Más allá de nuestros ojos Capítulo 23
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Capítulo 23

N uevamente me había despertado en el momento menos oportuno, justo a la mitad de una de las conversaciones más importantes que había tenido con Celestino.

Se suponía que ahora esto no sucedería, para algo tenía ese dichoso collar.

Aunque ahora fue distinto, no fue el tiempo, si no que me atrevo a decir que algo, o alguien, me sacó de ahí, impidiendo que Celestino me revelara la verdad.

Pero lo que sí tengo por seguro, debido al miedo que me erizó la piel e inundó mi alma, es que no era nada bueno.

El día transcurría de forma lenta y tediosa, los minutos parecían horas y las horas semanas.

Supongo que mientras más queremos que algo llegue más demora, el tiempo es traicionero, y nos maneja a su gusto y antojo.

El color húmedo saturaba el ambiente y empañaba los pisos, era de esos días donde la lluvia se hacía desear para bajar la intensidad.

Ya que no solo se llevaría el calor arrasador, sino también el típico estrés vagabundo que nos enfermaba a todos cuando la humedad era palpable en el ambiente.

Max no contestaba mis llamadas, supuse que estaría ocupado, o eso quería creer al menos, tanto al punto de no acordarse de que tenía un celular, ni una amiga que lo podría estar necesitando con urgencia.

O tal vez, simplemente mi amistad ya no era una de sus prioridades, no me explicaba su cambio brusco de actitud, le daba vueltas y vueltas en mi mente y no encontraba un motivo medianamente razonable.

Inés se encontraba algo resfriada, mis padres continuaban de viaje y el día de hoy no tenía clases con Beatriz. Por lo tanto, no tenía con quien compartir el rato para que pasara más de prisa.

Aunque, no terminaba por molestarme, los grupos de gente siempre me resultaron asfixiantes, y si bien tenía varias amigas, no las veía con regularidad, estaba acostumbrada a valorar mis momentos en soledad, rara vez llegaba a sentirme sola.

Ahora sé que lo puedo atribuir a Celestino.

¿Será tan real que siempre está conmigo?

¿Acaso me observa a cada momento? Es muy extraño, e irreal, pensar en que “alguien” está constantemente pendiente de ti, hasta diría que es un poco perturbador.

A pesar de eso, ahora entiendo por qué Celestino decía extrañarme a pesar de convivir eternamente conmigo, él está conmigo, pero yo no estaba con él, ignoraba su existencia, no lo tomaba en cuenta.

En momentos como este me gustaría al menos poder conversar con él, saber qué hace o que piensa, conocerlo fuera de su posición de “ángel protector” y sin los problemas que nos atormentan.

Solo conocerlo, conocer nuestra historia, su historia, saber cómo es que llego hasta donde se encuentra en este momento y por qué yo no, porque no estoy junto a él.

—Ahora si estoy contigo... —murmuré casi imperceptiblemente, pero dirigido a mi eterno compañero.

Sé que no contestará, pero me gusta creer que lo escucho.

La noche ya había caído, y la hora de dormir se acercaba, no sabía si podría o no ver a Celestino esta noche, después de nuestra brusca despedida ni siquiera tenía certeza de que fuera seguro nuestro encuentro.

Me consternaba la duda, de si realmente existía “alguien” tras de nosotros y si tenía motivos para evitar que la verdad se revelara, o sobre todo si tenía medios para impedirlo.

De una manera u otra, estaba dispuesta a correr el riesgo, con las manos temblorosas pero con la mente enfocada, tomé la infusión, las famosas gotas de la joya y me acosté en busca de que el dios del sueño me abrazara.