Capítulo 38
L a vuelta a casa fue algo extraña, para no perder la costumbre, tomé mi lugar habitual como copiloto en el coche de Max, mientras que Celestino iba sentado en la parte trasera.
Pero digo que fue extraña porque nadie intento entablar una conversación en todo el camino, ni siquiera yo quise hacerlo.
Podía palpar en el aire la tensión que había entre nosotros, y cuando decía ¨nosotros¨ me refería a Celestino y Max, pero sobre todo el último sobre el primero.
Yo no diría que Celestino sintiera algún tipo de desprecio hacia mi amigo; es más, él mismo había admitido haberlo protegido en muchas ocasiones e incluso me ayudó a “rescatarlo”.
Sin embargo, no demostraba esa simpatía que creo le tenía y por supuesto, Max no tenía idea de todas las cosas que mi acompañante había hecho por él.
Volviendo al hecho de nuestro posicionamiento en el auto, tenía serias dudas de cuál sería el lugar de Celestino cuando yo me encontraba en algún lugar repleto, quizás solo se sentaba como humano para no desentonar, pero eran pensamientos que no dejaban de aparecer en mi mente cada que lo veía hacer cosas muy propias de las personas vivas.
Cuando ya me encontraba en mi hogar, o nos encontrábamos para ser más exactos.
Me senté a cenar con Inés como de costumbre, por lo general mis padres no tienden a reunirse para la cena y ahora que están de viaje mucho menos.
Por ende, Inés siempre ha sido como mi compañera, mi amiga y mi segunda mamá, es la única que siempre está en casa.
Y es que realmente ella fuera de su gato, las plantas y alguna que otra amiga, no tenía una gran vida fuera de aquí.
Ni siquiera me imagino qué será de ella cuando ya no la “necesitemos” en su puesto de nana.
Supongo que se jubilara y se dedicara a unirse a cuántas actividades encuentre para entretenerse, y por supuesto que yo la seguiría visitando igual que ella a mí, después de tantos años comprendí que la familia no es solo la sangre.
—Tus padres vuelven pasado mañana de su viaje, Iroda, para las fiestas—me comenta casualmente— ¿Me imagino que estas feliz no? Últimamente entre el grupo de ayuda y Maximiliano has estado muy entretenida, y feliz, supongo que era el equilibrio que ya hacía tiempo necesitabas.
Realmente ya casi no pensaba en el grupo de apoyo, pero no olvidaba como me hicieron darme cuenta de tantas cosas, cambiaron mi forma de ver mi desgracia y la superación.
Seguramente algún día volveré a agradecerles, cuando recupere a mi hermano, pero, mientras tanto era una buena tapadera.
Me apenaba mucho tener que mentirle de este modo a Inés, pero en estos momentos decirle la verdad no era una opción, me trataría de loca y el plan caería en mil pedacitos.
Quiero creer que cuando todo esto termine, podré ir y contarle toda la verdad, y ella lo entenderá enorgulleciéndose de mí.
Por lo que podré desprenderme de ese sentimiento de culpa.
—Si estoy contenta —respondo finalmente animada— se tardaron, pero al fin llegan.
Y no mentí, estaba feliz, solo que no por los motivos o personas que ella creía. En estos tiempos la ausencia de mis padres no era una de mis preocupaciones, ya tendría tiempo de estar con ellos cuando recuperemos a Thomas.
Cuando ya la cena había acabado, tocaba hacerme cargo de la otra parte de mi vida:
—Que las fiestas estén a días nos complica todo —habla Celestino cuando ya nos encontrábamos en mi cuarto— las prácticas finales y el rescate de tu hermano se retrasaran, pero no quedará más remedio —termina de informarme apenado.
—Me lo imaginé, sí. Supongo que, después de tantos años, unos días más o unos días menos no hacen la diferencia —trato de decirlo con normalidad, para no sumarle más pesadumbre a la situación.
—La verdad es que no, pero en la vida humana cada día es importante, por lo tanto, lo antes posible iremos por él.
Me limito a asentir. Hay cosas que son de una manera y no hay vuelta que darle.
—Quería platicar contigo sobre lo sucedido la noche anterior, Iroda... —vuelve a hablar mientras yo acomodo cosas sin siquiera mirarlo—. Y me gustaría que me escucharas.
Claramente dice aquello para captar mi entera atención, algo que no le estaba dando, sinceramente no quería volver hablar de aquel bochornoso acontecimiento. Pero me volteo dejando de evitar lo inevitable, y lo miro con falsa cara de confusión.
—Soy todas oídos, de lo que sea que quieras hablar —continuo con mi papel de “no entiendo nada”.
—Sabes muy bien a lo que me refiero —me mira a modo de reproche, quizá para aligerar al ambiente—. Sé que lo que sucedió te pareció en extremo confuso, pero te aseguro que, aunque ahora no lo entiendas, tiene una muy buena explicación y es lo mejor para todos.
—¿Ah, sí? ¿Y esa cuál sería si se puede saber?
—pregunté intentado parecer centrada—. Porque al parecer a todos últimamente les encanta hablarme en acertijos que piensan no estoy capacitada para entender, siempre una explicación a medias con la que se supone que la pobre ingenua mortal de Iroda debe conformase, porque su pobre cerebrito no está capacitado para entender más.
—termino mi queja notablemente sarcástica con falsa diversión.
Celestino me analizaba serio, no diría que irritado, pero no muy conforme con mi actitud.
—Te aseguro que si dejaras esa actitud por un tiempo y te dedicaras más a observar y escuchar, ya sabrías muchas cosas que ignoras.
Por una vez, te pido que te concentres —hace una pausa—.
Nadie te oculta nada ni te niega información, simplemente es difícil explicarte todos los enigmas del multiverso, los “secretos” del mundo y nuestra existencia en unos días, todo lo que preguntas y está permitido que se te explique, siempre te lo he dicho y realmente no puedes esperar que por nuestra cuenta te intentemos meter toda esa información de un momento a otro, debes ser paciente.
En el fondo sabía que tenía razón, que yo era muy orgullosa y caprichosa, sobre todo impaciente.
Sabía que realmente no tenía nada que reclamar, porque lo único que habían hecho este chico rubio y el resto, no ha sido más que ayudarme.
Pero en este momento darle la razón iría en contra de mí y en parte, no era totalmente erróneo el hecho de que me dijeran cosas sin decirlas.
—Sabes perfectamente a lo que me refiero, y no pienses que no noto lo que sucede a mi alrededor.
Suelta una risa amarga, casi como si tuviera un motivo muy claro para reír. Mientras mira hacia el techo cansado.
—Claro que no lo notas, Iroda, estas ignorando muchísimas cosas, y eso es lo peor, no lo notas. Después de todo siempre ha sido algo característico en ti...
—Y vuelves a los acertijos, yo sé que tú sabes muchas cosas que yo ignoro, incluso de mí misma, pero usarlas vagamente en una discusión ni me ayuda a entender ni te hace ganar.
Que mencione cosas de como era antes de esta vida, solo consigue sacarme aún más de quicio con el tema. Parece que quisiera recalcar que no me conozco ni siquiera a mi misma.
—Es porque yo no quiero ganar, esto no es una discusión ni un debate, Iroda. Y claro que quiero que entiendas, pero quiero que lo hagas por ti.
—Y te aseguro que lo intento, lo hago cada día pero no es tan sencillo, y no puedo decir que tú me lo pongas fácil —digo ya algo abrumada, con la voz menos clara.
—Nadie dijo que sería fácil. Yo siempre estaré para ti, siempre lo he estado, el problema aquí es que tú me permitas estar a mi manera. Yo no soy un humano ahora, y no puedes esperar que actúe como tal.
—¿Y las demostraciones de afecto son humanas? —intento darle sentido a su afirmación de una manera sutil, después de todo no era nada del otro mundo. Pero claramente aquella pregunta sonó mucho mejor en mi mente.
—No necesariamente, las demostraciones de afecto se pueden dar de múltiples maneras en todo el multiverso, en todos los planos y las dimensiones. Pero te puedo asegurar que entre tu y yo no pueden existir —sentencia.
—Están prohibidos... —musité.
Definitivamente, me encanta parecer estúpida, porque si no, no se explica.
—Se puede decir que sí... desgraciadamente yo nunca voy a cumplir el puesto que quizás tú esperarías. No puedo encontrarte a ti sin perderme a mí mismo ahora.
Sus palabras fueron firmes, sin titubeos, pero preocupadas e incluso nostálgicas. Como si él quisiera volver a ocupar un puesto que no le debería corresponder, pero del cual no termina de renunciar.
—¿Pero siempre estarás conmigo?
—Siempre —sonríe afable— solo que no de forma humana... llegado el momento, volveré a mi antiguo papel, y tú volverás a tu vida normal junto a los humanos y te aseguro que serás muy feliz.
—Había llegado a pensar que ahora siempre podría verte.
No podía creer sus palabras, llegué a creer que Celestino nunca se iría de esa manera. Era impensable para mi que un día volvería a ser invisible a mis ojos, y tuviera que ignorar su presencia.
—Te aseguro que será lo mejor, nunca podrías tener una vida plena conmigo a tu lado sin que otros puedan ser conscientes de mí, y sinceramente no quiero que tu vida gire a una eterna mirada vigilante.
Un mal tercio eternamente presente. Si me necesitas sabrás que estoy ahí, pero el resto del tiempo mi existencia debe ser irrelevante —me explica con seguridad.
Sus palabras eran tristes, lejanas sin ser menos consideradas, como si convenciéndome a mí de ellas se volvería totalmente cierto.
Por ende, no supe hacer otra cosa más que extenderle una mano, la cual de inmediato al tocar la suya brillo, fue un brillo más sutil que la última vez, pero de igual manera estuvo ahí.
—Si solo nos veremos por un corto periodo de tiempo más, espero podamos platicar mucho en este tiempo, al menos los recuerdos no se irán —digo con una sonrisa ladeada.
No estaba lista para afrontar esa situación, ni estaba lista para decirle lo que opinaba al respecto, al pensar en su ausencia las palabras se volvían abstractas, sabía que no encontraría el orden correcto para expresar mis pensamientos en ese momento.
Ya me hice a la idea de que rara vez tendría una conversación normal con Celestino, siempre vendrían cargadas de muchas emociones, supuestos recuerdos y variados desacuerdos, pero en algo si estábamos de acuerdo.
Ninguno de los dos estaba muy convencido de cómo se darían las cosas, pero por mi parte podía asegurar que él se encontraba muy preocupado, y algo me decía que aún ignoraba lo que realmente lo preocupaba tanto.
Después de todo según él yo ignoraba muchas cosas, me preguntaba cuál sería la siguiente.