Capítulo XIII #2
—Sabes que me gusta estar con vos y creo que debo contarte que mi relación con mi esposo no está bien desde hace tiempo. Él nunca está en casa, debe atender a sus pacientes a cualquier hora, hace guardias y esto me llevó a sentir cosas que no pude evitar.
—¿Qué cosas? Pregunté sorprendida.
—Primero quiero que me prometas no juzgarme sino entenderme.
—Está bien, hablá de una vez.
—¿Te acordás de Ernesto, el amigo del fulano?
—Sí, creo que me acuerdo, era ese chico con aspecto de artista de cine. El que se hacía el importante frente a las mujeres, es decir nosotras.
—Sí ese. Ernesto es mi amante.
—Tu qué- Pregunté nuevamente totalmente extrañada.
—Mi amante, tal como lo oís.
—Cómo sucedió. Quiero todos los detalles.
—Bueno. Hace más de dos meses apareció en casa cuando no estaba su amigo, pretendiendo que no sabía.
Era de noche y lo invité a pasar y le ofrecí una copa de vino.
Él aceptó y quedó sentado en el sillón del living mientras yo servía.
Más tarde luego de charlar sentí que me miraba no como amigo sino como hombre.
Supe inmediatamente que esto pasaría a mayores y le pedí que se fuera porque era tarde.
Al accedió pero a la mañana temprano sonó el timbre.
Eran las siete de la mañana cuando abrí la puerta con la bata.
Cuando entró me tomó la cabeza y me besó.
—¿Y vos qué hiciste?
—No pude resistirme. Hacía tres semanas que no hacía el amor, y lo que me hizo sentir fue fantástico.
—¿Y luego qué?
—En ese momento mi bata cayó al suelo y sucedió lo que tenía que suceder. Hicimos el amor de una manera tal que llegué al éxtasis total.
—Bueno si para vos esto es bueno, yo no soy quien para decir lo contrario. Le dije sin alentar lo que estaba haciendo.
—Yo pensé que debías saberlo porque el ocultarlo es lo que le da el sabor de lo prohibido, pero a su vez necesitaba contártelo. Creo que siento culpa y debo sacármela de alguna manera. Vos sos mi amiga, mi mejor amiga.
Casi a media noche mamá se durmió, sin decir o hacer comentario, descansó un poco más.
Sigilosamente todos la imitamos.
A la mañana siguiente, al levantarnos las ideas de mami estaban más claras.
No había recordado pero se veía con más fuerza.
Una tranquilidad asomaba por todo lo que veíamos o escuchábamos y la luz de nuestros ojos, estallaba con fuerza.
El camino nos sería mostrado poco a poco, ya no nos haríamos problemas por lo que encontráramos o lo que no, el tiempo ya nos corría de cerca, porque decidimos que lo que no encontrábamos hoy lo encontrábamos mañana.
Si teníamos que volver a nuestros hogares sin nuevos descubrimientos lo haríamos.
Mamá estaría acompañada por Dolores, Ada y su hijo quienes no la dejarían sola en la búsqueda.
Solo sentíamos placer por vivir cada momento en la ciudad, en la casa y sobre todo disfrutar de la compañía de mamá por primera vez, como hacía mucho que no podíamos por el resentimiento que nos apesadumbraba por la ida de nuestros padres.
Ya no le echábamos la culpa a ella de nada.
Sabíamos que se había entregado de llena y con lo que sabíamos de tía nos había hecho revivir la historia de mamá que con mucho gusto se había dado vuelta para pasar de victimario a víctima.
Comprendimos que cada uno de nosotros se había alejado de la casa por no querer enfrentar la verdad. No podíamos admitir que habíamos sido abandonados. Incluso mis hermanos no podían formalizar las situaciones de amor que les tocaba vivir.
Por todo esto, despertamos del sueño en que estábamos y decidimos vivir.
Los sentimientos, uno los pone a prueba día a día, pero con más fuerza los sentíamos en ese momento. Decidimos acercarnos unos a otros y permanecer unidos para siempre pasara lo que pasara.
El ruido del motor de la camioneta de Lorenzo se escuchó. Clara me hizo señas, para que distraiga a los demás. Los llamé desde el jardín cuando el timbre sonó. Mi hermana atendió a Lorenzo en el living.
A mamá la curiosidad la mataba, era absorbente y te perseguía hasta el cansancio hasta que lograba su cometido, creo que sabía que era él que había llegado y como quien no quiere entró a buscar la tijera de podar, pero de paso fue a ver quien estaba. Al verlo lo saludó amistosamente.
—¿Sabes algo? ¿Encontraron más evidencias? Preguntó mamá al momento.
Con una sonrisa Lorenzo le respondió- Nada de eso solo he venido a ver a Clara.
—¿A Clara? Consultó con los ojos desorbitados.
—¿Cómo? ¿No saben? Dirigiéndose a ella.
—¿Qué es lo que deberíamos saber, hija?
—Mamá no te creo que no sepas lo que nos está sucediendo a Lorenzo y a mí. Siempre descubriste mis amores.
—Bueno creo que en algunas cenas en casa de Ada, presentí que sus miradas no eran la de dos simples conocidos. Creo que son ustedes a quienes les corresponde decirme qué es lo que sucede.
—Simplemente, el amor Doña Rosa. Espero que vea con buenos ojos que sea yo quien dé felicidad a una de sus hijas, que por cierto, fue lo mejor que me ha sucedido en la vida. Le respondió Lorenzo pausadamente y con ansias de ser aceptado.
—Si mi hija dispone que vos, Lorenzo seas su amor por mí está bien. —¿Qué dice tu madre de esta unión?
—Ella no es quien está enamorada. —dijo tranquilamente.
—Sí, es lo lógico, pero sabes que nuestras familias se han unido por una fatalidad, la historia de tu tío y Amelia ha marcado a fuego las relaciones.
—Estoy de acuerdo. Pero la relación de ellos fue diferente. Explicó.