Más allá de nuestros ojos Capítulo 35
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Capítulo 35

A l parecer tenía que esperar a Ahron en un patio trasero de la finca.

Era un lugar muy hermoso, rodeado de árboles y flores de múltiples colores, incluso una gran fuente con forma angelical se encontraba a mi lado, a la lejanía se podía ver un puente que atravesaba un espejo de agua.

La visual frente a mi era de esos lugares que uno acostumbra a ver a través de una pantalla

—Aquí me tienes, Iroda. Me han informado que deseabas hablar conmigo —siento una voz profunda a mis espaldas.

Inmediatamente, la asocié con el ángel de Thomas.

Cuando me doy media vuelta, veo a un hombre menudo, de mediana edad, piel canela y pelo negro azabache.

Sus ojos eran marrón chocolate, extremadamente interesantes y misteriosos.

Era un hombre con un aire hindú, quizás marroquí.

Vestía con una túnica larga color arena y algunos bordados, junto con un pantalón a los tobillos que hacían juego.

Estaba descalzo y su ropa se veía desgastada.

Todo en él emanaba amabilidad y comprensión, pero su porte se veía debilitado, cansado, a pesar de que se notara a lo lejos su prestancia.

Me atrevía a decir que sus ojos eran los que delataban la magnificencia de su ser, casi como si lo supieras, pero no lo pudieras ver, en ellos veías luz, salvación.

—Así es... me imagino que eres Ahron, el protector de mi hermano Thomas.

—Estás en lo correcto, si es que aún soy digno de ese título —responde amable, pero avergonzado.

—Claro que lo eres, y lo serás aún más si finalmente decides ayudarnos y salvar el alma de Thomas —le aseguré convincente.

—Yo sé que Celestino tiene buenas intenciones, me imagino que ya te ha hablado de su plan. Pero te aseguro que a ese muchacho le faltan metros de alas para comprender qué tan riesgoso sería hacer algo así a la ligera —afirmó el hombre con severidad.

—Y me imagino que usted, como buen protector, sabe mucho mejor que yo lo peligroso que sería no hacer nada —respondo con un tono tenue y ligera tristeza en mi voz.

No tenía claro si mi intención era convencerlo a base de lástima y persuasión, o si realmente la conversación me había conmocionado.

—Créeme que sí, y no dudes que dedico cada segundo de mi actual existencia a tu hermano. Yo lo veo constantemente. Él está a salvo —confiesa— y lo estará mientras nadie dé un paso en falso.

—Usted podrá vigilarlo, pero es perfectamente consciente de que esa no es vida para Thomas, y que como cualquier mortal, su vida en algún momento terminará.

Y ese será el fin —suspiré mirando hacia los cielos—.

Sé que quizás no sea el mejor plan del mundo, debo admitir que yo no sé todos los detalles de el, pero es la única opción que nos queda.

La única esperanza de Thomas. Si usted dice que lo ve...

dígame. ¿Lo ve feliz? O mejor aún ¿Ve los peligros que corre?

No piensa en cómo su cuerpo y alma merece algo mejor, ni la muerte lo libraría de ese suplicio.

Le intento explicar mi postura al hombre de aires extranjeros, esperando apelar a su esperanza y no a sus preocupaciones.

—Como bien dijiste, niña, no tienes idea de cuál es ese plan, ni todo lo que conlleva —hace una pausa— ¿acaso crees que una simple mortal como tú, es capaz de colocarse al lado de protectores espirituales, y enfrentar a esas entidades?

—pregunta sin perder la calma—. Esto no es ningún juego, señorita Iroda, y no piense que esos seres no tienen un plan bien diseñado, porque le puedo asegurar que su hermano no lleva nueve años secuestrado sin mérito.

—No lo comprendo —musité— ¿por qué yo debería pararme a su lado para salvar a mi hermano? —conteste su pregunta con otra pregunta.

Reordenando sus palabras en mi mente, vuelvo a darme cuenta de que aún me faltan muchas piezas en este asunto. Y esa era una de mis más grandes desventajas, había sido enviada a debatir un caso que desconocía, donde solo me guiaba la confianza ciega sobre los terceros.

—Su ignorancia en ese hecho, prueba su falta de comprensión sobre la situación, y la poca información que le ha dado su protector sobre ese dichoso plan. Al punto de saltarse la condición más importante. —Culmina su frase con seriedad, y cierta decepción aparente.

Realmente no terminaba de saber a qué se refería con esas palabras, qué era aquello que no sabía, pero de lo que sí era consciente, es que no me importaba cual fuera el costo o el riesgo que tuviera que tomar.

Quizás los otros se preocupaban por mí, más de lo necesario o incluso más de lo conveniente para la seguridad de mi hermano, pero yo no me preocupaba por mi.

Nunca tuve un afán muy grande por cuidar mi propia vida, y ahora que sé que esta es solo una mas de tantas, jamás la pondría por encima del alma de mi hermano.

—Tiene razón, señor. Pero a diferencia de usted, no me importa que tenga que arriesgar para lograrlo, yo voy a recuperar a mi hermano —le aseguro con toda convicción— aunque pierda la vida y el alma en ello. Porque la miseria de Thomas sería menor sabiendo que al menos alguien lo intentó.

Su mirada en ese momento cambió, su ceño serio y fruncido, se transformó en uno pensativo, donde sus ojos llegaron incluso a ampliarse. Por unos segundos, ni una palabra salió de su boca.

—Le voy a proponer algo señorita, yo acepto escuchar nuevamente el plan de Celestino y las otras almas que sé que ayudarán, pero solo con la condición de que sea reformado para que realmente funcione, sin saltearse detalles esta vez.

Sobre todo si los mismos cambiarían el resultado del plan —sentencia seguro— ¿es un trato?

No tenía que pensarlo ni por un momento, mucho menos consultarlo.

—No es un trato, es una promesa —respondo resuelta, y diría que con una leve sonrisa en mi rostro.

Su rostro retoma cierta vitalidad, al momento me dedica una leve reverencia con su cabeza, para cerrar nuestro acuerdo.