Más allá de nuestros ojos Capítulo 37
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Capítulo 37

D espués de pasar un rato volviéndole a explicar a Max sobre la situación de mi hermano, obviamente de una manera más amplia. Max hace la pregunta del año, una realmente obvia y necesaria, pero que realmente no había cruzado por mi mente.

—Pero... hay algo que todavía no entiendo —habla pensativo—. ¿Dónde y cómo se supone que estas entidades tienen secuestrado a Thomas sin que él se “entere”?

Todos se miraron entre sí, como si pudieran pensar una respuesta en conjunto.

Era una pregunta totalmente lógica. Se supone que Thomas no es consciente de lo que le sucede; no sabe nada de estas entidades, sin embargo, sabe que está secuestrado. Lo pienso y no entiendo como pude ser tan estúpida y limitada como para no pensar en una de las incógnitas más obvias en cuestión.

—Hay muchas personas que rondan la senda del mal en este mundo Maximiliano, y no puedes creer que solo tu e Iroda son conscientes de los variados panoramas que ofrece esta realidad —procede a contestarle Celestino, siempre con firmeza en su voz, pero sin salirse de su eterna tranquilidad—.

Como bien imaginas, Thomas no se encuentra enteramente secuestrado por estas entidades, no físicamente, pero si son ellas quienes maquinaron su secuestro y por ende son las únicas que nos preocupan —alterna la mirada entre Max y yo, al mismo tiempo que junta sus dedos, dando un aire aún más serio y explicativo a la situación.

—No lo comprendo… —digo en voz baja.

—Tu hermano, Iroda, se encuentra en la casa de unos “grandes empresarios”, los cuales lo retienen como si fuera un primo lejano que se encuentra eternamente de visita, casi como un “hijo” adoptivo —termina por explicar.

—¿Y por qué motivo ellos lo retienen? —tome parte en la conversación.

—Como te comenté una vez, el mundo se rige por la dualidad, es un mundo de intereses, todo tiene un precio.

Esas personas no pudieron llegar al éxito económico de una manera honesta, no nacieron con esa suerte.

Pero eran muy conocedores de ciertos “secretos” que se mueven en algunas zonas.

Decidieron convocar al mal y ponerse a su servicio a cambio de cumplir sus deseos, pero estos seres no tardaron en cobrarse, y para nuestra desgracia el pago era mantener recluido a tu hermano, digamos que tu hermano tuvo suerte, porque entre el conjuro de protección de Ahron y que estas personas no resultaran tan crueles, no ha sufrido físicamente.

—Como puedes decir que esos despreciables no resultaron “tan crueles” después de todo lo que hicieron —interrumpe notablemente enojado y sarcástico Max.

—Aunque no lo crees Maximiliano, hay muchas almas débiles en este mundo, algunas realmente no están formadas de maldad aun, pero la ambición y la codicia, puede ser traicionera —afirma mi “protector” no muy conforme con la actitud de Max, dejando entrever como el mismo se había alejado de mí por la manipulación inconsciente de estos seres—.

No creas que los defiendo, pero te puedo asegurar que hay almas mucho más perturbadas en este mundo, y rodeadas de tales entidades, otras serían capaces de las peores atrocidades imaginables con una persona a su merced, aunque no fuera por orden de ellos, la inestabilidad los podría llevar a la locura y no fue el caso.

Max lo analiza, en silencio y sin quitarle los ojos de encima. Sus pensamientos en ese momento eran un completo misterio.

Había pensado que su riña con Celestino era sólo producto de los seres que lo rodeaban, pero viéndolos ahora, creo Celestino no es “ángel de su devoción”.

Trato de evitar reírme de mis pensamientos en voz alta, parece que ese dicho fue inventado para esta situación, aunque seguro nadie pensó que algo así era factible.

Si bien la situación no tenía nada de divertido, mis emociones estaban tan mezcladas, que me era difícil concentrarme en la seriedad de las cosas.

—Celestino tiene mucha razón muchacho, podría estar como un animal enjaulado o como un esclavo enfermiso, y no está ni cerca de ser el caso —dice Cristopher mientras le da una palmada en la espalda—. Así que no le den más vueltas a ese asunto. Lo importante ahora es solucionarlo.

Isabelina la cual ni había notado que se había retirado de la habitación, reapareció nuevamente con una mesa auxiliar llena de tartas y galletas, junto con jugos de varias frutas, sin duda un hermoso festín, sobre todo a estas horas de la tarde que ya empezaba a llegar el hambre, aunque me parecía algo exagerado considerando que solo ella, Max y yo comeríamos.

De igual manera alígero el ambiente, los “protectores” se reunieron más alejados de nosotros a hablar sobre temas que ignoraba, aunque de a ratos notaba la mirada de Celestino sobre mí, quería creer que era mi imaginación pero sabía claramente que no lo era.

Mientras tanto, nosotros, “los mortales”, comenzamos a hablar de temas poco trascendentales o incluso datos de nuestra vida que desconocíamos.

Fue cuando caí en la cuenta de lo poco que sabía de esta señora que tanto me ayudaba.

Resultaba que ella provenía de una familia de muchísimo dinero, su casa en la que nos encontrábamos ahora mismo, estaba en su familia hacía cien años.

Sus hijos eran adoptados y nunca había tenido una verdadera pareja, había estudiado bellas artes cuando era muy joven ya que le encantaba pintar, pero realmente nunca ejerció.

Había dedicado la mayor parte de su vida a las ciencias ocultas y a las empresas de su familia, hasta que pudo delegar responsabilidades a sus hijos.

Nadie podía dudar que la vida de Isabelina era sin duda interesante y maravillosa, repleta de misterios y grandes responsabilidades, viajes por todo el mundo e innumerables excentricidades.

Podía asegurar que al igual que yo, Max se encontraba fascinado con las anécdotas de nuestra nueva amiga mayor, de seguro ya no la ve como esa “señora mística” de la que tanto desconfiaba.

En sus ojos podía ver cierta admiración.

Entre tanta charla y charla las horas pasaron, por lo tanto ya era hora de volver a casa.

Para Ahron como para Christofer, que seguramente permanecerían junto a Isabelina, la hora no era algo relevante, pero para nosotros, dos simples humanos, iban siendo horas de regresar.

Por supuesto con la condición de que mañana volviéramos para terminar de hablar sobre los detalles del plan, antes de que comenzara la etapa de “preparación”, la cual debía admitir me daba algo de miedo o más bien preocupación.

Pero daba por hecho que para estos seres, tan metódicos y pacientes, que esperaron nueve años para intentar rescatar a mi hermano, tenían un buen plan en mente y ninguna intención de tomar riesgos.