Capítulo 13
E l viaje de regreso se volvió breve, los minutos pasan con rapidez en una mente que solo está observando pensamientos. En cuanto nos dejaron en mi casa, le dije a Max que se quedara a cenar y así podríamos aprovechar para hablar de lo ocurrido hoy.
—¿Estás segura de que le crees a esa señora...? Se que todo coincide, pero vamos, Iro, en serio, ¿un “ángel “?
Su escepticismo no era una novedad, pero sus dudas me tomaban por sorpresa.
—¡Max! Era justo la respuesta que esperábamos, la respuesta que explica todo y quizás me ayude a aclarar mi vida, no lo había pensado así, pero tiene que ser. La otra explicación es que este muy mal de la mente, e Isabelina igual.
—Sabes que no quise decir eso... es solo que todo me resulta muy extraño de repente.
—Es extraño, si... pero es la única explicación para todo...
ya vas a ver —intente mostrarme segura de mis palabras, aunque ni yo misma lo estoy totalmente—.
Lo más importante es que mis padres no se enteren de nada, no están preparados para esta noticia y me tomaran por loca.
Bueno, nos tomarán, mejor dicho —balbuceo apresuradamente.
—Creo que tienes razón... ellos dan este tema por terminado y no lo entenderán —me da la razón Max—. Pero tienes que prometerme que si esto se alarga y llega a algo, se lo vas a contar a alguien más, aunque sea a la loca de tu profesora de piano, quizás sea mucho para nosotros solos.
—¿Cómo que mucho?
—Ya sabes, Iroda, nosotros no sabemos nada de esa mujer, y mucho menos de cosas sobrenaturales o raras.
—Lo dices como si fuéramos a hacer algún tipo de pacto Max.
—Nunca se sabe, Iro, nunca se sabe, mejor prevenir que lamentar —afirma dejando de lado su típica postura relajada.
—Bueno, bueno, te prometo que pensaremos todo muy bien, y digo plural porque me imagino que me vas a acompañar en esto.
—¡Claro que sí! ¿Cómo lo dudas? —exclama ofendido—. Cuando no esté cursando o con mi padre en la empresa, estaré contigo.
—Te lo agradezco... —dije mientras lo abrazaba.
Como siempre, él me devuelve el abrazo. Pero esta vez pude sentir su contrariedad con la situación y su deseo de que nada malo suceda, simplemente con la intensidad con la que sus brazos me envolvieron.
Generalmente todos sus gestos son relajados, libres de dramatismos, pero esta vez, pude palpar sus emociones encontradas y sus ganas de decirme que todo estaría bien.
A veces no entiendo como tengo tanta suerte de tener a Max a mi lado, mi vida sin él sería tan distinta.
Aunque quizás sea una atrocidad compararlo, pero es como ese hermano que tuve por tan poco tiempo.
Pero de mi edad y con un carácter similar al mío, supongo que por eso nuestros padres se entendían tan bien, nuestras familias, al igual que nosotros son personas muy similares y distintas a la vez.
Su madre es una mujer dulce, fuerte y orgullosa, de la que heredó su pelo y pecas, y su padre un hombre divertido y suspicaz, con una gran inteligencia y seguro que, en su juventud, muy guapo al igual que Max.
—Con qué Celestino eh... interesante nombre tiene el chico —bromea mi amigo.
—Cállate, es un nombre hermoso, me pregunto cómo será él —musite pensativa—. Aparte, si es como ella dijo, es probable que nos esté escuchando, aún recuerdo lo del probador —dije entre risas.
—Cómo olvidarlo… —dice mi amigo, con una marcada mueca de espanto— por eso dijo que tenía sentido del humor la mujer.
Y en cuanto a cómo es... seguro es todo un “dios del Olimpo” —dice sarcásticamente—.
Solo tú piensas en eso, es un ángel, o algo así, capaz es solo como una lucecita, como en tus sueños.
—No, ya te dije que lo he visto, pero nunca su rostro, a eso me refería. Alguna apariencia debe tener, aunque sea para mostrarse ante nosotros. Creo... —afirmé bastante dudosa.
Después de “pelear” con Max un rato sobre la apariencia de mi ángel, le dije que se quedara a dormir, ya que era algo tarde.
Cenamos, y luego solo se fue al cuarto de invitados que utiliza bastante seguido, donde hay hasta pijamas y mudas de ropa en el armario, es como su propio cuarto en mi casa.
Yo también tengo uno con muchas cosas en la suya, después de tantos años se volvió algo necesario.
Después de compartir tantos momentos juntos, teníamos la suerte de que nuestras familias, a pesar de la distancia entre ellas, aún decidieran apoyar nuestra hermandad.
Ambos éramos el pilar más estable en la vida del otro, ya que nuestros padres eran conscientes de la anormalidad en nuestros núcleos familiares.
Dudo mucho que alguien haya cuestionado nuestro vínculo.
Al terminar un largo día, creí que en cuanto mi cabeza se apoyara en la almohada, el sueño se apoderaría de mí.
Sin embargo, en el momento en el que me encontré sola, y lejos de las bromas de mi amigo, lo único que se apoderó de mí fueron mis pensamientos.
Sentir las respuestas tan cerca de mí, en lugar de calmarme, me llenaba de ansiedad.
Me generaba demasiado miedo pensar que mis esperadas respuestas, escondieran un oscuro desenlace.
Lo único que me traía algo de paz, era esta recién descubierta presencia en mi vida, Celestino .