Más allá de los planos: Los secretos de tía Amelia Capítulo VIII
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Capítulo VIII

Las amistades

Con algunas situaciones esclarecidas y otras más confusas que nunca, regresamos al estudio de Dolores para revisar nuevamente las fotografías.

Ella nos dijo que por lo menos medio rollo de fotos que había tomado en la cocina de la casa se habían velado e incluso aquella que nos había sorprendido a nosotros en el lugar.

Esto nos llamó poderosamente la atención así que le pedimos que lo intentase nuevamente. Ella respondió afirmativamente.

—¿Quieren ir ahora mismo?

Sí, no tenemos mucho y queremos seguir nuestra investigación.

Tomó su cámara y se dirigió hasta la casa, mientras nosotros fuimos a charlar con una señora que había sido compañera de teatro y había actuado con tía.

Tenía unos ochenta años y vivía en una casa en las afueras de la ciudad junto a su hija y sus nietos.

Nos estaba esperando, pero su hija nos alertó del estado de su memoria. Era lógico no cualquiera llega a vivir tanto sin que desgaste algo de nuestro cuerpo. Igual quisimos escuchar su versión de los hechos o por lo menos parte de ellos.

Estaba muy arreglada y perfumada. ¿Quién hubiese pensado que tenía esa edad? Aún usaba tacos altos y no llevaba bastón.

Cuando le preguntamos por la historia de tía, frunció el ceño desgastado por el tiempo, luego de algunos minutos comenzó con la historia:

Amelia, querida Amelia. Fue mi gran amiga, parece que fue ayer cuando nos conocimos por casualidad en una sala de teatro.

Ese día si no me falla la memoria te diría que se estrenaba una obra y yo estaba parada afuera esperando a otra amiga que nunca llegó.

Así fue como ella muy amablemente me invitó a entrar y nos sentamos juntas.

Al salir fuimos a una confitería a tomar un café charlamos de nosotras, nos conocimos y desde aquel momento nos hicimos grandes amigas.

Después de un tiempo, ella conoció a un estanciero muy rico que la enamoró como nunca lo había estado, pero fue la fatalidad la que golpeó a su puerta porque poco le duró la felicidad.

Él parecía un buen muchacho, era de una familia de alta alcurnia, acostumbrado a la buena vida. Los peones trabajaban el campo y él junto a su hermano y a su padre llevaban los negocios de la familia.

Viajaba mucho y de regreso traía regalos valiosos. Ella al principio no los aceptaba pero luego de un tiempo pensó que no dañaba a nadie.

Cuando él la llevó a conocer a su familia, su madre no la aceptó porque trabajaba en el teatro y no veía con buenos ojos esa unión. Fue entonces cuando comenzó la guerra de este muchacho con su familia, quien se enfrentó a todo y a todos, pero comenzó a beber para sobrellevar la situación.

Luego se comprometieron y se casaron al poco tiempo. La felicidad fue completa, pero el alcohol hace estragos en las personas y allí comenzó una vida llena de espinas y dolor para tu tía.

Más adelante tuvieron un hijito que falleció porque estaba enfermizo de los pulmones y por esa época no existía la penicilina así que fue imposible salvarlo.

Nunca más, luego de aquel momento volví a ver a tu tía, no sé que más pudo pasar, pero la vida la había golpeado duro en poco tiempo. Ella solía decirme:

Si el amor no toca a tu puerta

es por que no te busca,

y si no te busca,

Cómo te va a encontrar.

Solo abre tu corazón y allí

Hallarás tu felicidad.

Creo que así era, o por lo menos parecido.

Sabiendo que la señora tenía mal la memoria les pareció que aquellos recuerdos no eran del todo verdaderos. Algunas referencias eran buenas, otras en cambio un poco fallidas, optamos por tomarlo como una información más.

Luchamos por conseguir más y llegamos hasta un hombre llamado Feliciano que con los datos aportados por la amiga pudimos hallar.

Era un señor muy refinado, del ambiente que frecuentaba tía y logramos que él aportara algunas precisiones más.

Así nos contó que ella estaba muy enamorada de un hombre que la maltrataba hasta el cansancio.

Que al querer liberarse de los golpes y formar una nueva familia este hombre había matado o hecho desaparecer a ese muchacho tan bueno que la había cuidado y consolado durante mucho tiempo.

Yo fui muy amigo de ella, creo que más que amigo fui su confidente pero creo que no les puedo contar más de lo que ella hubiese querido. Lo demás tendrán que resolverlo ustedes, siempre y cuando ella así lo dispusiera en vida.

-Tía, ya no está- dije como queriendo sacar más información.

Ya lo sé. Pero cuando se hace una promesa, es una promesa. Lamento que más información no salga de mi boca. Creo que ustedes descubrirán la verdad.

Igual sus datos nos han sido útiles. Dije agradeciendo la amistad.

Feliciano, un hombre enigmático. Tenía una personalidad definida y valores. Sus gestos y ademanes indicaban que era homosexual. Su voz sonaba aflautada.

-¿Qué bueno sería tener un amigo como él? Dijo Clara resignándose a su falta de amistades.

—Sí, estas personas son los mejores amigos. Bueno al menos no estuvo tan sola. Parece que la familia fue la única que se mantuvo al margen de la vida de Amelia. Manifesté.

—¡Esto no puede quedar así! —Nada puede ser tan malo en la vida de una persona. ¿No te parece?

—Pienso lo mismo, creo que nuestro objetivo es reivindicar a esta persona que en vida había sufrido el exilio de la sociedad completa.

Destierro, exilio, son todos sinónimos con un mismo significado.

Son solo palabras que se usan para describir la soledad en este caso de una mujer que no siguió las reglas que demandaba la sociedad del momento.

Pero aquel que es inocente, que arroje la primera piedra, seguramente nadie podrá hacerlo.

¿Cómo una sociedad podía interferir tanto en la vida de una señora, que lo único que buscaba era ser feliz?

Y cuando me refiero a una sociedad lo hago desde la posición que tomaron las personas que decían ser sus amigos y amiga, compañeros de teatro, público, pero por sobre todas las cosas a su familia y quien sabe cuantos más.

¿Ellos eran tan perfectos para alejar a tía? Me hubiese gustado tener el poder de volver el tiempo atrás para decirles unas cuantas verdades y defender a esa mujer indefensa. Pero eso era solo una ilusión.