Capítulo 108 La Propuesta Inesperada
I. El Regreso Urgente
Erik estaba en estado de shock, pero la emoción y la necesidad de actuar se impusieron. Su mente trabajaba a mil por hora: había arriesgado el futuro de su hijo con su estúpido juego de celos.
Llamó al coche con urgencia y, con una delicadeza extrema, la llevó rápidamente a casa.
Entraron en su ático, el escenario de su amor y su ruptura, y la sentó en el sofá con suavidad, asegurándose de que tuviera un gran vaso de zumo natural.
Estaba abrazado a ella y besándola sin cesar. De repente se levantó:
—¡No te muevas! —ordenó, con la voz aún vibrando por la adrenalina—. Espérame aquí.
Fue arriba a su dormitorio como un rayo. Bajó las escaleras de dos en dos al volver, casi tropezando con la prisa. Las manos le temblaban de emoción y miedo a partes iguales: miedo a ser otra vez rechazado y emoción por el futuro.
La Pedida
Marta lo miraba con curiosidad, intentando adivinar por qué corría tanto. ¿Iba a buscar un documento? ¿Se le había olvidado algo urgente? La tensión era máxima, pero su corazón ya no sentía dolor, solo expectativa.
De repente, Erik llegó a su lado. Se detuvo, el rostro lleno de una solemnidad absoluta que Marta nunca le había visto.
De repente, él puso una rodilla en el suelo y la miró.
Sacó una cajita de terciopelo negro del bolsillo de su pantalón.
La abrió con manos temblorosas y, al hacerlo, dejó ver un anillo con un gran diamante que parecía concentrar toda la luz del atardecer.
El joyero había instalado una pequeña luz dentro de la caja, que lo hacía parecer aún más irreal, como una estrella caída.
Erik, con la voz tomada por la emoción y el amor, sin poder articular una frase completa:
—Marta… es… es… Cásate conmigo. Por favor.