Capítulo 25
—¿E stás bien? ¿Te hizo algo? —me abraza efusivamente, con notoria preocupación.
—Estoy bien... solo que, al principio, pensé que eras tú. Era igual a ti —le digo recién saliendo de la conmoción, sin poder enfocar la mirada.
—Te aseguro que vine lo más pronto que pude, pero ellos me bloquearon la entrada, se interpusieron en tu campo onírico y lo cerraron, casi no logro entrar.
—¿Ellos? ¿A quiénes te refieres? Y ya basta de secretos Celestino —le exijo— tienes que decirme quienes eran ellos y que relación tienen conmigo y con mi hermano. No puedo seguir viviendo rodeada de tantas mentiras.
Mi supuesto ángel, mi protector , me observaba serio, como si intentara descifrar mis palabras, meditando si realmente me iba a dar todas las explicaciones que yo le exigía.
—Es una larga historia, mejor deberías sentarte —me señala la cama— realmente... todo esto es parte de lo que te iba relatar en nuestro encuentro anterior, pero como ya te debes haber dado cuenta. Nos interrumpieron.
Termina por explicarme mientras yo me encamino a tomar asiento, no muy conforme.
—¿Ellos? O sea... este “Gabino” y otros, me separaron de ti y también están relacionados con la desaparición de Thomas, y ellos son parte del mal del que me hablaste ¿no es así? —reflexiono y cuestiono aun en duda, seguramente demostrando mi desconcierto con mis marcadas expresiones faciales.
—Justamente... veo que no va a ser tan difícil explicarte todo —afirma serio.
—De igual manera... aun no entiendo nada.
—Bien... Como te dije, el secuestro de tu hermano no fue uno normal. Por motivos terrenales para que lo entiendas mejor.
—Me dijiste que él tenía una carga... —le recuerdo, con la intención de que el continúe mi frase.
—Si... algo así, y no solo él digamos —explica con ojos tristes—.
Como ya te debes imaginar, así como tú me tienes a mí, la mayoría de las personas también tienen un “protector” por decirlo de una manera, o “alguien”, que aunque no sea exclusivo, les dé un vistazo de vez en cuando para asegurarse que todo esté en orden.
Pero tu hermano —suspira— no se encuentra al lado de su cuidador...
—¿Significa que lo abandonó? —me adelanto a sus palabras.
—No... es mucho más complejo que eso, como ya te dije, Thomas traía una “gran carga”, al igual que Ahron, su protector, ambos tenían una disputa muy grande con estas entidades oscuras, algo que ya llegado este punto se salió de control.
Pero no lo abandonó dejándolo a su suerte, simplemente no fue lo suficientemente fuerte ni inteligente para solucionarlo de otro modo.
—No quita el hecho de que lo haya abandonado.
—No es tan simple, Iroda —me intercepta con la mirada seria— Ahron lo envió con un conjuro, mientras él no se acerque a Thomas ese mismo prevalecerá, pero de romperse, Thomas será consciente de su tormento, y ahí sí podrán dañarlo, tanto física, mental, como espiritualmente.
Por eso es que Thomas sigue en el mundo terrenal, él ni siquiera es consciente del trasfondo de su secuestro —percibo un palpable tormento y desesperación en su voz—.
Mientras él viva, y no pueda ser consciente de lo que sucede, no les sirve, ellos buscan un enfrentamiento.
—Entonces... se puede decir, ¿Qué está a salvo?
—No, porque, aunque no puedan dañarlo ni hacerlo consciente de lo que sucede, él sigue siendo un humano, y la muerte lo puede sorprender en cualquier momento, y si llega a morir en sus manos, no podrá trascender hacia luz, quedará preso de esas entidades.
El peso de la verdad cayó sobre mí con demasiada rudeza, sentí como si me estuvieran dando una puñalada en el estómago.
No pude contener las lágrimas, en contra de mi voluntad empezaron a correr como un río sobre mis mejillas.
Nunca llegué a pensar que el secuestro de mi hermano estuviera relacionado a algo tan oscuro y retorcido, nunca pensé que hubiese sido mejor que estuviera muerto, antes de conocer esta realidad, me hubiera roto en mil pedazos de llegar a preferir eso.
Pero, si solo hubiese sido un simple asesinato, su alma estaría en paz.
Y ahora... la salvación de mi hermano no logra entrar en los parámetros de mi mente.
—¿Acaso se puede hacer algo...? —pregunté en un sollozo.
—Si —responde con rapidez— y justamente por eso hice posibles nuestros encuentros. Tú eres la única que puede ayudar Iroda.
—¿Como? Que podría hacer yo contra esos seres...
Podría asegurar que mi voz suena rendida, agotada, sin una gota de luz o esperanza.
—Contra esas almas... nada. Pero tú eres la única que puede convencer a Ahron. Si sigue así... nunca aceptará mi trato y será el fin del alma de “Thomas” —dirige su mirada al suelo.
—¿Tu trato...?
—Es mejor que te lo explique en el mundo físico, aunque al principio me pareció lo mejor, puedo comprobar que este lugar no es seguro por mucho tiempo, sin mencionar... que ni siquiera estamos en la playa.
—¿Y por qué siempre nos veíamos en la playa? Espera... ¿Dijiste mundo físico? —De inmediato reaccioné a sus palabras.
Lo escucho reír ligeramente... dejando a un lado el momento de tensión. Creo que nunca, en los pocos recuerdos que tengo de él, su risa me había parecido tan tranquilizante.
—La playa es un punto de encuentro entre el mundo terrenal y el mundo físico, ideal para nuestros encuentros, un encuentro entre los dos estados de la mente, la arena simboliza el proceso racional y el mar representa las emociones y todo aquello que no entre en la razón —explica pausadamente, sin perder la leve sonrisa en su mirada.
Admiro la sutileza con la que Celestino me cuenta cosas que seguramente para él, son más que obvias. Si lo pienso bien, seguro me repite constantemente cosas de las que ya debimos haber charlado medio millón de veces sin que yo lo recuerde. Ahora continua:
—En cuanto a lo otro Iroda... debo decir que sí, podrás verme en el mundo físico, en tu mundo. Ya no me extrañaras —me guiña un ojo, mientras sonríe.
¿Sabrá que si lo extraño últimamente? Simplemente pensarlo me resulta perturbador. Decido solo negar con la cabeza. E ignorar de momento el trasfondo de sus poderes espirituales, preferiría no saber si hay alguien leyendo mi mente.
En ese momento saca de su bolsillo una pequeña caja brillante, como si fuera de piedras amatistas, pero de múltiples colores, y en cuanto la abrió, puedo ver una especie de cadena de gran porte asemejada a un anillo.
Toma mi mano con delicadeza, nuevamente un brillo sutil destaca al momento de juntarse.
En el dedo índice comienza a colocar la extraña joya, la cual se fusiona con mi piel, como si fuera parte de ella, dejando mi dedo adornado por varias tiras labradas de lo que parecía oro blanco.
Era sumamente hermoso de admirar, pero saber que se había vuelto parte de mi dedo no dejaba de parecerme inquietante e inesperado.
—Solo yo podré quitártela, y gracias a ella nos podremos ver a cada instante.
Al terminar de hablar, toma mi mano sin dejar de mirarla y deposita en ella un beso justo por arriba de la joya.