Más allá de nuestros ojos Capítulo 10
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Capítulo 10

V olvía a casa mientras admiraba los bellos jardines que hay en mi barrio, a pesar de ser un lugar tan agradable a la vista, eran contadas las veces que me detenía a observar a mi alrededor.

Tanto las casas como los jardines eran bonitos, de mayor o menor tamaño, de distintos colores, pero poseían una característica en común, el estatus, algo habitual donde el dinero no era un problema.

En mi mente, era una ironía observar la tranquilidad y la belleza a mi alrededor, como si nada pasara, como si estuviéramos en un ambiente ideal, donde solo hay familias perfectas.

En la mente de muchos, la desgracia siempre debía tener otra fachada, una menos ideal.

Y eso parecía repercutir en mi mente, por un lado el estereotipo era como esos chistes ácidos de los que solo uno se puede reír.

Y por otro, me generaba ira que el caos estuviera solo en mi mente, en un lugar donde todos lo pueden ignorar.

Donde se puede fingir que la desaparición de Thomas es más un problema psicológico que una realidad.

A lo lejos, empiezo a escuchar que alguien grita mi nombre, lo que me saca de mi mar de pensamientos.

—...¡Iroda! ¡Irodaaa! —de inmediato reconozco a mi molesto amigo, que se encontraba corriendo muy desesperado a mi alcance.

—¡Hola, Maxi! —lo saludé divertida—, ¿qué haces por aquí?

—Tu madre me dijo que habías empezado con el grupo de apoyo hoy cuando llamé a tu casa, así que quería ver cómo te fue —dijo, todavía agitado por haber corrido.

—Me fue bastante bien... quizás mamá tenía razón, y era lo que necesitaba.

—Me alegra que digas eso, vas a ver que tarde o temprano todo encontrará su sitio —afirma mientras me da un gesto de apoyo.

—Puede que tengas razón —le aseguré—, y cambiando de tema, ¿tú auto?

—En el taller...

—¡No puede ser! —exclamé sorprendida, ya que su auto jamás había pisado el taller.

—Si… te juro que es verdad —afirma de mala gana—. Pero todo fue culpa del vecino eh, dejé el auto un rato en la vereda, él fue a sacar su auto y ¡pum! Chau retrovisor derecho.

Su improvisto no pudo hacer más que causarme carcajadas. Max siempre ha tenido una habilidad para despertar emociones positivas en mí, en los momentos menos esperados. Incluso cuando sus intenciones no son precisamente causarme diversión.

—Creo que es lo primero que me hace reír en días —le confesé.

A lo que él no pudo evitar soltar una risa muda, acompañada de una sonrisa de no tienes remedio.

Después de eso continuamos hablando de su pobre auto y lo enojado que estaba, de las series que tenemos que terminar y los planes que tenemos pendientes.

La conversación fue fluyendo, en ningún momento hubo silencios entre en un tema y el anterior.

Entre risas y anécdotas, por algunos instantes, todo pareció estar bien.

Cuando ya faltaban pocas cuadras para llegar a casa, un auto negro con vidrios polarizados comenzó a avanzar lentamente cerca de nosotros, al punto de que parecía que iba a detenerse justo a nuestro lado.

Lo que era en extremo llamativo en un barrio residencial con tan poco tráfico.

En cuanto note ese detalle, el susto me llegó a las entrañas, sentí como un escalofrío recorría mi cuerpo.

Ladee sutilmente la cabeza para poder ver a mi amigo, el cual con sus ojos ya me dejaba más que claro que había pensado lo mismo que yo.

Él me tomó del brazo, e hicimos el amague de salir corriendo en dirección opuesta al coche.

Pero en ese instante se abrió la ventana del acompañante y pude ver a aquella señora rubia que tantos anhelos había despertado en mí.

—Espera, Iroda, nosotras tenemos algo muy importante de que hablar... —dijo serenamente.

Sin embargo, sus cálidas palabras no lograron calmar el sudor frío que corría por mi nuca.