Capítulo 30
—M e preocupa cómo se tomará Max esta noticia —le confieso a Celestino en cuanto estamos a solas en mi habitación.
—Sé que lo haces... pero te aseguro que es lo mejor para él. Necesita ser consciente de esto para no hundirse. Créeme, si hubiera otra solución la buscaríamos. Nunca es recomendable revelar estas cosas a mortales que están tan poco dispuestos a saber.
—Confío en ustedes. No puedo dejar que Max se vea afectado por algo que realmente no le concierne, no podría vivir sin él —admito preocupada.
Celestino en ese instante me dedica una sonrisa triste, casi indescifrable, para luego responder:
—Lo sé, y no lo harás, te aseguro que él volverá a tu lado. Y seguirá a tu lado en este proceso, así al menos tendrás a alguien en quien confíes y ames para que te apoye.
Y en ese momento lo supe. Comprendí a qué se debía la mirada triste de Celestino. Él pensaba que yo necesitaba la compañía de Max porque la suya propia no era suficiente. Porque lo quería más a él, y la verdad... ni yo misma sabía la respuesta a esa incógnita.
—No pienses que no sé cuánto me ayudan todos ustedes. Pero mi deseo de ayudar a Max no es solo porque esté conmigo, sino por no dejar que él se vea afectado en algo que no tiene nada que ver con él —le expliqué, nerviosa y cabizbajo.
—Claro que lo se, Iroda. Solo comentaba que te sería de gran ayuda también tenerlo a él —me afirma con una leve sonrisa y voz tranquilizadora—. Por más que me tengas a mí, soy consciente que en este momento aún te cuesta dejar de verme como un extraño.
—No te veo como un extraño... solo que no sé, no recuerdo toda nuestra historia... y no hace mucho te conozco en esta vida.
No sabía cómo suavizar mis palabras sinceras para que sonaran amorosas y abiertas. El, sin embargo, solo agacha la cabeza y sonríe.
—Si supieras toda nuestra historia... te aseguro que nuestra relación ahora sería muy distinta.
Pero lo acepto, siempre lo hice —afirma con determinación y aún levemente sonriente—.
Porque te amo , te amo más que nada, ni siquiera podría explicar con palabras mi amor, porque va más allá de todo lo que conoces, e incluso diría que va más allá de lo que yo mismo conozco.
Me revela mientras acariciaba mi barbilla, a una distancia media. Pero en ese momento lo único que supe y pude hacer fue abrazarlo. De seguro mis palabras hubieran arruinado el momento.
—Siempre estaré contigo, Iroda, siempre, hasta cuando pienses que no lo estoy... —me susurra en medio de nuestro abrazo, casi como una promesa.
Muchas cosas cruzaron por mi mente en ese momento, muchas frases fallidas que podría haber dicho, pero cualquiera de ellas podría haber complicado aún más las cosas.
Su declaración era tan segura y sincera, que no merecía que tuviera una respuesta llena de dudas y titubeos, merecía una respuesta igual de sincera y espontánea, igual de desbordante de emociones.
Pero mis emociones estaban encerradas y enredadas en un frasco de dudas, empañadas en ideas inconclusas, no podían ser puestas en palabras.
Por lo que el único gesto sincero que podía ofrecer, era un cálido abrazo.
Presionar mis brazos con más fuerza sobre su espalda y recargar mi cabeza sobre sus hombros, fue mi respuesta.
Continúa hablando en cuanto nos empezamos a separar:
—Ahora te enseñaré a encontrarte con Maximiliano en el campo onírico. Debido a la falta de tiempo, te gui aré. Pero primero debes vestirte de blanco —termina, algo burlón, para afianzar el momento.
En cuanto termina de hablar, la irritación invade mi sistema, jamás imaginé que mi “ángel” pudiera ser tan agobiante, como si un simple color rigiera todo.
Jamás imaginé a mi ángel en realidad, pero bueno, “tan neutro que ni siquiera es un color... transparente”, sus palabras vuelven a mi mente como un molesto recuerdo.
Si su objetivo era acabar con mi conmoción, lo consiguió con facilidad.
Comencé a buscar toda la ropa blanca con la que pudiera dormir en mi vestidor, y agradecí que este no fuera muy limitado, por algún extraño motivo resultó que tenía dos camisones de este color y un conjunto de short y blusa. Obviamente opté por el último.
—Listo —le informe aburrida.
—Lindo —me observa de pies a cabeza—. No es como los vestidos que yo te creaba, pero es útil.
Dios cuanta efusividad por un pijama, pienso mientras entorno mis ojos.
—Ahora que estás lista —continúa hablando Celestino—.
Debes recostarte boca arriba en tu cama, me darás tu mano, en la que tienes el anillo que te obsequie, mientras que en la otra tendrás el que le darás a Max.
Y junto a mi te concentraras en él, en verlo, en encontrarte con él. Recuerda que no tienes mucho tiempo.
En ese instante fui consciente de que Celestino ya no me hablaba realmente: sino que su voz retumbaba en mi mente, sin que él moviera los labios, solo me miraba fijamente.
Supe de inmediato que todo estaba comenzando, y la mayor parte corría por su cuenta.
Pero sus intensos ojos azul cielo me daban tranquilidad, me decían que todo estaría bien.