Capítulo 31
D e un momento a otro ya me encontraba de pie en medio de la arena, sola, con un nuevo vestido blanco que destacaba por su belleza.
Pero esta vez fue muy diferente. Siempre la entrada a esta dimensión era como un nuevo despertar, pero esta vez fue como caer drásticamente en ella, como esas sacudidas que te dan en sueños, donde vuelas, pero al mismo tiempo sientes un leve dolor.
Veo a Max, sentado mirando el océano, con su pelo cobrizo ligeramente despeinado y vestido enteramente de gris.
—Hola, Maxi —lo saludo por detrás mientras me acerco a él. Parece no haberme visto.
En ese instante se da vuelta, me observa y sonríe sutilmente.
—Hola amore. Te ves muy bella... —me saluda con total naturalidad— pero no entiendo dónde estamos. No reconozco esta playa.
Me siento junto a él, para poder hablar con tranquilidad.
—Estamos en la dimensión de los sueños. Teníamos que hablar... y bueno me ignorabas —le cuento.
El mismo sueño permitirá que Maximiliano tome la situación con más naturalidad. Así como aceptamos todo lo que nos sucede en sueños sin cuestionarnos.
—No te entiendo. Esto no puede ser un sueño —piensa en voz alta —. O, de ser así, significa que estoy soñando contigo, pero no es real. Creo estoy confundido.
—No amigo mío. Si es un sueño y también es real, es un sueño lúcido compartido —le explique muy decidida.
Se ríe y me observa confuso.
—¿Me estás queriendo decir que esto si es real, y mañana ambos nos vamos a acordar? —pregunta, como si fuera un chiste.
—Justamente, de esto y de todo lo que debo contarte. Será un antes y un después, me hubiera gustado hacerlo en persona, pero no se pudo y eso debía cambiar —le balbuceo con rapidez.
—Lo sé... y perdóname. ¿Qué es lo que debes contarme?
Comienzo a contarle todo lo sucedido con Celestino y mis visitas a Isabelina, seguido de la historia de Thomas.
—… entonces podrás ver que han cambiado mucho las cosas. —Termino por decir.
—Demasiado —dice pensativo, pero alegre—. Pero todo lo que me cuentas es buenísimo, es lo que hemos esperado todos estos años. Lamento mucho no haberte acompañado estos días, si te soy sincero, ni siquiera yo sé por qué no lo hice.
—Pero yo sí. Y justo por eso tuve que comunicarme contigo por este medio, no tuve otra opción.
Esas mismas entidades que nos atormentan, están haciendo estragos en tus ideas.
Lograron alejarte de mí, y si continuaban...
quizás no hubiera retorno, tienes que ser consciente de todo para poder ser inmune.
—Espera, detente —se pone en pie y comienza a alejarse de mí— eso no puede ser, no puedes creer eso. —Me afirma temeroso.
Inmediatamente me pongo de pie junto con él, y le hago señales de calma con mis manos. Necesitaba que me creyera a como de lugar.
—Es la realidad Max. Si crees en toda la realidad de mi vida y en la de Thomas, debes creer esto. Porque te aseguro que esto es lo menos extraño que nos ha sucedido últimamente, era de esperar que fueran tras de ti también.
—¿Y hay manera de que esto me deje de suceder? —pregunta con cautela, sin acercarse a mi.
Ya aparentaba haber cedido un poco. Seguramente esa “extraña” idea si cuadraba en su mente, porque ni él podía explicar su rechazo hacia mí en el mundo real.
—Claro que sí, justo por eso nos reunimos. Te daré un anillo —se lo enseño—. Es parecido al mío... y te permitirá interactuar con el otro lado, al igual que a mí. Ellos te protegerán, y te mantendrán de nuestro lado.
Me acerco a él lentamente y le coloco el anillo antes de que lo piense demasiado y logre llegar a alguna conclusión errada. En ese instante, su ropa gris se transforma en amarrilla como por arte de
magia. Justo ahí puedo ver como esa esencia oscura abandona su ser, y resurge la energía de Max.
Ni él mismo es capaz de entender lo que le sucede, y realmente si no fuera por Celestino, yo tampoco.
Pero algo cambió, algo muy ajeno al color de su ropa, apareció su brillo, su mirada, todo. Max estaba de regreso.
—Ahora debemos irnos. No tenemos demasiado tiempo... mañana volverás a estar conmigo.
—Pero...
—Hasta luego Max —me despido tomando su mano.