Capítulo 12
— ¡N o lo puedo creer! No tiene sentido, o sea, sí lo tiene, pero... ¿Cómo va a ser posible? —dije mientras empecé a caminar en círculos.
Pero las verdaderas vueltas, están ocurriendo en los adentros de mi mente.
Mi parte racional siempre quiso atribuir todos aquellos presentimientos, sueños y voces a mi imaginación desbordada, que imaginaba escenarios esperanzadores para no caer en la tristeza.
Mientras que la otra parte de mi se aferraba con demasiada fuerza a esas ideas, al punto de que eran el motor que me mantenían día a día, y año tras año.
La cálida compañía que me confortaba, que me libraba del sentimiento de soledad, siempre fue un punto de introspección en mi vida, que siempre atribuí simplemente a que disfrutaba de mi propia compañía.
Pero ahora que me estaban dando mis esperadas respuestas, no podía creerlo.
No es que no crea en el más allá, ni en seres sobrenaturales; sabía que algo me había traído hasta aquí, pero siempre fue algo lejano a mi vida, esas cosas que solo parecen existir en ocasiones y muy lejos de tu hogar.
Sobre todo porque con la desaparición de mi hermano mi familia rezaba constantemente, le pidió ayuda a todos los dioses y santos que uno pudiera imaginar, e incluso buscó ayuda de una “vidente” reconocida, y nunca tuvimos respuestas.
Diría que siempre pensé que ciertas cosas similares existían, pero no tan cercanas a nosotros.
Es irónico, yo creía con firmeza que algo como lo que relata Isabelina estaba pasando, deseaba que me lo dijera, pero creo que jamás pensé como mi mente procesaría mis deseos materializados.
—Pues créelo, niña, porque él está aquí, aquí junto a ti, por él volví a buscarte —afirma mientras toma asiento.
—¿Está aquí ahora?, ¿cómo que por él volviste? —pregunté cada vez más intrigada, dando unos pasos al frente hacia donde ella estaba.
—Siempre está contigo de una forma u otra, pero en este momento está con nosotros en esta habitación —comienza a reír—, tienes que saber que te toco un ser con gran sentido del humor y preocupación por ti.
Capaz de romper muchas reglas para verte bien.
Y respecto a tu otra pregunta... pues sí, él se presentó ante mí para pedirme ayuda.
Yo ya había notado su presencia en la fiesta, pero no le di importancia.
Esa misma noche, él se presentó para contarme lo que estaba pasando y pedirme apoyo.
— Wow ... supongo que ahora tienen un poco más de sentido aquellas voces —trate de restarle seriedad a la situación, para poder bajarlo a tierra—. Pero... hay algo que aun no entiendo, ¿por qué él necesita su ayuda si es un “ángel”? Mi ángel... —rectifiqué mi afirmación con duda.
—El término ángel no sería el más adecuado —asegura con cierta contrariedad en su voz, tomando una pausa al finalizar—, pero digamos que aún es nuevo en esto...
y la ayuda que me pide es más hacia ti, él necesita comunicarse contigo más directamente.
Y para eso, niña... hay que abrir canales, él no siempre puede hacer todo y más si hacer lo que desea implica romper ciertas normas básicas.
Tú debes aceptar esto, de forma consciente.
—O sea... ¿Qué tiene algo que decirme y todas esas voces y sueños fueron todos verdaderos?, ¿y esa “compañía” que siempre sentía era él?
Debo preguntarlo en voz alta, porque independientemente de que me estén diciendo exactamente lo que se supone que esperaba escuchar, jamás se me había cruzado por la mente de una forma tan abrupta.
—Tiene algo muy importante que decirte, incluso diría que decir... es poco. Él va a ayudarte con una de las mayores incógnitas de tu vida, pero todo eso te lo dirá él, yo solo voy a ayudar a que logren encontrarse.
En este momento estoy sintiendo una emoción indescriptible dentro de mí, mi vida está a punto de dar un giro drástico, siento que después de hoy, todo va a cambiar.
Y aunque quizás lo que descubra no sea lo esperado...
será una respuesta, y al fin podré seguir con mi vida.
Aunque no sabría decir si mi cuerpo se inclina más hacia la felicidad o hacia el miedo.
Porque las respuestas implican un fin, pero no podía saber si era el fin de mi tristeza o de mi esperanza.
—Muchas gracias, Isabelina... no sabe cómo le agradezco lo que va a hacer por mi —dije mientras me lancé a abrazarla como una niña pequeña.
Puedo ver el asombro en sus ojos, pero también cierta ilusión y afecto.
Cuando me devolvió el abrazo sentí una calidez inesperada y reconfortante, mi nerviosismo disminuyo y mi corazón volvió a latir con normalidad.
Su cercanía estabilizó mi sistema y me hizo sentir como si pudiera aceptar con normalidad todo lo que acababa de decirme.
—No agradezcas, querida —me pide educadamente la señora— lo hago de corazón, el cielo me ha entregado un don y sería muy egoísta no usarlo. Pero ahora deben volver, nos reencontraremos mañana, y puedes traer a tu amigo las veces que quieras.
Y en ese instante me doy cuenta de cómo Maximiliano se mantuvo al margen de toda nuestra conversación, y aún no logro entender por qué.
Suele ser algo indiscreto, más bien muy indiscreto, pero permanecía en total silencio.
No sé si estaba tan desconcertado como yo, o si simplemente no sabía cómo intervenir.
Al observarlo su semblante era serio, su ceño estaba parcialmente fruncido, como si tratara de dilucidar algo, mientras que su mirada se turnaba entre Isabelina y los alrededores de la amplia habitación.
Su vista en ningún momento se chocó con la mía, para poder tener una idea de sus pensamientos, supongo que aún no tenía una opinión definida de todo esto.
Después de eso nos despedimos de Isabelina, esperando que llegara el día de mañana.