Capítulo 33
A la mañana siguiente, lo primero que escucho es el sonido de una llamada entrante en el celular. Inmediatamente me sobresalté, quedando sentada en mi cama, mirando hacia todos lados, aún sin reaccionar ante el nuevo día.
—Está en la mesita —me indica Celestino, con una leve sonrisa.
Maldición, esto de tener que verlo todo el tiempo ya está empezando a saturarme. Aún no soy consciente de mi propio nombre en la mañana, y ya lo tengo a él con su perfecta actitud. Pero le dedico una falsa sonrisa como agradecimiento. A lo que él me mira como diciendo “No tienes remedio ¿Verdad?”.
—¡¿Iroda?! —escuché la voz de Max en cuanto tomé el teléfono.
—¡MAXI! —grite feliz.
Celestino entorna los ojos.
—Tuve un sueño muy loco, Iroda... —comienza diciendo, notablemente confundido.
—Eh… no fue un sueño.
El silencio en la línea se hace presente.
—O sea... ¿Que realmente nos vimos anoche en un lugar raro y todo lo que me dijiste es verdad?
—Cada palabra, mi querido amigo —afirmé con un dejo divertido en mi voz—. Y no era un “lugar raro”; nos encontramos en la dimensión onírica. Fue un sueño lúcido compartido, manejado por mí.
— Wow ... —respira profundo— esto está cada vez más raro, amore.
—Lo sé, pero es la realidad y tenías que saberlo —le digo sin más.
—¿Es peligroso verdad? —a pesar de su pregunta suena más curioso que asustado— creo que estamos metidos en un gran lío... Esto ya es peor a cuando nos hicieron bullying todo un año —se ríe.
Esa iba a ser siempre una de las cosas que más amaba de Max, no importaba las circunstancias, él siempre le buscaba el lado bueno y divertido a todo. Y no lo hacía por inconsciencia, al contrario, su inteligencia le permitía ver la gravedad de las cosas y al mismo tiempo calmar a los demás.
—Sinceramente... lo es —le aseguré con cierta gracia—. Pero saldremos de esto, tenemos a muchas “personas” que nos ayudan, hoy mismo las conocerás, en casa de Isabelina. Y ten cuidado... porque ya no eres el mismo Max de siempre, pero tranquilo, el verdadero cambio lo verás más tarde.
En ese momento le dediqué una mirada a Celestino, pero él solo se dedicaba a mirar por la ventana.
—Tranquila que lo haré —aseguró—. Ahora no tengo mucho tiempo, pero más tarde nos vemos en la casa de Isabelina, pásame la hora por mensaje luego.
—Así lo haré, adiós, Max.
—Adiós amore —se despide un tanto sarcástico, y finaliza la llamada.
Celestino finalmente se volteó:
—Nosotros debemos llegar antes que Maximiliano a la casa de Isabelina, para organizar ciertas cosas —me informó Celestino.
—¿Y eso lo sabes por qué? —lo cuestioné sarcásticamente.
—Porque lo sé, Iroda, no estés a la defensiva.
—No estoy a la defensiva —contrarresto.
—Claro que sí. Y ahora anda y arréglate que tienes que tener todas tus cosas terminadas para poder ir a la casa de Isabelina en cuanto termines de almorzar.
Maldición, nuevamente había olvidado que tenía clases con Beatriz y cosas en las que ayudar a Inés.
Como siempre, mi angelito estaba más atento que yo y se podía dar el lujo de fastidiarme aún más.
Me limite a entornar los ojos y encaminarme directo al baño.
Otra mañana más llena de mentiras y secretismos. Aquí vamos.