Más allá de nuestros ojos Capítulo 39
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Capítulo 39

D espués de mi conversación con Celestino me costó conciliar el sueño, el hecho de que todo volvería a la “normalidad” no me convencía, para mí nunca hubo normalidad, mi vida nunca cumplió con ese requisito social.

Después de todo, el caso de Isabelina y Cristopher es casi igual, y aun así ella podía seguir viéndolo, no entendía porque yo no podría hacer lo mismo.

La mañana siguiente, me levanté animada de igual manera, lista para afrontar el largo día que me esperaba.

Opté por un short de jean, una blusa blanco marfil, sandalias bajas y estaba lista.

Celestino, al parecer, había estado toda la noche observando mis bocetos, porque desde que me desperté hasta ahora se había mantenido sentado a lo indio analizándolos muy minuciosamente.

—Hace tiempo no dibujas... —suelta de repente.

—No he tenido demasiado tiempo, pronto lo volveré a hacer.

—Me gustaba verte mientras lo hacías, cada línea, cada figura, todo iba cobrando significado —me informa sin dejar de mirar los que tenía en las manos.

—Siempre fue una parte importante de mi vida —respondo no sabiendo qué decir.

El agarra otro boceto de su lateral, y me lo enseña, era un rostro a medias, una mirada potente y gentil, sinceramente no sabía de quien.

—Este soy yo —afirma.

Aunque no entendí ese comentario, no se parecía en nada a él, pero continúa hablando:

—Este fui yo en nuestra última vida... —me aclara— fue una vida maravillosa, una de las mejores que tuvimos.

En ese momento comprendí, aquel rostro...

Aquella persona que resultaba ser la misma de quien se encontraba frente a mí, se repetía en varios de mis bocetos, pero jamás le había encontrado una razón.

Era un rostro muy enmarcado y bien definido, con varios lunares, de un hombre alto y castaño de pelo engominado, ojos azules y tez clara, una mirada noble y una sonrisa siempre perceptible.

—Me encantaría recordarla —le confieso feliz.

Realmente me gustaría poder hacerlo, se que todo sería mas sencillo de ser así.

—No puedes recordarla... pero te puedo dar un vistazo —de inmediato se levanta y toma mi mano la cual toma un brillo sutil— ¿estás segura que quieres hacerlo?

No tenía idea de cómo lo haría, pero mi respuesta sería de una forma u otra sería la misma.

—Estoy muy segura —afirme con convicción, y una sonrisa relajada.

—Entonces cierra los ojos —me dice sutilmente.

De inmediato lo hago por inercia, los cierro. Poco a poco comienzo a sentir una vibra distinta a mi alrededor, como si mi cuerpo vibrará suavemente y hubiese dejado de tocar el suelo. Durante algunos instantes sentí leves pinchazos a lo largo de mi cuerpo, antes de que una brisa cálida me abrazara.

De un momento a otro, abro los ojos.

A mi derecha veo una gran casa antigua estilo francés, con paredes labradas, ahí observó una niña pequeña, danzando de aquí para allá, era bastante bonita, un cabello ondeado color chocolate, cayendo a modo de cascada y unos amplios ojos cafés, la niña tenía un vestido amplio y rosado.

Mientras que a mi izquierda había un niño apenas más grande, muy similar al hombre de mis bocetos, sentado coloreando un libro, mientras que un hombre con pipa de a ratos lo observaba, aparentemente se encontraban en un salón de estudio.

Pero el ruido de un piano me distrajo, y volví a observar hacia mi derecha, aquella pequeña niña...

ahora era una joven tocando un piano de cola en una reunión familiar, se la veía feliz, muy armónica, la delicadeza con la que tocaba aquel instrumento era cautivadora, junto con sus guantes blancos y vestido color amarillo.

Mientras que aquel niño que antes pintaba, ahora era un joven que portada un libro en su mano mientras discutía con su padre cosas que ni siquiera llegaban a mis oídos.

El ambiente poco a poco se tornó nuboso, hasta que la música y las risas volvieron a hacer presencia, ahora me encontraba en una gran fiesta, repleta de personas de múltiples edades, todos vestidos muy elegantemente, los hombres con trajes de época, algunos incluso hasta con guantes blancos, mientras que las mujeres portaban vestidos amplios y pomposos.

Entonces los vi, al joven de mis bocetos y a aquella chica del piano que esta vez, tenía un magnífico vestido en tonos celestes, se encontraban a punto de bailar, él le tendía su mano mientras ella hacía una extraña reverencia propia de aquel baile.

Sentí algo muy extraño en ese momento, una opresión en el pecho, profunda y cargada de felicidad, muchas emociones me golpean de repente, casi como si estuviera a punto de llorar y no supiera por qué.

Mientras bailaban y daban numerosos giros, aquel bello vestido celeste comenzó a tornarse blanco, al igual que el traje del muchacho, al ambiente cambio, ahora nos encontrábamos en una especie de capilla de campo abierta, pero el ambiente se mantenía, las risas, la música, el baile de aquella pareja, solo que esta vez las miradas se centraban en ellos bailando.

Nuevamente una brisa de calor me abrazó y dejé de sentir mis piernas por unos instantes.

Entre giro y giro mi posición cambió, ahora era yo aquella joven que bailaba con el muchacho de mis bocetos.

Podría decir que mi corazón se paró, al igual que el baile, todo se detuvo, aquel sonriente chico con el que aparentemente me acababa de casar había detenido todo, y estaba dispuesto a hacer un brindis.

Mientras tanto yo vivía y sentía una película desde mis propios ojos.

—Disculpen que he parado la orquesta y la diversión amigos míos, pero en esta hermosa velada quería hacer un nuevo brindis —me observa sonriente y eufórico—.

Quiero brindar por la felicidad, ya que el día de hoy tuve el privilegio de casarme con ella en persona, mi amada Celeste, la luz que ilumina mi camino, el gran amor de mi vida, aquella persona a la cual acompañaré eternamente, a la cual le he entregado mi amor, quizás no sea un amor perfecto pero si es verdadero, y lo único que puedo prometer, es que será eterno.

Porque lo único que le voy a contradecir al señor reverendo aquí presente, es que a nosotros... ni la misma muerte nos separara.

Los aplausos se hicieron presentes de inmediato, podría decir que inclusive llegue a ver lágrimas caer de muchos ojos.

Pero no tuve tiempo de analizar más, los invitados terminaron de brindar y en cuanto eso sucedió, aquel joven, mi marido, el cual emanaba sincera felicidad me dijo en un tono más bajo:

—En serio espero que tú seas tan feliz como yo en este momento.

Y lo era, en ese momento era entera y absolutamente feliz, sentía una felicidad inexplicable, como si realmente yo lo amara. Entonces no dude en decirlo.

—Soy más que feliz.

Fue más que suficiente para que una sonrisa amplia se apoderara de su rostro y acortará lentamente nuestras distancias, para cerrar el momento con un beso, tierno y sincero, el cual pude sentir como si lo viviera en carne propia.

Sin embargo, en ese momento todo se paralizó, deje de escuchar la orquesta, deje de escuchar a la gente, el tiempo era lento, intenso y traicionero, solo era consciente de que me encontraba junto aquel joven que ya no parecía nada desconocido, hasta podía sentir las lágrimas corriendo por mis ojos.

En cuanto nos separamos, vi algo que jamás pensé que sería capaz de ver, vi a dos personas al mismo tiempo, vi a Celestino y también a aquel joven, a ambos y al mismo tiempo.

Si tuviera que explicar cómo aquello fue posible, simplemente no tenía una respuesta.

Él seguía sonriendo ampliamente, o más bien ellos, que en realidad eran solo uno, solo era mi Celestino.

Nuevamente todo se tornó borroso, y la siguiente vez que abrí los ojos, ya me encontraba nuevamente en mi habitación, siendo consciente con la rapidez que mis ojos asimilaron una vida entera en pocos segundos.

Celestino estaba un poco más alejado de mí, pero aún no había terminado de soltar mi mano, más bien solo se seguían tocando la punta de tres dedos.

Los cuales brillaban profundamente, pero esta vez no solo en un tono blanco, sino que el blanco se juntaba con una gran paleta de colores.

—Por eso te llamas Celestino —pronuncie a duras penas, al parecer aún estaba llorando— por mi nombre en nuestra última vida.

Lo observo intentado sonreír.

—Fue una vida maravillosa, y me jacto de haber cumplido con mi discurso de bodas.

Yo no hacía otra cosa más que sonreír y llorar. Ya sabía que nosotros teníamos una larga historia, pero ni siquiera había imaginado que podía ser tan maravillosa.

—Fue todo tan extraño —le confieso—. Nunca pensé que podría ser tan feliz.

Celestino se limita a acercarse a mí y abrazarme, en el fondo agradecí que no contestara, porque no hubiese sabido cómo reaccionar. Para ser que él ya no era humano, si recordaba muy bien cómo tratar con uno.

—¿Nos casamos por la iglesia? —le pregunte en medio de nuestro abrazo.

Sin saber realmente porque pregunte aquello tan de repente. Seguramente en busca de escapar de mis sentimientos tan abrumadores.

—Así es... —ríe ligeramente—. Luego descubrimos que teníamos otras cuantas cosas en las que contradecir a ese supuesto reverendo.

La iglesia no resulto ser lo que esperábamos, cosa que realmente ya sabíamos; pero la época, las costumbres...

—musita—. Resultó otra institución más, llena de buenas y malas personas .

Así como nunca he sido escéptica, jamás fui religiosa, en parte porque no me cerraban las cosas que decían los libros de historia y en otra parte porque nunca me había interesado demasiado.

Estaba segura que la iglesia, estaba llena de secretos, al igual que repleta de verdades a medias y muchas mentiras.

En todos los tumultos de personas que quieren convencer a otras de verdades irrefutables, siempre hay que tener presente, que el mundo se mueve a base de intereses.

Quizás por eso me asombre, el hecho de que en algún momento siguiera sus normas, no me parecía propio de mí, pero mi yo de hoy, debo entender que es una nueva yo, diversa a las anteriores y la vida del pasado es muy distinta al hoy.