Capítulo 29
N os encontrábamos camino a casa de Isabelina. Por algún motivo, los nervios me carcomían y las extrañas miradas del chofer no ayudaban mucho a tranquilizarme. Me pregunto si acaso sabe que en aquel coche habían dos pasajeros y no uno.
C elestino estaba sentado a mi lado, mirando por la vent anilla como cualquier chico, hasta realmente parecía uno.
Pero su temple era serio, quizás es mi manera de interpretar su ausente presencia.
Yo no podía evitar mirarlo, observar su irreal belleza y preguntarme que se cruzaba por su mente.
Preguntarme cuántas cosas aún me quedaban por descubrir, qué sería de mi hermano en este momento, cómo le explicaría a mis padres su aparición, qué sería de mi vida después de saber tanto, claramente nunca volvería a ver las cosas del mismo modo, menos sabiendo que viví diecinueve años viendo la mitad de lo que debería.
En cuanto nos acercamos a la hacienda, antes de parar al coche, pude divisar a Isabelina parada en el portal esperándome, esperándonos mejor dicho.
—Qué bueno verte, querida —me saluda alegre, pero sobre todo cordial, desviando ligeramente la mirada hacia donde se encontraba Celestino.
Entonces la imito, y el asentimiento de él confirma mis dudas, ella también lo ve.
—Me alegra saber que usted también lo ve...—suelto aliviada— porque no tenía idea de cómo decírselo.
—Siempre lo he visto querida, siempre, solo que ahora él interactúa de otra manera con el medio —afirma con una sonrisa picara.
—Oh... —me limito a decir.
—Me imagino que a estas alturas ya te habrá contado sobre tu hermano y que debes convencer a Ahron de unirse a Celestino y Christofer y Esmeralda... para salvar a tu hermano —procede a confirmar conmigo la señora.
—Así es Isabelina, solo falta que se dé su encuentro con Ahron y que él esté dispuesto a interactuar con ella —habla Celestino por primera vez.
—¿Quién es Esmeralda? ¿y Christofer? —pregunté.
Parece que cada vez hay más “personas” involucradas en mi vida.
—“El ángel” de Evelin, para que lo entiendas querida… y a Christofer ya lo conocerás —explica Isabelina.
—Justamente, y si logramos convencer a Ahron el plan no fallará, seremos suficientes almas para resolver esto. Pero sin él es imposible —interrumpe Celestino, otorgándole seriamente la razón.
—Porque él es su ángel y quien aplicó el conjuro —pienso en voz alta— por lo tanto, el único que puede completar su rescate.
—Así es mi amor, por eso tú eres tan importante en esto... —me confirma ese chico de cabellos rubios, que se hace llamar mi protector, y al parecer también mi “amor”, al mismo tiempo que comienza a observar unos papiros.
—De igual manera... No logro entender por qué solo yo puedo convencer a Ahron, me imagino que lo conoceré, pero yo no debería ser tan importante para decidir sobre sí rescatar o no a Thomas, que es su protegido.
—Pues lo eres —aseguro Celestino— de momento no importa por que, simplemente fuiste una buena amiga para él en algún momento —continúa dudoso y algo tajante, como si quisiera dar ese tema por terminado.
—Bien —contrarresto con la misma frialdad— supongo que ya podré preguntárselo a Ahron, llegado el momento —lo desafío, mientras Isabelina contiene su risa.
—Pues no te apures, porque aún falta que hable con él, para ver si al menos quiere hablar contigo —me mira notablemente irritado—. Así que no te recomendaría entretenerlo con preguntas que no ameriten la situación.
—Templa, Celestino, no debes preocuparte —le dice la señora con una mirada comprensiva—. Nunca debes dejar que los problemas y recuerdos terrenales te alejen de tu esencia… no debes preocuparte antes de tiempo —interrumpe muy serena Isabelina.
Aunque, a mi parecer, él jamás había dejado su irritante serenidad, ni siquiera por un segundo; siempre estaba calmo en comparación a cualquiera.
—Lo sé... pero te aseguro que mi postura no me obliga a ser sumiso a la adversidad —contesta notablemente más calmado, mientras le dedica un medio abrazo—. Y perdón, Iroda, me dejo llevar por nuestros problemas, se que hay cosas que tu aun no entiendes.
—No te preocupes... —finjo paciencia, aunque esta situación me parecía del todo irracional.
Me molestaba en sobre manera el hecho de que la situación escapara de mis manos, la falta de información y control.
Hasta el simple hecho de tener que compartir cada uno de mis problemas con Celestino, que él me conozca mejor que yo y no ser capaz de valerme por mi cuenta en un mundo que no parece el mío, es algo que me saca totalmente de quicio.
Pero no me quedaba más que confiar mi vida y mi seguridad en mi protector.
Cuando él, a pesar de no hacerlo con intención, y seguramente tener razón, me trataba como si fuera una ignorante, o quizás una pupila.
Tener que ceder ante él, me enfermaba, más cuando sabía que no tenía razón.
A pesar de todo me hacía sentir mal pensar así...
porque finalmente ellos solo me ayudaban, a mí y a Thomas sin pedir nada a cambio.
Deje mis pensamientos atrás cuando ya llegábamos al invernadero, y la primera en abordar la situación fue Isabelina:
—Bueno... Lo primero que haremos ahora es muy simple chicos, Celestino hablará con Ahron y su encuentro con Iroda será en esta casa, es el lugar más seguro y donde lo podremos controlar mejor entre todos, no habrá margen de error.
—¿Entre todos? —pregunté dudosa.
—Nosotros y dos almas más de las que ya te hemos hablado, y pronto “conocerás”.
Me limito a asentir con la cabeza, quería dejar ese tema en pausa, para poder encarar otro tema no menos importante.
—¿Cómo vamos a ayudar a Max? Me imagino que usted ya sabe porque ya no me acompaña más —consulto ya con voz dócil, necesitaba poner de mí de vez en cuando.
—Desde el primer día que vino ya se lo veía muy perturbado...
pero tranquila que podrás ayudarlo —me asegura Isabelina—.
Entraras en su sueño, y le contarás directamente la situación.
Con las habilidades que tienes hoy en día, será solo invitarlo a tu campo onírico, será como un sueño lúcido compartido.
Donde Celestino los podrá cuidar por fuera.
Seguido de eso le entregaras un anillo similar al tuyo, que le permitirá poder vernos tanto a nosotros como a los que están más allá, y avanzar...
—me explica con mucha rapidez la señora.
—¿Está segura que es lo mejor para él? Siempre ha sido muy escéptico, no sé cómo se lo tomara.
—Muy segura mi niña...—afirma Isabelina— es la única manera de sacarlo del mal que lo rodea, si esperamos más será demasiado complicado luego.
—Entonces no dudes que lo haré —le aseguré.
Seguido a eso me entrega una caja de madera con un anillo bastante simple, de un material algo similar a la plata, pero con múltiples labrados en letras extrañas.
—Como ya te imaginas, al ser algo de esta magnificencia, podrás pasarlo al campo de los sueños, y al igual que tu anillo, tú se lo entregas a Maximiliano y solo tú puedes quitárselo —termina por explicarme, ya con más calma y cierta preocupación en su voz.
Ya tenía la solución, o al menos el inicio de ella, el problema ahora es que tanto Max colaboraría conmigo para hacerlo posible.