Capítulo 22
M e desperté algo adormilada sobre una lona blanca llena de almohadones del mismo color.
De inmediato, debido al sonido del oleaje, me percaté de que, como siempre, estaba en una playa.
Frente a mí había un espejo inmenso, con un marco de madera labrado, lo que me ayudó a visualizar mejor mi apariencia.
Llevaba puesto un vestido blanco, largo y etéreo, repleto de pequeñas y delicadas mariposas del mismo color, una tiara dorada con detalles en flores del mismo tono adornaba mi cabeza y en mi rostro destacaban los labios en un tono rojo carmín.
¿Por qué tanta belleza en un mundo donde nada existe?
—Te ves hermosa, como siempre, amor mío —me sorprende Celestino, cuando su reflejo aparece de la nada tras de mí.
Si bien sus palabras podían ser intensas, su forma de decirlo era tan sutil, tan natural, que no incomodaban en lo más mínimo.
—Veo que nuevamente venimos a juego —digo burlona mientras lo inspeccione de pies a cabeza, ya que él también, al igual que la vez anterior, vestía de blanco.
Debe tener una especie de obsesión con ese color, a menos que sea cosa de ángeles, un cliché, me imagino que tendré que ver otro para saberlo.
Claramente ignore el resto de sus afirmaciones, no podía darle una respuesta ya que no tenía nada tan agradable para decirle, porque desde mi parecer nada de eso es así, aunque quizás con este vestido de ensueño si me vea hermosa, no soy el amor de nadie.
—El “blanco” es un color muy armónico a mi parecer, su neutralidad permite que nuestra mera esencia sea lo que destaque, es tan neutro que ni siquiera llega a ser un color —me relata con gran naturalidad mientras observa el paisaje, como si de una clase de colores se tratase—.
Y por otra parte siempre ha sido un color de tu agrado, y muy ideal para este tipo de situaciones.
—¿Por qué se supone que es ideal para este “tipo de situaciones”? —arqueo una ceja.
—Porque, como ya te expliqué, Iroda… —procede a aclarar— el blanco es un color sin personalidad, no denota emociones ni sensaciones, no llama la atención por sí mismo, y te aseguro que a partir de ahora lo que menos queremos es llamar la atención de quien no debemos.
Debes imaginar el color de nuestra vestimenta como parte de nuestras emociones y objetivos, nosotros debemos parecer transparentes sin serlo.
—Mmm... pero, ¿de quién se supone que no debemos llamar la atención? —consulte.
Otro acertijo comienza... lo veo venir.
—Eso es algo complicado, que hoy mismo te explicaré, Iroda.
En ese instante me dedicó una mirada de compasión, lo cual solo me pareció preocupante. Aunque no puedo decir que conozco a Celestino, es como si una parte de mi si lo hiciera, imagino que mi “alma” que al parecer
ha estado más momentos con él que sola, por lo que supe de inmediato que sus ojos estaban hablando por él.
Me extendió una mano para que me levantara, y la tomé de inmediato como un acto reflejo.
En cuanto lo hice, el universo parecía detenerse ante mí y una explosion luminiscente se creó mediante nuestro lazo en el centro de nuestras manos unidas, como si hubiera una esfera de luz entre ellas.
La atmósfera de paz que nos rodeó desató un torrente de emociones: felicidad, cariño, nostalgia y la extraña familiaridad de un recuerdo vacío.
Por más que las emociones que llegaron a mi fueran de entera plenitud, a los pocos instantes me abrumaron. Entonces lo solté.
—¿Qué-que fue eso? —pregunte atónita, retirando mi mano. —Nuestras almas recordándose... —responde como si le hubiese hecho la pregunta más fascinante y simple del mundo.
Seguido de eso me guía hacia la orilla del agua, y en ese intervalo, cuando las gotas de agua ya golpeaban nuestra cara, comienza a hablar.
—No quiero que temas con esto que te voy a decir, después de todo es algo que muy en el fondo de tu ser ya lo sabes, solo que no lo recuerdas...
—se voltea y toma mis manos en ese instante—.
No tienes nada que temer, tu alma es fuerte y yo estoy aquí para protegerte.
Inclusive hay más almas que velan por tu bienestar de las que imaginas.
—No tienes que preocuparte tanto por mí, solo dímelo.
Celestino niega con la cabeza y mira hacia un costado, con una notable mueca de preocupación.
—No puedes pedirme que no me preocupe, sabes bien que yo dedico mi existencia a ti, tu bien es mi bien, tu vida es la mía, y hay muchas cosas que te rodean que tu ignoras.
La intensidad de Celestino me confundía, nublaba mi vista del objetivo, que era solo encontrar a mi hermano, no lograba entender cómo alguien como él, podía preocuparse tanto por mí.
—Yo... yo estoy intentando entender eso —soy lo más sincera y gentil posible, si después de todo tanto velaba por mí, mínimo se merecía mi gentileza—. Pero ¿vas a decirme que es aquello que tanto ignoro?
Me suelta lentamente y dirige su mirada al océano, evadiendo la mía.
—Nada en este mundo es lo que parece, Iroda —comienza a hablar aun sin mirarme— el mundo desde que se creó ha sido una dualidad, donde está el bien y el mal presente a cada momento, y así como hay ángeles, espíritus del bien con más o menos evolución, hay criaturas, seres, magia y grandes deidades...
—duda por un momento— también está el mal, hay almas que se fueron por el camino más “fácil” y vendieron su energía por migajas de poder, hay entidades malignas, hay seres del bajo astral, demonios...
casi te diría que todo lo que puedas imaginar, existe o existió de una manera u otra —toma aire—.
Y todo esto, sin que la mayoría de los “mortales” lo perciban, incide en su vida.
Después de esa gran confesión, que en parte se asemejaba con la de Isabelina.
Le agradecía mentalmente a ella por prepararme sin saberlo, no sabía qué contestar ahora, no imagino si hubiera escuchado esto de la maldita nada.
El parecía un tanto “triste” por haberme dicho aquello, como si fuera culpa de él la realidad en la que vivimos.
Una realidad tan profunda que nunca siquiera me había cuestionado, nunca llegue a pesar que todos aquellos mitos urbanos o grandes historias de fantasía, podían llegar a tener partes de verdad.
Sin embargo, a pesar la profundidad de sus declaraciones, una parte de mi seguía sin alterarse, ya que solo parecía un adelanto, un resumen para entender aquello que sí estoy esperando por saber.
— Wow.. . —musite aturdida—. Lo que aun no comprendo, es porque me dicen todo esto, ¿en qué me está afectando a mi o a Thomas?
Aparentaba que todos quisieran prepararme para una noticia que no voy a poder digerir, porque hasta el momento lo más sobrenatural en mi vida según yo, es la presencia de Celestino.
—Tu hermano no desapareció porque sí... todos tenemos una carga, una historia y digamos que él tenía cuentas pendientes con las entidades equivocadas —sus ojos reflejan dolor, y una especie de culpa—.
Como me hubiese gustado que no tuvieses que pasar por esto...
nada de esto debería estar sucediendo —comienza a alejarse de mí al decir aquello.
—Creo... creo que no te estoy entendiendo.
Al escuchar aquello, mi mente quedó totalmente en blanco, no lograba hilar nada de lo que quería decirme.
—Tu hermano fue secuestrado, Iroda, pero no fue un simple secuestro —se limita a responder esta vez.
—Esa es justa la parte que no entiendo… —vuelvo a decir, ahora con desesperación en mi voz.
En cuanto el chico frente a mi iba a comenzar a hablar, un ruido estremecedor lo interrumpió abruptamente, y en ese mismo momento pude ver como un oleaje se empezó a levantar y nubes negras se apoderaron del cielo.
El mar comenzó a retroceder con extrema rapidez y vi como una gran ola venía dirigida derecho hacia mí.
El pánico se adueñó de mi mente y un frío húmedo recorrió todo mi cuerpo.
Los instantes pasaron tan rápido, que no tuve tiempo de reaccionar.
—¡Irodaaaaa! —podía oír los gritos de Celestino cada vez más lejanos a mí.
Él corría hacia mí, pero todo se tornó en cámara lenta y de un momento a otro, solo había oscuridad, no sentí el golpe de la ola, ni tampoco el agua helada, mucho menos me sentí sumergida. Como si de pronto hubiera sido arrancada de un lugar cálido y luminoso para caer en un vacío frío y desolador