Más allá de nuestros ojos Capítulo 11
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Capítulo 11

—Hola, señora Isabelina —salude lentamente, algo confundida— ¿sobre qué tenemos que hablar?

Sentía como mi pecho se presionaba y como los músculos de mi nuca se endurecían por la tensión. Pero más allá de ese malestar, una pequeña esperanza despertó en mí, una esperanza que había decidido que no volverme a permitir.

—Quizás sería mejor que me acompañes —sugiere mientras desvía su mirada hacia Max.

—Iremos con usted —afirmé, palpando sus intenciones de dejar a Max fuera de esto.

Aunque me inspire grandes confianzas aquella señora, no deja de ser una completa desconocida, y Max no deja de ser mi amigo y confidente.

—Bien, vengan los dos, quizás hasta sea mejor —afirmó ella al mismo tiempo de que le hizo una seña a su chofer, el cual inmediatamente baja del auto y nos abre las puertas traseras.

Fue en ese momento que noté la magnificencia de aquel auto negro, que poco le faltaba para ser una limusina. Ya después de varios minutos dentro del auto, cuando ninguno había emitido comentario alguno, me atrevo a preguntarle a dónde nos dirigimos.

—Vamos a mi casa, se encuentra a dos kilómetros de la ciudad y en cuanto nuestra “charla” termine, Julián, mi chofer, los devolverá a dónde los encontramos.

—Me inquieta un poco la forma en la que mencionó lo de la “charla”, señora... —confiesa mi amigo, bastante fuera de lugar.

Lejos de lo que imagine, al parecer a Isabelina el comentario repentino le hizo gracia, debido a que soltó una sonora carcajada y añadió:

—Ya lo verás, chico... ya lo veras. Pero no te preocupes, nada que no puedan afrontar o ya no sospechen.

El viaje después de aquella conversación se hizo bastante ameno, incluso diría que bastante rápido.

El auto se adentró en una carretera de pedregullo, donde pudimos divisar un gran muro de piedra junto con un portón antiguo, se asemejaba a las entradas de aquellos palacios de cuentos.

Pero nuestro leve asombro por la entrada se volvió gigantesco al ver un palacete blanco, tan inmenso y fabuloso que parecía una versión más pequeña de un palacio de la realeza.

Aunque nosotros también estemos acostumbrados a casas de buen nivel, esto era demasiado.

Nuestras familias son menos extravagantes, tienen casas buenas, lindas y cómodas, no fortalezas.

—Siéntanse como es su casa —nos recibe Isabelina con una sonrisa, ya entrando por la portada—.

Ahora, les voy a pedir que me acompañen a una habitación más cómoda para hablar adecuadamente.

Nos guía entre pasillo y pasillo, mientras que nuestros pasos hacían eco en el piso de mármol, hasta llegar a una gran biblioteca y sala de estudio, la cual, como el resto de la casa, era muy espaciosa.

—La escuchamos —repetimos Max y yo casi al unísono, notablemente nerviosos y confundidos.

Si Isabelina no me dijo nada de alguna “extraña voz” en la fiesta, dudo que lo haga ahora. ¿Realmente será sobre eso? ¿Tendrá relación con Thomas?,

Mi interior pide a gritos respuestas, pero mi cuerpo debe verse sereno.

—Bien... creo que tu bien sabes por dónde va esto. Y quiero decirte que no debes contarme nada, yo ya conozco toda tu historia, él me la contó.

—¿Él? ¿Maximiliano?, ¿tu? —cuestione una vez tras de otra. —¡Eh! No, yo no le dije nada, ¡ella miente! —exclamó Max, visiblemente más indignado y confundido que yo.

—¡No, chicos, no! Me refiero a Celestino —sentencia aquella señora. Mientras nos hace señales de calma con sus manos.

—¿Celestino? —preguntamos ambos.

Creo que deberíamos hablar menos al mismo tiempo...

—Como escucharon, quizás, Iroda... lo conozcas mejor por “amigo imaginario” o “endemoniada voz” —añadió con una risa ligera.

Siento como todo me da vueltas, la presión en el pecho no desaparece y un extraño calor recorre sutilmente mi cuerpo. No logro hallarle sentido a esta situación, ni a las palabras de Isabelina. No sé qué pensar, y por la cara desconcertada de Max... veo que estamos iguales.

—No puede ser —murmuré mientras daba vueltas— ento... entonces, ¿es una persona?

—Él es como tú “ángel guardián” digamos, aunque no sería la definición más precisa, un alma que te acompaña y te cuida a cada momento. Es tu protector.