Capítulo 26
L entamente fui abriendo los ojos. La luz que entraba por el ventanal me permitió divisar que ya me encontraba en mi cuarto, aunque era bastante temprano.
Al ver mi mano, de inmediato vuelven a mi mente los recuerdos de todo lo vivido en aquel sueño mágico y aterrador, del que solo puedo rescatar que ahora sí podré ver a Celestino, verlo en mi mundo, ser consciente de cuando se encuentra a mi lado.
A pesar de todo, y los minutos que llevo sumergida en mi mente, no lo veo por ningún sitio.
Lo cual se me hace en extremo inusual. De igual forma, le resto importancia y me encamino a tomar una ducha, supongo que tarde o temprano aparecerá.
¿No debe estar todo el tiempo conmigo? ¿O sí?
me cuestiono mentalmente. Decido olvidar por algunos momentos los hechos paranormales de mi vida, lo que no es una tarea fácil y dedicarme solo a relajarme bajo la lluvia del baño.
—Buenos días, “Iroda”—me saluda sonriente aquel chico rubio sentado sobre el sofá, haciendo cierto énfasis en mi nombre.
Después de escuchar esas palabras, mi corazón se aceleró.
Algunos rayos de sol iluminaban su rostro y su silueta parecía tallada por la misma luz estelar que iluminaba el cuarto.
Totalmente perfecto; desde su voz hasta su mera presencia, toda su esencia rompe los parámetros de lo real.
Al observarlo me repito una y otra vez que no es real, o al menos no lo suficiente.
Me resultaba demasiado vergonzoso y contradictorio consultarle a que venía una belleza tan “angelical”, aunque quizás la pregunta se responda sola.
—Hola —lo salude— ya pensé que no te vería —intente sonar casual al salir por la puerta de baño.
—¿Cómo no ibas a verme? —pregunta intrigado— ese anillo que llevas despertó el cuarto ojo en ti, al menos en cierta parte.
—El cuarto ojo... ¿No será el tercero? Porque de ese si he escuchado —le consulte.
Espero que mi pregunta sea menos estúpida de lo que sonó, pero en mi defensa nunca nadie me habló de el “cuarto ojo”. Aunque la sonora risa que emano de él en cuanto termine de hablar confirma mis sospechas.
—No —contesta aun algo divertido—. El tercer ojo o vórtice energético, le permite a los “mortales” ver más allá de la vista ordinaria, pero el cuarto ojo, te va a permitir no solo ver el mundo espiritual, sino también interactuar con él, como haces ahora.
—Siento que me saltee un nivel —le restó importancia a la situación para calmar mis nervios—. ¿O sea... que voy a poder ver todo? Y a todos —musite nerviosa.
—No realmente, si vas a ver todo o no, va a depender de ti, que tanto estés dispuesta a ver y como canalices tus energías, vas a tener que trabajarlo.
Pero una cosa si, esto te hace más fuerte, sí, pero también más vulnerable...
Todo aquel que quiera presentarte ante ti, podrá hacerlo, solo podrás mantener lejos a los seres del bajo astral manteniendo su vibración en alta—se detiene un momento con pesar en su voz— justo la incapacidad de ver lo que lo rodea, es lo que ha mantenido en cierta “paz” a tu hermano.
—Creo que entiendo —respondo con pesar— en parte me lo imagine, así como te veo a ti, cualquier otro como ese Gabino podría aparecer, aunque no me queda clara la parte de la vibración.
—Gabino no se acercara a ti —me afirma con severidad— porque yo estoy aquí y te protegeré, ellos lo saben y conocen sus límites.
La vibración es un tema de frecuencias, los seres del bajo astral tienen una vibración muy baja, mientras que los seres del alto astral vibran muy alto, entre medio hay un millón de matices.
Cada persona puede vibrar diferente no solo por su forma de ser, actuar y sentir, sino también por las emociones que experimenta y su entorno.
—¿Entonces mis emociones pueden cambiar mi vibración? —le pregunté.
—En parte si, hay emociones que son de baja vibración y sentirlas en exceso puede ser negativo a la hora de relacionarte con el otro mundo. Pero no te preocupes, trabajaremos en eso y nos liberaremos de tus miedos, mientras mantendré a la raya a los seres del bajo astral.
La firmeza en su voz me transmite tranquilidad y confianza, aunque no sepa si lo que me dice es verdad o es solo un consuelo, algo me hace creer en él. Ya que todo en él apunta a que él mismo cree en sus palabras y confía en sus acciones.
—No te preocupes, sabremos solucionarlo —lo apoyo. Merece que le de aliento, después de todo, él no gana nada con esto.
—Lo haremos, Iroda, lo haremos— me sonríe.
Se acerca a mí y me abraza, con toda la euforia y la calma del mundo, como si hubiese esperado mil años por hacerlo, en parte le devuelvo el abrazo, pero no de la misma manera que él, me gustaría darle el gusto, pero la cantidad de emociones que vive en mí no me lo permite y la falta de recuerdos a su lado no es un punto a favor.
Es una situación difícil, según él llevamos una eternidad juntos, nos amamos profundamente y para mí, sencillamente nos acabamos de conocer.
—Bueno... —comienzo a decir ya soltándolo— ahora voy a tener que hacer un esfuerzo por no dirigirme a ti frente a la gente como si todos te vieran.
Él soltó una leve risa cuando me escuchó decir aquello.
—Un esfuerzo muy grande, si no quieres que la gente piense que estás más loca de lo que realmente estás. Como en aquel probador —me reta ya recobrando su chispa.
—Eso fue una crueldad de tu parte —le empujo un hombro a modo de broma— Bien sabias que yo no entendía nada.
—Digamos que ya estaba un poco aburrido —bromea — y por otra parte... eran pistas, todas esas “voces” que escuchabas, cuando yo me mostraba ante ti mediante pequeñas cosas, fueron las cosas que te hicieron sospechar y llegar hasta donde estamos hoy —me explica cortando el chiste.
—¿Me estás queriendo decir que todo fue un plan? —pregunto atónita, aunque tiene mucho sentido.
—Realmente si, lo fue, y al conocerte tan bien me pude anticipar a tus acciones, me comunique con Isabelina...
ya que ella es muy buena en estos temas y la conocía desde antes al igual que a Cristopher —toma aire—.
Y en cuanto a Beatriz, digamos que todo lo que tiene de buena, lo tiene de vulnerable y me comunique con su protector para que le llegara sutilmente la idea de contarte lo de Isabelina, que también ya la conocía.
—Uf... un gran plan —pienso en voz alta— en estos días contigo me he dado cuenta lo pequeño que es el mundo o el universo más bien. Por como lo cuentas parece que fuera pueblo... todos se conocen —termine por bromear sin gracia, ya que lo digo con sarcasmo y asombro, pero si parece real.
Celestino niega con la cabeza dándome a entender que simplemente va a ignorar mis últimas palabras.
—Puedes decirle “nuestra realidad” y ser más exacta —me mira entre confundido y burlón, no logro descifrarlo, aunque creo que ni él sabía bien cómo explicarme aquello—. Y en cuanto a lo otro... la verdad que es un largo plan.
Lo dice como si recién comenzara, lo cual me preocupa en demasía, pero es más que obvio, el objetivo es Thomas y aún estamos muy lejos de él, pero todavía no sé hasta qué punto yo tengo relevancia en su rescate.
—¿Por qué Beatriz conoce a Isabelina?
Me mira sorprendido, seguro no espero que yo le preguntara aquello.
—Eso vas a tener que preguntárselo a ella. No me corresponde decírtelo.
De inmediato, asiento pensativa.
Mientras más conocía a Celestino, o lo recordaba más bien.
Más me daba cuenta lo estresante que podría llegar a ser su perfección, de esos agobios que te impresionan y que te ponen los pelos de punta.
Siempre tan amable y cortés, perfecto de pies a cabeza, tierno y apasionado, profundo y enigmático, sobre todo misterioso.
Todo lo que le llegue a preguntar lo sabe, tiene un plan para todo, obviamente no podía ser de este mundo.
Lo que si no me explicaba, es como siendo él tan perfecto...
tan ajeno a esta realidad, aún ponía tanto empeño en una mortal como yo, que ni cuando fuimos iguales fue capaz de seguirle el ritmo y avanzar junto a él.