Capítulo 104 El Interrogatorio
El Pacto de la Sinceridad
Marta no perdió tiempo. Era una persona muy directa, brutalmente directa, y la primera pregunta fue al grano, como un hack a su sistema emocional y sin rodeos:
—¿Qué relación hay entre tú y la rubia que te acompañaba?
Erik sonrió ligeramente, sabiendo que esa era una pregunta clave.
La miró desafiante:
—¿Estás celosa?
Marta, tajante, dando un paso atrás:
—¡La que pregunta ahora soy yo! No me respondas con otra pregunta ni con respuestas ambiguas.
Erik se enderezó. Ella no iba a ceder.
—De acuerdo, pero tengo una condición: por cada pregunta tuya tengo derecho a que me respondas sinceramente a una.
—Me parece justo. Acepto.
Erik, con la voz más suave y una sinceridad desarmante:
—No hay nada. Solo la dejé acercarse porque quería darte celos. De hecho, no la soporto.
Marta quedó sorprendida, pero en su interior marcó este punto a favor de Erik. La honestidad le dolía, pero parecía real.
El Intercambio de Acusaciones
Erik:
—Ahora es mi turno: ¿qué relación hay entre tú y tu joven colega tan pegajoso?
Ella:
—Solo colegas y socios.
—Vale, te toca.
La mirada y la voz de Marta se volvieron graves:
—¿Por qué rompiste conmigo?
La cara de Erik también se endureció, repitiendo sus viejas palabras:
—Porque quería algo que no estabas dispuesta a ofrecerme: compromiso.
Se miraban a los ojos fijamente y susurraban las preguntas y las respuestas. Y, dando otro paso, buscando cercanía:
—¿Por qué te fuiste tan rápido? No esperaste nada para salir con tu maleta…
Marta, confesando la verdad de su vergüenza:
—Porque me dolía tanto que no podía soportarlo, y mi orgullo no permite que tú lo veas… Quería que pensaras que no me importaba. Quería vengarme.
El Quiebre
La confesión de Marta, en lugar de calmar a Erik, desató su miedo más profundo: el miedo a ser un simple entretenimiento. Su voz se elevó, olvidando el pacto de sinceridad y gritando, sin control:
—¡Eres tonta! ¿Cómo puedes pensar de esta manera? ¡Rompimos cuando pensaba que esta relación no daba más! ¡No quiero ser un follamigo ! ¿Cuántos más hay aparte de mí?
Ella se sintió ofendida de repente por la acusación, y los cambios de humor debidos al embarazo la hicieron contraatacar con una mentira defensiva. Así que, cortándolo, con la voz temblándole de rabia, dijo:
—¡No es tu turno de preguntar! Te digo que me voy a mudar de esta ciudad, voy a vivir en el extranjero un tiempo. Solo quería ver si vale la pena quedarme, pero no hay nada más que hacer. ¡Donde no hay respeto ni confianza, no hay nada!
Dio media vuelta y echó a andar a paso rápido, dejándolo solo con la bomba de su partida inminente.