Más allá de nuestros ojos Capítulo 20
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Capítulo 20

Y a habíamos llegado a la casa de Isabelina, las flores adornaban el camino hacia la entrada, el aroma a jazmín y a incienso impregnaba el aire.

Esta vez ella tenía un largo vestido aguamarina, digno de una fiesta, junto con extraños broches en el cabello; parece que cada día estuviera más extraña y excéntrica. Debe ser cosa de brujas, pensé yo.

—¡Ay Iroda! —me recibe efusiva— ya te has encontrado con Celestino querida mía, me lo ha informado Cristopher. Ahora todo va a ir cuesta arriba, me imagino que debes estar muy feliz de volver a ver al gran amor de tu vida, o de tu existencia, mejor dicho.

—¿Quién es Cristopher? —pregunté, ignorando el resto.

—Mi “protector” querida, llamémoslo así —dice restando importancia—, pero ahora eso de momento no importa, quiero saber cómo estás tú.

—Pues la verdad es que muy bien, estoy feliz de al fin encontrar respuestas, y haber conocido a Celestino, o reencontrarme con él como dicen ustedes.

Pienso muy bien cada una de mis palabras. Ya que, ahora sé que no son solo para Isabelina, ahora tengo claro que hay un tercero en discordia en cada una de mis charlas. Después de todo no quiero que mi ángel se ofenda, si es que ellos se ofenden acaso, no lo sé, pero no me quiero arriesgar.

—Lo se niña… créeme que lo sé. Te aseguro que a él le hubiera encantado sacarte mucho antes de este tormento —me confiesa con lástima en sus ojos.

En ese momento, por primera vez desde que comenzó a rondar está extraña posibilidad por mi mente, pensé en el motivo que retuvo tanto tiempo a Celestino. Por qué acaso no pudo decirme esto o hacer algo antes.

—¿Y por qué no hizo algo antes? —voy al grano, no muy cortésmente.

—Porque la vida tiene que seguir un curso Iroda…

Y el por muy elevado que sea, debe respetar ciertas normas, es normal al principio que imagines a un ángel todopoderoso, que todo lo puede, pero no es la realidad.

El mundo no está a su merced, ni sabe lo que hacen a cada momento cada uno de los mortales y mucho menos puede ejercer su entera voluntad sobre ellos.

—Comprendo…—dije no muy segura, aunque poco a poco las piezas empiezan a encajar, debo verlo como un guía no como un dios—. Después de todo, lo importante es que lo hizo y yo antes era muy joven para que esa información me fuera de utilidad.

O, al menos, eso quiero creer.

—Hay cosas que él te explicará en su debido momento… y te aseguro que lo hará mucho mejor que yo.

—¿Significa que estos encuentros continuarán? —entra Max en la conversación por primera vez.

—Claro que sí Maximiliano... continuarán y se transformaran —le responde segura aquella señora tan misteriosa.

—¿Cómo que se transformaran? —le responde.

Max se había adelantado a mis palabras, pero Isabelina como respuesta solo le dio una sonrisa intrigante y con cierta picardía, lo que daba a entender que no respondería a su cuestionamiento, al menos no ahora o a él.

—Te daré algo para que el tiempo no sea un problema —asegura emocionada, cambiando el eje de la conversación nuevamente hacia mi— y te explicare un ritual para seguir posteriormente...

—Él me explicó que no podía permanecer mucho tiempo en ese “lugar”, o como sea que deba llamarlo, ya que era mi primera vez allí —le cuento a Isabelina.

—Justamente niña... Hay que trabajar el manejo del campo onírico, pero hay ciertos trucos o ayudas, como quieras llamarles, que lograrán acelerar ese proceso, después de todo estarás con celestino y él tiene mayor control dentro de ese campo.

No me quedaba más que asentir y confiar en mi dichoso “protector”, por mucho que no me gustara estar a la merced de otros, si fuera peligroso él no lo elegiría como punto de encuentro.

Nunca podría imaginar que un lugar que me da tanta paz podría llegar a ser peligroso.

Y aunque lo fuera, no me importaría, porque recuperar a Thomas es lo único que quiero, lo único que me interesa verdaderamente en la vida, y lo haré cueste lo que cueste, mi seguridad solo me interesa para lograr mi objetivo.

—¿Tengo que seguir tomando aquella infusión? —le cuestione.

—De momento sí, ya vimos que tuvo un efecto inmediato, pero ahora te entregaré algo muy impor tante... algo que vas a tener que cuidar como tu propia vida.

En ese momento se encamina hacia un pequeño cofre, el cual puedo ver que contiene varias “joyas” extrañas, lo primero que se me viene a la mente es que seguro ya lo había dejado ahí por mí, nadie guarda esas cosas tan a la mano.

Saca un collar plateado con una esfera en la punta, la cual parece contener algún líquido.

Al notar mi extrañeza en cuanto me lo enseña, procede a explicarme el mismo.

—Esta es una joya muy antigua, niña, hay varias como esta dispersas en el mundo, incluso algunas similares, generalmente lo que más importa es su contenido —le saca la parte superior mediante varias vueltas, para demostrarme que se abre— el cual, en este caso, te permitirá permanecer más tiempo en la dimensión onírica, agudizará los sentidos de tu alma y por ende tu conexión con Celestino.

Pero no te confundas, la joya también es de gran relevancia, está hecha de oro blanco y la esfera es de un material que ni siquiera se encuentra en este mundo actualmente, fue creada por grandes deidades y no puede caer en las manos equivocadas.

—¿Y te parece oportuno entregármela a mí? —le pregunté dudosa ante su explicación y con un cierto desespero en mi voz— yo no soy más que una... simple mortal, no tengo ni siquiera el conocimiento para tener algo así.

Lo cual era totalmente cierto; aún no lograba entender porque me estaban otorgando tantas consideraciones, yo no soy alguien especial, solo una persona que “perdió” a su hermano.

—Tu eres mucho más que eso, Iroda... mucho más, de todas formas, tienes que saber que no existen “simples mortales”, solo almas, todas importantes, más viejas o más nuevas, con más o menos carga de vidas pasadas.

Pero es todo un proceso, una escala, tarde o temprano se avanza o retrocede, hacia el bien o el mal —me dice con dulzura en su voz y sinceridad en su mirada.

—¿Se refiere al infierno y el paraíso? Celestino me habló de que él antes era un humano y ahora “ascendió”.

—Mmm, no querida, no al menos como tú lo imaginas —piensa unos segundos antes de seguir—, el concepto que tienen la mayoría de los “humanos” de esos reinos, no podría ser más lejano a la realidad.

Piénsalo como te lo dije, el bien y el mal.

En el mundo y en lo que no es mundo, está lleno de almas, entidades, criaturas y distintas deidades que a lo largo de su existencia se han unido, ya sea consciente o inconscientemente, hacia el bien o el mal.

Dos caminos distintos y eternamente unidos. Sin el uno no existe el otro.

—O sea que... ¿Usted asegura que no hay infierno ni paraíso? —interrumpe Maximiliano, y yo lo observo expectante.

—Como ustedes lo conocen no —responde Isabelina— para empezar a comprender esto... deben desestructurar su mente. Ser pacientes será la clave, hay información que solo es lineal, y con eso me refiero a que llegará sólo cuando puedan y quieran comprenderla.

Cada palabra que pronuncia Isabelina, parece un acertijo, como si tuviéramos que adivinar las palabras entre líneas, o como si el futuro nos fuera a revelar todas las incógnitas que ella va sembrando. Quizás simplemente no desea confundirnos con tanta información.

—Seremos pacientes... no se preocupe —dije finalmente, a raíz del nuevo silencio de mi amigo.

En ese momento se me acerca y me coloca esa joya que tanta historia parece tener, y sin duda es lo más valioso que alguna vez ha estado a mi cargo.

—Cuídala querida... no lo olvides... cuídala como si fuera parte de tu propio cuerpo —me susurra con cierto destello de preocupación en sus ojos—. Debes beber una gota de esto antes de dormir, pero recuérdalo, solo una —asevera, al mismo tiempo que toma mis manos y me dedica una sonrisa de apoyo.

—Así lo haré... ¿Junto a la infusión verdad?

—Sí, niña... y deberás volver... cuando algo cambie. Te aseguro que sabrás cuando, y de no ser así, Celestino te lo dirá. Te daré mi número, para que podamos estar en contacto.

Después de eso nos despedimos de Isabelina, y otra vez puedo decir que Max casi no emitió sonidos en la reunión, salvo por sus preguntas particularmente puntuales.

Me gustaría que él pudiera sentirse más partícipe de todo esto, que supiera que es importante y lo necesitamos, después de todo, es la realidad, al menos para mí.

Cuando ya íbamos en viaje, Max finalmente decide hablar:

—Avísame con tiempo la próxima vez que vayamos a venir, porque no sé si podré traerte —me avisa sin quitar los ojos de la carretera, con las manos firmes en el volante y los ojos cansados.

Lo pienso por un momento, no esperaba que Max me dijera aquello, más considerando que el bien sabe que esto es un secreto y nadie más que él puede llevarme.

—No te preocupes... así lo haré, después de todo no es tu responsabilidad, ¿te sucede algo? —le consulte con algo de preocupación en mi voz.

—No, no, nada —me dedica una media sonrisa— solo que las cosas del trabajo me van a tener algo ocupado.

Realmente dudaba que el padre de Max fuera a tenerlo muy ocupado con la empresa, su padre nunca fue muy exigente y el de momento no sabe mucho para delegarle grandes responsabilidades.

—Comprendo —le miento— casi me olvidaba de eso.

Después de esa breve charla me dejó en la entrada de mi casa, y diría que apenas me dirigió un par de palabras para despedirse.

Sus risas y su típico sarcasmo que aliviana el ambiente había desaparecido de un momento a otro, y su mirada estaba en cualquier lugar menos en donde yo la buscaba.

Llega un punto en el que no entiendo el cambio de actitud de Max, quizás me acostumbre demasiado a que él estuviera siempre pendiente de mí.

Quizás hasta las personas más fieles se cansan, o se aburren de los malos momentos.

Si lo pensaba detenidamente, no se me hacía raro que Max quisiera alejarse de mí, sino más bien que no lo hubiera hecho antes, que hubiera dejado avanzar hasta este punto nuestra amistad.

Debe ser agotador ser amigo de una persona como yo.