Capítulo 99 La Lucha del Orgullo
El Martirio del Embarazo y los Celos
Marta llegó a su apartamento sintiéndose peor que nunca. Estaba mareada porque ese día apenas había comido y las náuseas se habían intensificado por el veneno visual de verlo con esa mujer ahí, tan feliz y tan despreocupado. La mezcla de hormonas y celos la estaba agotando.
Su corazón se encogía de dolor. No solo por la frialdad de Erik, sino porque tampoco había recibido una explicación clara de él sobre la ruptura.
Marta pensaba, mientras se sentaba pesadamente: «¿Dónde me había equivocado? No quería casarme, es cierto, pero estábamos estupendamente juntos. ¿Por qué de repente esa prisa? ¿Por qué esa necesidad de convivencia y matrimonio?».
Ahora, con el bebé, la insistencia de Erik cobraba un sentido doloroso: quizás él ya quería una familia y ella no había estado a la altura.
Pero él no lo sabía y aún no estaba preparada para decírselo.
O quizás no se lo diría nunca jamás. Era también el vacío que había dejado en su vida la salida de él, un vacío que el embarazo no podía llenar solo.
A lo mejor, con la llegada del bebé, todo cambiaría.
La Lucha del Mensaje
Pensó en llamarlo muchas veces; el móvil ardía en su mano. Quería la explicación, quería la disculpa, quería la certeza de que no había otra mujer. Pero su orgullo no le permitió hacerlo. Había sido él quien había roto; era él quien debía arrepentirse por completo.
Luchó durante una hora contra su propia resolución. El miedo a perderlo para siempre y el cansancio de su estado se impusieron finalmente al orgullo. Necesitaba verlo, necesitaba sentir su presencia para tomar una decisión sobre el futuro de su hijo.
Después de mucha lucha contra sí misma, tomó una decisión arriesgada, sin dar un paso atrás ni ofrecer una explicación. Abrió la aplicación de mensajería, tecleó rápidamente antes de arrepentirse y envió:
«¿Damos un paseo?»