Más allá de nuestros ojos Capítulo 34
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Capítulo 34

Y a nos encontrábamos nuevamente rumbo a aquella dichosa finca, dueña de tantos misterios y protectora de tantas almas: la casa de Isabelina.

Es el mismo chofer de la vez anterior, solo que esta vez ya no estaba su mirada curiosa en el retrovisor, su vista estaba fija en la carretera, no en sus dos pasajeros...

o uno, más bien. Pero la mirada de Celestino, al igual que la vez anterior, se encontraba perdida en la ventanilla.

Me preguntaba por qué él había tomado aquella actitud anoche, tan estricta y cortante.

Hasta había llegado a creer que él apreciaba nuestra cercanía, nuestro pasado, aquel que yo no recordaba y él parecía añorar. Sin embargo, se alejaba de mí.

Comprendía que no fuera humano, pero lo había sido, visto de una manera un tanto extraña, no me parecía un suceso tan grave.

Llevando mis pensamientos al presente, ese día había elegido un conjunto de blusa blanca y falda rosa pastel con unas zapatillas a juego, bastante casual y sencillo.

Pero junto con el outfit, si se le puede llamar así, enteramente blanco de Celestino, hasta parecía adrede, como si fuéramos una de esas parejitas de las series o nos hubiésemos puesto de acuerdo antes de salir.

Creo que si no estuviera tan tenso el ambiente hasta se lo comentaría.

Después de todo parecía que a Celestino le preocupaban mucho los colores del vestuario, como si de algo importante se tratase.

En cuanto llegamos, Isabelina ya nos esperaba en el invernadero, con su habitual look excéntrico pero elegante.

—Al fin llegan... —nos recibe un tanto inquieta—. Hoy tienes que conocer a alguien muy importante para mí, y que nos ayudará mucho. ¿Ya se lo habías comentado, Celestino?

—No... no le dije nada —responde ausente.

Isabelina lo observa por un momento. dudosa, como si ya supiera que hay algo de lo que se está perdiendo.

—Bien... —dice finalmente— Pues hoy conocerás a Christopher, mi “protector” —sentencia notablemente feliz.

En ese momento estira su mano y junto a ella comienzo a ver una luz enceguecedora, la cual poco a poco comienza a tomar forma humana, hasta que poco a poco puedo ver claramente a un hombre al lado de Isabelina tomando su mano.

Este mismo vestía un traje azul marino, muy sentador, junto con una camisa crema y una corbata burdeos.

Su cabello era entre negro y gris, no podía decir que edad aparentaba, me imagino que directamente no tiene una, no una que me pueda parecer normal al menos, pero en el mundo mortal diría que era una de aquellas personas de las que no sabes qué edad tiene.

Un extraño broche violeta y plateado sujetaba su corbata, y un búho de un momento a otro, apareció y se posó sobre su hombro.

Sin duda un gran personaje era aquel dichoso ángel.

Su mirada era intensa pero afable, notoriamente misteriosa, sus ojos eran como un gran pasillo de puertas cerradas.

Ambos al notar mi atención sobre aquel nuevo ser frente a mí, se dedican una sonrisa de complicidad.

—Es todo un nuevo placer, señorita “Iroda” —dice, estirando su otra mano mientras se agacha levemente en señal de respeto.

Sin embargo, en su voz percibo cierta gracia, como si eso no fuese una presentación real.

—El placer es todo mío, señor —tome su mano dudosa, con una leve sonrisa extrañada

Isabelina nos observa divertida, mientras que Celestino nos analiza, podría decir que intentando reprimir cierto dejo de diversión.

—Siempre es un gusto volverte a ver y contar contigo Cristopher —lo saluda Celestino amablemente.

Se acercan y estrechan sus antebrazos, en vez de simplemente sus manos. Supongo que es algo de hombres, o de ¿protectores?

—Lo mismo digo Celestino, lo mismo digo. Y me da más gusto verte tan cerca de Iroda nuevamente —nos observa a ambos.

Celestino me observa sonriente, como si nada hubiese pasado entre nosotros la noche anterior, como si no me hubiese tratado de loca por acercarme a él, y solo estuviera feliz de estar a mi lado.

—Créeme que a mi igual amigo, aunque nunca he me alejado de ella, saber que ahora es consciente de mi compañía, es mucho más satisfactorio —soltó esas palabras con mucha sinceridad en su voz.

Incluso yo le creía, pero no entendía su caótico rechazo y su amor. Quizás él tenía razón, era demasiado complejo para que yo lo entendiera. Debo admitir que al escucharlo hablar así, me genera cierto sentimiento pensar en todo el tiempo que no fui consciente de su existencia.

—Iroda no lo sabe, pero el simple hecho de que estemos los cuatro aquí reunidos hoy es algo poco usual —habla Isabelina—.

Y no solo por el hecho de que seamos dos “mortales” y dos no encarnados —ríe ligeramente—, sino por el gran mérito que tienen nuestros acompañantes, Iroda.

Ya que no todos los protectores se pueden prestar en decir que fueron humanos y ascendieron hasta llegar a lo que son hoy.

—¿A qué te refieres? —pregunto ya un tanto perdida en la conversación.

—A que este dichoso señorito rubio aquí presente, al igual que mi Cristopher, querida Iroda; ambos fueron humanos, ambos vivieron una infinidad de vidas a nuestro lado, ambos fueron y siempre serán nuestra alma consagrada y eterna compañera. En parte ese puro sentimiento los ayudó a ascender.

—Y cabe destacar que no hay tantos como nosotros, no al menos tantos como imaginas.

La mayoría de los acompañantes, no tienen nuestra historia.

Incluso muchos, son verdaderos ángeles, seres que nunca pasaron por esta etapa terrenal, su magnificencia jamás les permitió descender tanto —relata Christopher con entera emoción, como si de un cuento se tratase.

Pero yo no lograba entender el significado oculto detrás de aquellas palabras.

—¿Verdaderos ángeles? —pregunté dudosa nuevamente.

—Así es, Iroda, seres que nunca fueron humanos, seres realmente puros. Que no necesitaron pasar por todo esto... —termina de hablar señalando a su alrededor, el protector de Isabelina.

—El camino de vivir en la tierra... —pienso en voz alta.

—Justo por eso te dije que me vieras más como un “protector” o una compañía, que como un ángel, no soy uno, y nunca lo seré. Por esos motivos debes o sacar la palabra ángel de tu vocabulario, o dejar de relacionarla a mi —me explica esta vez Celestino, con la seriedad necesaria.

Creo que ahora si ya había completado una pieza más del rompecabezas. Una incógnita más en esta extraña realidad.

—Créanme que en este tiempo lo he hecho. Al principio solo pensaba ver una lucecita con voz —respondo, haciendo una mueca de alivio.

Las risas resonaron en la habitación.

—Después de todo no estamos aquí para hablar de nosotros, sino de la recuperación de Thomas... y más inmediatamente, del encuentro de Iroda con Ahron el cual será en un rato —interrumpe Cristopher las risas.

—En un rato, o sea, ¿ya hablaron con él y aceptó? —pregunte confundida.

A lo que Celestino asiente.

Realmente no había planeado un discurso exacto para darle a Ahron, nunca acostumbré hacerlo.

A mi parecer, cuando vas a decir algo importante, debe salir del corazón o al menos de una mente espontánea.

No debe ser un discurso fríamente diseñado y bien estructurado, con la idea de convencer, sino que debe ser una profunda expresión de tus ideas y sentimientos.

Simplemente me limitaría a decir lo necesario, y quiero creer que será suficiente.

Esto no se trataba de ningún debate con datos a mi favor o en mi contra, se trataba de la vida de mi hermano.