Más allá de nuestros ojos Capítulo 5
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Capítulo 5

— N o puedo creer que con toda la ropa que tienes, me hagas traerte a comprar un vestido y te compres uno que ni te probaste —exclama Max divertido mientras saborea su helado.

—Porque ya sé que me queda perfecto, es justo lo que quería y es mi talla.

—Mmm, si tú dices —ríe relajado— y… ¿Qué fue lo que pasó en el probador? ¿Discutiste con el espejo? —dice burlón y sarcástico.

—Eso es parte de lo que tenía que contarte… tu sabes todo de mí, no tendría sentido que no te cuente esto —murmuré, dudosa y con la cabeza gacha.

—Me preocupas, Iroda… ¿Qué sucede? —detiene nuestra caminata, y se para frente a mí con un gesto extrañado.

—Mejor sentémonos… —dije mientras me dirigía hacia el banco cerca de la heladería—. Sabes que yo nunca he podido aceptar la versión que tienen mis padres de la desaparición de mi hermano... nunca he creído que esté muerto.

—Sí... —responde con cierta precaución— y yo te apoyo en todo, sobre todo en lo que concierne en descubrir la verdad sobre Thomas... pero no entiendo qué tiene que ver él en todo esto.

Finalmente... después de tanto, me sincero totalmente con Maximiliano.

Le explico todos los motivos que me han llevado a creer tan firmemente que Thomas está vivo, desde ese escalofrío que recorre mi piel, como si algo nos conectara.

Hasta aquella endemoniada “voz” que ya no solo la siento en mi nuca, sino que llegó hasta mis tímpanos...

la cual se mete en mi vida con la fuerza de un oleaje que azota la arena.

Aquella voz que se mete en mis sueños mientras me lleva por las nubes siendo la viva personificación de la luz, una luz que me ilumina rompiendo los parámetros de lo que creo posible.

Un sueño tan real que ahora lo estoy viviendo despierta de un modo que jamás cruzó ni por mis pesadillas.

Para finalizar mi larga historia, que Max escucha mientras se cuestiona si le estoy jugando una mala pasada, estoy loca y me tiene que llevar a internar, o en serio puede ser real. Le cuento mi planeado encuentro con la clarividente en la fiesta de mañana.

—Espera, espera, —habla finalmente—, me estás queriendo decir que uno de los hechos más trascendentales de tu vida se lo contaste primero a la profesora de piano y luego a mí, ¿o estoy entendiendo mal?

—¡Ahg! Lo tendría que haber supuesto...

—¿Qué cosa?

—Que te tomas todo como una broma Maximiliano, te estoy diciendo algo muy real y serio —le grite ya cansada, poniéndome en pie.

—Para, Iro... para, solo quería sacarle tensión al asunto —dice un poco asustado por mi reacción—. No sé si estás loca... o realmente esto podría ser más que un brote psicótico, pero voy a hacer todo para averiguarlo, Iroda, y sé que lo sabes, por algo me lo contaste...

—¿Entonces me vas a ayudar con Isabelina mañana?

—¿Isabelina?

—¡La clarividente! Dios, hoy estás más tonto que de costumbre —conteste, con falsa indignación.

—Estoy considerando irme y dejarte aquí... —afirma ahora falsamente serio.

La risa llega a mi con ganas por la amenaza de mi amigo.

Después de eso, seguimos recorriendo las tiendas, sin más charlas sobre hermanos desaparecidos, ni extrañas voces, solo una conversación común y corriente de dos adolescentes ya algo crecidos, como si todo estuviera bien aunque sea por un momento.