Más allá de nuestros ojos Capítulo 24
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Capítulo 24

U na brisa helada me hizo estremecer, en cuanto abrí mis ojos me encontraba recostada en una cama de sábanas grises de seda, el frío de las mismas junto con la correntada de aire gélido, me hizo estremecer.

Era una habitación amplia con muebles elegantes, donde predominaba el color beige .

En cuanto me levanté, pude ver que la brisa provenía de la puerta que daba al balcón.

Entonces lo vi, observándome con una sonrisa.

—Hola cielo, ¿extrañaste al amor de tu vida? —me saluda Celestino con un dejo llamativo en su voz, diría que un tanto “seductor”.

En ese instante noté que llevaba un traje celeste, muy sentador y hasta irónico por su nombre.

Al contrario, yo traía un vestido entallado en un tono rosado fuerte.

Lo cual me pareció muy extraño, yo suponía que Celestino “elegía” de cierta forma mi vestimenta en nuestros encuentros y la verdad este vestido, distaba mucho de los anteriores, tampoco imagino que deba tener un gusto demasiado minucioso. ¿O si?

Por otro lado, ¿no se supone que nos convenía vestir de blanco? Por su esencia y neutralidad, como una manera de expresar nuestra transparencia y ocultar nuestros “objetivos”, al menos esas fueron sus palabras.

—Buena elección de vestimenta —afirmé cautelosa—. Me imagino que el celeste debe ser un color muy interesante para ti, después de todo va a juego con tu nombre.

—Muy cierto querida, es mi color de preferencia. ¡Y ese vestido te queda espectacular!

Y ding, ding, ding, tenemos un ganador. Si fuera a un programa de sospechar cosas, sin duda lo ganaría. Algo muy extraño estaba sucediendo y lo iba a averiguar.

—Pues... que extraño, porque no es lo mismo que me habías comentado anteriormente —le cuestioné.

—¿A no? ¿Y qué te había dicho querida mía? —me dedicó una sonrisa seductora, mientras se acercaba a mi.

Su mirada transmitía un interés que se alejaba mucho del que antes había visto en él. Cada vez estaba más cerca de mí y a cada paso su mirada se tornaba más sospechosa.

—Respóndeme, he olvidado qué era aquello que te había dicho —me dice, mientras levanta su mano para acariciar mi hombro y posteriormente mi barbilla.

Mientras tanto, yo permanecía inmóvil sin saber qué responder. En ese instante pude asegurar que ese sujeto, no estaba ni cerca de ser Celestino, por mucho que tenga su rostro.

—¿Quién eres? —pregunté mientras retrocedo, chocando con un mueble.

Como respuesta a mi pregunta su ropa comienza a tornarse negra, en una sola sacudida, esa falsa fachada que lo hacía ver como mi protector desaparece.

Finalmente, puedo ver el verdadero ser detrás de él.

Era un hombre joven, con el pelo chocolate y los ojos grises, que resaltan aún más la profundidad de su mirada.

Sus facciones marcadas le hacían justicia al resto de él, era alto y hasta diría que demasiado apuesto.

Pero algo en él era aterrador, su mera esencia me causaba miedo y rechazo, sus ojos se veían tan perturbadores como los de un depredador.

—Ay mi querida “Iroda”... sé que ahora no me recuerdas, pero hemos pasado muy buenos momentos juntos. Hasta llegué a pensar que nunca nos volveríamos a ver directamente, pero la suerte está de mi lado al parecer —me cuenta con una mirada divertida y retorcida, mientras me observa de arriba abajo.

Su apariencia parecía un gancho, que intentaba ocultar el asqueroso ser detrás de él.

—Tienes razón, yo no te conozco y claramente no te quiero conocer.

Veo como suelta una carcajada amarga y sarcástica, diría que siniestra.

—Eso ya está por verse —espeta— a menos que no quieras recuperar a tu querido hermanito.

—Claro que lo haré, y Celestino me ayudara —le asegure, tratando de ocultar el miedo en mi voz.

Luego de pronunciar esas simples palabras, supe que mis afirmaciones sonaban demasiado inocentes, para un ser como él.

—Deberías evaluar más si confiar o no, en ese supuesto angelito, después de todo no lo veo por aquí. Pero qué puedo esperar de alguien que le cuenta sus planes a “desconocidos”. —Me mira con insignificancia y burla en su mirada.

—Tu eres el que debería evaluar, si meterte o no con él, o conmigo —lo desafío, con voz firme y la mirada en alto.

Soy consciente que una mortal no debería desafiar a esta especie de “demonio” ni en cien vidas, pero no tenía alternativa, ya había comenzado con el pie izquierdo.

Comienza a acercarse sigilosamente hacia mí, hasta que me tiene acorralada a unos centímetros de él, agarra mi mandíbula con bastante fuerza, para obligarme a que lo mire a los ojos y acercar su rostro al mío.

—Escúchame bien pequeña intrépida, no te atrevas a desafiarme, tu gran Celestino no es nadie contra mí, y en cuanto a ti —me mira con desprecio— deberías cuidar más tus palabras, en ningún mundo una mortal debería enfrentarse a un ser como yo, ni siquiera cuando éramos “iguales” pudiste enfrentarte a mí —escupe sus palabras con sorna y superioridad, acercándose cada vez más a mí, observando cada una de mis facciones, sin casi dejarme respirar.

Se mantuvo así por lo que parecieron minutos, a milímetros de mí.

Sujetando mi barbilla, mientras que con su otra mano tocaba lentamente mi rostro y mi cuello, observandome fijamente, recorriendo cada centímetro de mi persona con su espesa mirada.

Buscando que a cada segundo que pasara, yo me sintiera más pequeña, más indefensa, pero en ningún momento bajé la mirada o aparte mis ojos de los suyos, no podía permitirme darle el gusto de saber que estaba logrando intimidarme.

¿A qué se referiría con iguales? Era una pregunta que deambulaba por mi mente todo ese tiempo, y que me ayudó a centrar mis pensamientos en otro sitio muy lejano a su intimidación.

Pero el miedo empieza a recorrer mi cuerpo, no sé qué hacer o cómo actuar, en este mundo no tengo escapatoria y tampoco estoy consciente de cuáles son mis posibilidades, después de todo ni siquiera sé quién o qué es él.

Cuando más prisionera me sentía, cuando ya el miedo me había paralizado, y sentí que no había escapatoria, aquel sujeto me soltó bruscamente, como si algo lo hubiera arrancado de mi lado.

—Eres una desgracia y nunca serás más que eso Gabino ¡NUNCA!

Y gracias a aquellos gritos confirmo que mis presentimientos eran ciertos, el verdadero Celestino lo había separado de mí.

Pero para mí sorpresa no estaba tocándolo, su mano derecha se encontraba a varios centímetros de su “cuerpo”, sin embargo, una extraña densidad, similar al calor que distorsiona el aire sobre el asfalto, pero densa y poderosa, mantenía a ese supuesto “Gabino” recluido entre la pared y él.

—Veo que no has cambiado amigo mío... siempre llegando en los momentos menos oportunos, pero no te preocupes, solo le daba algunos consejos a... “Iroda” —afirma con gracia.

—Nunca vas a lograr lo que te propones —le asegura Celestino tan firmemente que hasta yo le creo.

—Ahí es donde te equivocas angelito... estoy mucho más cerca de lo que crees; después de tanto, ahora sí lo estoy. O acaso piensas que Iroda va a repudiar el alma de su hermano solo por ti.

—Thomas... —entre en su discusión, recordando que ya lo había mencionado anteriormente— ¿Qué tienes que ver tú con él?

—JA —se burla— no le has contado nada... —se dirige hacia Celestino—. Vives en una mentira preciosa, como siempre.

—¡Cállate! —le ordena Celestino mientras lo presiona más contra la pared.

—!Nunca ganaras! Y lo sabes —termina por decirle aquel sujeto con los ojos encendidos por la ira.

En ese instante su mirada cambia y nos dedica una falsa sonrisa de humildad antes de esfumarse... como si nunca hubiera estado ahí.