fe nos ayudará, porque la luz marca nuestro camino, siempre ha sido así —termina por decirme con convicción.

Después de aquellas últimas palabras, Celestino se acercó a mí, y me abrazó, con ternura y firmeza, una sensación muy similar a una burbuja de tranquilidad que nos envolvía, las lágrimas volvieron a caer por mis ojos, pero esta vez no era furia ni tristeza, sino liberación y paz.

Porque una parte de mi pasado no cambiaba la suerte de mi presente, un presente donde estaba a punto de recuperar a mi hermano y Celestino se encontraba a mi lado.

Cada frase de Celestino me tranquilizaba, aclaraba mi visión del mundo, él no quería romantizar y mucho menos justificar las atrocidades que sucedían en él. Pero si sabía explicarlas, y por lo menos me hacía entender que no eran en vano.

El mundo es un juego, pero no como muchos piensan, no está diseñado para quienes sepan mover las mejores fichas, sino para aquellos que sepan verlas a todas y sean buenos en mantener una posición hasta el final.