Más allá de nuestros ojos Capítulo 15
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Capítulo 15

A l parecer, eso de que Isabelina es una “bruja blanca” iba muy en serio, porque después de explicarme lo del sueño lúcido, me contó que tendría que empezar a tomar una infusión para facilitar mi manejo del campo onírico.

La veía machacar extrañas hierbas para hacer aquella famosa infusión, pero en ciertos momentos me preguntaba si realmente me convenía tomar aquello, confiar plenamente en la palabra de una desconocida que me prometía milagros, cuando incluso podían ser maldiciones.

Supongo que la desconfianza siempre estará arraigada en mí, pero si quiero tomar este camino, no me queda más que confiar, solamente confiar, porque estaba claro que la razón jamás había sido amiga de mis esperanzas.

—¿Está segura que esto me ayudará y no me caerá mal verdad? —pregunté temerosa.

—Claro que sí, niña... ahora te enseñaré algo que deberás repetir cada noche antes de dormir:

“Tu, mi protector, que cuidas y velas por mí, te pido y te suplico esta noche que me ilumines hasta nuestro dichoso encuentro en el reino donde todos creen dormir”.

Seguido de repetir esa frase de forma melodiosa, me la entregó escrita en un papel con una bellísima caligrafía.

—Ahora te advertiré una cosa, querida...

y espero que me escuches con mucha atención —continuó Isabelina—, en cuanto tomes esas gotas y pronuncies aquellas palabras, no habrá vuelta atrás.

Esto no es ningún juego de niños, no es habitual que un ángel se proponga hacer contacto directo con mortales que no tienen los canales abiertos, así que mi niña...

prepárate, porque algo mucho más grande que tu o que yo sé está acercando a tu vida, y debes estar preparada.

—Y lo estaré... no se preocupe. Es justo lo que estuve esperando, respuestas.

Creo que me comprendió, pero todo en ella me hacía pensar que sabía mucho más de lo que decía.

De igual manera, a pesar de que sentía que ya casi estaba tocado aquellas anheladas respuestas con la punta de mis manos, no me sentía tranquila, al contrario, por primera vez me sentía realmente nerviosa, algo en mi interior me decía que aquel “prepárate” venía acompañado de un “La tormenta se avecina".

Después de que Isabelina me advirtiera de que estaba la posibilidad de que esto demorara en surtir efecto, y que debería volver en cuanto pudiera comunicarme con Celestino, nos despedimos.

Fue una visita bastante corta, a decir verdad, y al igual que la vez anterior, Max se mantuvo al margen de la situación, limitándose a saludar y despedirse.

Me llamaba la atención su actitud, era como otra lascada en mi rota pared, pero también tenía que considerar que él siempre fue muy escéptico, y la situación presente no es algo que se apegue a las normas socioculturales.

La vuelta a casa fue bastante silenciosa hasta que aparcó en la entrada de mi casa.

—¿Si te comunicas con “él” seré el primero en saberlo verdad? —me pregunta temeroso antes de que baje el auto.

—Claro que sí, Maxi. Sabes que sos mi único confidente. Si pasa hoy, te prometo que te llamo en cuanto me despierte, aunque sean las tres de la mañana.

—Mmm bueno —murmura con gracia— me quedo más tranquilo entonces, pero en serio, hazlo... no importa la hora. ¿Mañana en la tarde, aunque no vayamos con Isabel, nos vemos? Porque es sábado.

—Isabelina Max, I-sa-be-li-na —le deletreo entre risas y falso fastidio— dios, y si, obvio que nos vemos —sonríe ligeramente, y me despido de él.

Su nerviosismo solo me ayudó a confirmar su extraña actitud, aunque solo le haya dado respuestas simples y monótonas, en el aire se palpaban los pensamientos de ambos.