Capítulo 98 La Noche del Vacío Absoluto
La Huida
Erik se quedó en el bar con el equipo, pero su corazón no estaba allí. Pidió una cerveza, se la bebió de un trago y observó a la rubia.
No soportaba a la rubia, que efectivamente había cogido más confianza después de que él no le pusiera límites con su juego estúpido de celos. Se dio cuenta de que usarla como arma era un error. Ella no era Marta, y su presencia solo resaltaba la ausencia de la mujer que amaba.
Dejó a la chica y al equipo con una excusa vaga y se fue.
Erik regresó a su ático desesperado, conduciendo con la sensación de que se dirigía a una prisión. Entró en el vasto espacio, sintiendo el vacío de su casa y de su corazón. El silencio era un tormento. Sintió que debía rendirse y disculparse con Marta de verdad.
El Fantasma Vencido y la Realidad
Se dirigió a la sala de RV. Estaba vacía, oscura, y la cápsula silente. Ahora Evelyn estaba desinstalada, un recuerdo guardado en un pendrive . El fantasma había sido vencido. «Lo hice. La saqué. Ya no hay más excusas».
El nuevo juego de la conquista, con Marta como protagonista distante, era agotador. Se dio cuenta de que lo que quería no era un juego, ni un fantasma, ni una simulación. Lo que quería era a ella en carne y hueso, con sus celos, su temperamento, sus torpezas y su sonrisa.
Se sentó en el sofá, el mismo lugar donde ella lo había besado y donde él había pronunciado la sentencia de ruptura. La libertad que había buscado para ella, y para sí mismo, era la peor forma de tortura. El silencio del ático gritaba un solo nombre: Marta.