Más allá de nuestros ojos Capítulo 17
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Capítulo 17

M e desperté con el canto de un pájaro, recostada sobre una hamaca de madera, los rayos de sol se encargaron de golpear mis ojos de inmediato, dejándome enceguecida.

Era un día muy hermoso, cálido y pacifico, a decir verdad.

Pero, no estaba en mis recuerdos el cómo había llegado a ese lugar. ¿Qué hacía yo ahí?

Me levanté y de inmediato me di cuenta que me encontraba en una casona de campo en todo su esplendor, pero con una llamativa cercanía a la playa.

No parecía ni por lejos un lugar que haya visto antes, ni siquiera en una película, tan solo mirar los alrededores resultaba confuso, no parecía un lugar real.

Pero la paz que me transmitía, me hacía flotar en la tranquilidad, mis pies iban al sonar del viento, sintiendo el miedo solo como un lejano recuerdo.

Podía divisar en la cercanía, un hermoso jardín de flores de múltiples colores, sobre todo numerosos rosales y cientos de tulipanes; rodeado por un camino de piedras blancas, tan brillantes como diamantes.

Entonces lo vi, parado justo frente a mí.

Un joven alto, rubio como el sol y con los ojos azules como el cielo, vestido completamente de blanco, a juego con su piel, la luz que irradiaba su cuerpo no era ilusoria.

Cada una de sus facciones parecían talladas a mano por un gran hacedor, tal cual si fuera una escultura.

Verlo era cautivador, hermoso, extraño como un cielo estrellado en el día y misterioso como el oleaje del mar en un día calmo.

Y aunque su magnificencia fuese única, no dejaba de ser un joven, hasta donde yo sabía, un humano.

—¿Cómo te encuentras, Iroda? —me saluda con una amplia sonrisa, como si hablarme fuese un privilegio.

—Tú... tú, ¿quién eres? —pregunte confusa.

—Supuse que ya lo imaginarias... —responde en perfecta calma el joven de cabellos dorados.

—¿Celestino?

—Supongo que puedes llamarme así—contesta con cierta diversión.

—No pareces un ángel —dije extrañada.

—¿No? ¿Y cómo se supone que es un “ángel”? —cuestiona suspicaz.

—Pues... no sé, pero yo me imaginaba una gran luz con voz, como una esfera luminiscente, como mucho una con forma humana.

Hay que destacar que, aunque nunca he sido escéptica y no me considero una persona estúpida, siempre he sido algo ignorante para estos temas.

El rompió en una carcajada que no me dejó precisamente feliz. Ahora resulta que los ángeles hasta tienen sentido del humor.

—Por suerte no soy un ángel entonces… —suspira—. Pero bueno ya ves que no soy ninguna “lucecita”, lu cecita... ¿Cómo se te ocurre “Iroda”? —pregunta retóricamente—. Oh cierto... Maximiliano.

—No me hables como si me conocieras. Y si, el. —Le respondo cortando con la ensoñación.

—Yo te conozco mejor que nadie “Iroda”, en estos momentos inclusive... te conozco mejor que tú misma —asevera.

—¿A qué te refieres? ¿Y por qué siempre haces énfasis en mi nombre?

—Tengo muchas cosas que explicarte… o más bien, que ayudarte a recordar. Y en cuanto a tu nombre, tengo que decirte que no te has llamado Iroda por los siglos de los siglos. Como ya sabes yo soy tu protector, cuido de ti... mi entera existencia radica en ti. Lo sé todo.

—¿Eso significa que estás conmigo desde que nací?

—Desde mucho antes, Iroda... desde mucho antes. Te conozco desde tu primera vida.

—Comprendo... significa que la reencarnación existe —afirme pensativa— y tú siempre has sido mi ángel.

—Si y no —me reafirma— la reencarnación existe, pero yo no he sido siempre tu ángel. Nuestra historia es larga, no sé si vas a querer escucharla.

—¡Claro que quiero! Quiero saberlo todo.

Podría asegurar que se notan mis ansias de información a kilómetros, aunque a Celestino no parece causarle más que diversión.

—Entonces acompáñame —me pide mientras me hace una seña.

En ese momento noto que nos dirigimos hacia la playa, totalmente en silencio, al parecer le resulta más adecuado darme la noticia ahí por algún motivo. Cuando llegamos se sienta en la arena con la vista perdida en el mar, y yo lo imito.

—Como te dije... no siempre fui tu protector, solo lo he sido en tus últimas dos vidas, pero estuve junto a ti en todas las anteriores —continúa explicando.

—No comprendo... —musite dudosa.

—No siempre fui un “protector”, Iroda, fingiendo por un momento que es correcto llamarme así, que no lo es —aclara — antes era un humano como tú, pero evolucioné, alcance el oro alquímico...

y mi inmenso amor hacia ti, me convirtió en tu “protector”.

Vivimos una infinidad de vidas juntos —me cuenta nostálgico, como si lo recordara— nos conocimos de todas las maneras posibles, estuvimos más o menos tiempo juntos en cada vida, vivimos tiempos difíciles..

hambrunas, guerras, pobreza, muerte y desolación; también tiempos maravillosos...

felices y llenos de amor, tuvimos hijos e incluso nietos, buenas vidas donde la gloria económica y la salud nos acompañó.

En casi todas nuestras vidas fuimos pareja, al principio éramos almas muy jóvenes y llegamos a cometer errores inmensos...

pero con el paso del “tiempo” y grandes lecciones, nos convertimos en lo que somos hoy, en almas buenas y nobles.

Me relataba aquello con muchísima felicidad e incluso tranquilidad, a tal punto que hasta yo creía recordarlo.

Hablaba de nuestro amor como un hecho irrefutable, pero...

en serio era así ¿nos amábamos? No voy a decir que no hay algo muy extraño en él, pero en este momento decir que lo amo me parece algo bastante extraño, a mi parecer ni siquiera nos conocemos.

Por supuesto no le iba a mencionar la incertidumbre de mis emociones.

— Wow … —digo asombrada—. Nunca pensé que mi vida pudiera tener un trasfondo tan profundo. ¿No es aburrido?

Consulte con la intención de desenfocar el tema.

—¿Qué cosa?

—Estar siempre pendiente de mí —dije como si fuera la cosa más obvia del mundo.

A lo que él se ríe ligeramente.

—Es todo un privilegio... Tu eres mi vida, mi entera existencia, te estoy esperando hasta que vengas conmigo eternamente.

Aparte también tengo otras responsabilidades fuera de ti y en el “otro lado” —me explica con gracia— pero la principal eres tú.

Creo que aún no has terminado de recordar lo es el amor —termina por decir.

—Mientras más hablas más me confundes... —intento ignorar algunas de sus afirmaciones.

Veo que en el “otro lado”, eso de la sutileza no se utiliza mucho, ni hablemos de ocultar las emociones.

—Todo a su tiempo... —me observa con la intención de apaciguar mis nervios— te extrañaba —confiesa finalmente.

—Pero si estás siempre conmigo —le restó importancia.

—Si, estoy siempre contigo, pero nunca charlamos directamente, extrañaba nuestras conversaciones, el contacto directo contigo, que sepas que estoy ahí.

De a momentos me preocupa que contestar, es como si mi mente aun no estuviera en sintonía con la intensidad de Celestino, cuando para él, todo es un nosotros, mientras que para mí, él es solo un desconocido. Aunque mis lejanas respuestas no parecen molestarle, al contrario.

—No tienes que decirme nada Iroda... sé que tienes mucho que procesar —vuelve a hablar—. De todos modos... ya tienes que volver, había olvidado que el tiempo para ti es muy importante, porque es tu primera vez.

—Pero... ¿no ibas a decirme que era aquello tan importante por lo que me tenías que contactar? —lo detengo apresurada. Con la preocupación de que me deje sin respuestas.

—Es sobre tu hermano, Iroda. Thomas está vivo… y lo vamos a recuperar. —me confirma rápidamente y con extrema tranquilidad.

—¿Estás muy seguro? —pregunto en un grito nervioso y severo— ya han pasado nueve años... y...