Capítulo 28
—Y a suéltalo —me dice Celestino en cuanto volvemos a estar a solas en mi cuarto.
Al parecer él sospechaba que llevaba horas reteniendo mis preguntas sobre Max, lo cual es cierto, pero es perfectamente entendible. Parece que cada día debo enterarme de algo nuevo; mi vida es una red de secretos y mentiras, todas relacionadas con un mundo que no es mío.
No creo que sea ni siquiera correcto que estos seres, aunque me duela referirme así hacia Celestino, estén tan involucrados con el mundo mortal.
Siempre me pareció muy gracioso el dicho que repetía mi abuela cuando era niña: “los vivos con los vivos y los muertos a la tierra” y ahora entiendo porque… ¡Porque era una mentira abismal!
—¿Tú sabes a qué se debe la actitud de Max? —pregunté finalmente—. Dime, por favor, que no está relacionado con este embrollo y que él no tiene relación con todo esto —se lo pido como si acaso estuviera en sus manos.
No logro que mi voz sea del todo fluida al decir aquellas palabras, mi voz tiembla al igual que mi corazón de solo pensarlo.
—Lamento mucho lo que te voy a decir, pero ni Maximiliano ha salido ileso de todo esto.
—Pero... —balbuceo— ¿en qué sentido está metido en esto? ¿Qué papel juega? Yo no puedo creer que él sea de los malos, Max es mi amigo, es como un hermano, es…
—Shh... —me corta con ternura—. Lo sé, Iroda, créeme que lo sé. De no ser así no hubiera permitido que él pasara tanto tiempo contigo.
—¿Entonces? —pregunté ansiosa.
—Pues... él está siendo influenciado por las entidades de la senda oscura.
Max tiene un alma muy noble, incapaz de cometer daño alguno…
pero también tiene una cierta debilidad, y no es consciente de ello—me explica Celestino con lentitud—.
Y así como yo influencie a “Beatriz” para que hable contigo, esos seres lo están alejado de ti; porque junto a ti está el bien y la protección.
Buscan atacarte alejándote de él, debilitarte de algún modo, distraerte.
—Pero... pero ¿acaso él no tiene un ángel? —pregunté indignada.
—No uno individual, tiene dos grandes almas que lo cuidan, una antigua amada y su abuela, pero aún no están preparadas para ser protectoras.
Además, tiene alguno que otro en su cercanía...
incluyéndome, que le demos “un vistazo” por así decirlo, pero no tiene uno exclusivo de él.
Y eso lo hace un blanco fácil en la situación que se encuentra.
Ya que no lo están dañando directamente, es un “ataque” en extremo sutil.
—Había llegado a pensar que todos teníamos uno... —afirmé con la voz baja y la mirada algo perdida.
Asimilar las palabras de Celestino era como un trago amargo.
—De ser así... de todos tener seres de luz al lado, la tierra sería un lugar muy distinto —me asegura Celestino.
Me cuesta pensar que “el mundo” sea tan injusto, dentro y fuera del plano terrenal vivimos en una especie de batalla. Donde los mortales ni siquiera sabemos a lo que nos enfrentamos. Somos títeres en un escenario.
—Pero no lo es... vivimos en una falsa realidad, un juego, donde no somos capaces ni de ver a todos los participantes —puedo sentir la desilusión recorriendo mi sangre al decir esas reales palabras.
—Justamente, Iroda, y esa es justo la idea, vivir y experimentar la dualidad, el desafío de la elección, y la batalla. Mientras los creadores se ríen de este falso poder.
—¿A qué te refieres?
—El mal que hay en la tierra... e inclusive las entidades que ahora nos atormentan, son los verdaderos títeres, ellos creen ser muy poderosos, pero todo tiene un precio, y más cuando hablamos de esta efímera eternidad —se ríe—.
El verdadero mal, está manejado por deidades que nunca siquiera han conocido, ese mal es astucia...
inteligencia... te desafía con cada desgracia o con cada alma que se vuelve su falsa aliada.
Les dan poder, pero es un truco. Sin el mal no hay bien, la oscuridad hace a la luz más brillante, no hay alegría sin tristezas, hay que perder para ganar —me relata con la vista focalizada en la pared.
De a momentos pensaba que Celestino jamás me diría algo directamente, todo había que descifrarlo para lograr saber la verdad, es como si no supiera o pudiera decirme las cosas de otro modo. Quizás su intención sea que yo misma lo descifre.
—¿Me quieres decir que no es más que una ilusión? Y si es solo eso... ¿porque logra afectarnos tanto?
Siempre me enfoco en mis dudas, nunca en lo que ya comprendí. A menos que lo quiera confirmar, el que no pregunta no sabe, solo supone.
—No... no es una ilusión para nosotros, ya que si logra afectarnos. Lo que sí es una ilusión es su efímero poder. Al igual que el poder terrenal, el poder de estas entidades, no es nada ante el verdadero poder, la luz superior.
—Es todo un plan, un desafío, para ver quien logra verlo… o sospecharlo —pienso en voz alta.
—Justamente, mi amada “Iroda” —hace énfasis en mi nombre.
—¿Siempre vas a decir mi nombre así?
De inmed iato suelta una carcajada, que me permite ver su hermosa sonrisa.
—Sinceramente me gusta mucho tu nombre, es muy bello. Pero después de llamarte de tantas maneras... Iroda me resulta un tanto... —piensa como decirlo— gracioso —suelta finalmente algo divertido.
—¿Gracioso? —lo cuestiono con falsa indignación—. Acuérdate que tú haces llamar como un color, solo digo.
—Mi nombre es maravilloso —contrarresta altanero— explica muchas cosas, hace referencia al dios júpiter, sin mencionar que me encanta el celeste, y tengo buenos motivos para hacerme llamar así. Después de todo es imposible explicarte mi nombre real.
No puedo disimular la gracia que me causa conocer esta nueva faceta de Celestino, más como un chico, y menos como un ángel que se siente responsable de todos mis males.
—Mmm, si como digas —finjo restarle importancia— pero... volviendo al tema anterior, ¿Voy a poder ayudar a Max y que nuestra relación vuelva a la normalidad?
—Lo intentaremos, te prometo que más pronto que tarde, tu relación con él volverá a su curso. Pero primero hay que ver a Isabelina, debemos seguir con el curso de las cosas lo antes posible.
—Lo sé, en un rato ya llega su auto por nosotros. Lo tomaremos a dos calles de aquí, para no levantar sospechas —le informé.
Si bien Celestino lograba dispersar mi mente y alivianar las cosas, la noticia de Max me revolvió el estómago.
Mi vida ha estado cargada de dolor desde hace muchos años, y de cierta forma uno se acostumbra a vivir entre la miseria emocional.
Por lo que pude aceptar con relativa facilidad toda esta locura paranormal que me rodea a mí y a mi hermano, no tuve que entrar en estado de shock, ya que nunca salí de el desde que Thomas desapareció.
Pero ahora saber que esto está afectando a Max, es algo distinto, como si yo infectara con mis problemas a aquellos que me rodean, no podía evitar sentirme culpable.