Capítulo 105 La Súplica Rota
La Revelación
Las palabras caían como golpes en la mente y el corazón de Erik. La amenaza de la huida definitiva, de vivir en el extranjero, era real. «¡No! ¡No podía perderla! ¡No era justo! ¡Había desinstalado a Evelyn! ¡La había dejado libre! ¡Había confesado sus celos y su amor!».
Salió corriendo detrás de ella por el sendero del Jardín Botánico y la alcanzó. La cogió por la muñeca suavemente, con la punta de los dedos, pero deteniendo su marcha.
Ella se volvió hacia él, con los ojos llenos de desafío pero con lágrimas brillando sin caer aún…
—¿Qué pasa?
Erik, con la voz ronca y la respiración un poco entrecortada:
—No puedes irte.
—¿Por qué?
Erik buscó la única razón racional que le quedaba, la más débil, el último resquicio de control.
—Porque tenemos un contrato de colaboración.
«¡Vaya mierda de respuesta!», pensó Marta, sintiendo la náusea del desprecio.
Marta, irónicamente:
—¿Por esto? ¿De verdad crees que me puedes retener con esta respuesta? Me haces reír.
Erik, rendido, dejando caer la máscara:
—¿Qué quieres que te conteste entonces, Marta? ¿Quieres la verdad? Lo que sea mientras no llores…
Marta, al borde de las lágrimas:
—Algo sobre tus sentimientos, por ejemplo. No puedo seguir así. Me has pisoteado suficientemente. Ni siquiera te importa. Prueba decir “lo siento”.
La Palabra Mágica
La exigencia de una disculpa, aunque legítima, resonaba con hipocresía en Marta. Ella también era culpable.
Entonces, de la boca de él, salió la palabra mágica, la que rompía el hielo del orgullo.
—Lo siento. No pude entenderme a mí mismo, no pude entenderte a ti. Nos equivocamos los dos, pero te pido perdón por lo que a mí me toca.
—Yo también lo siento. No tenía que ser tan impulsiva. No te di la ocasión de explicarte.
Erik se quedó de repente sin palabras. Inmóvil, con el shock grabado en su rostro. No podía creer que ella se estuviera disculpando con él por su frialdad y su huida. El paso más difícil había sido dado, pero para que esto no fuera de nuevo un fracaso, la culpa debía ser compartida.
—¿Y qué más, Marta?
Marta pensó que el pacto de la verdad exigía reciprocidad.
—Pues espero que también reconozcas tus errores.
Continúo con la corrección ortotipográfica completa , sin alterar, resumir ni añadir contenido.