Mas allá de la realidad Capítulo 95 El Héroe en la Crisis y el Deseo
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Capítulo 95 El Héroe en la Crisis y el Deseo

El Reporte Gélido

Erik esperaba inquieto y con cara seria en la misma puerta de la empresa. La tensión de la crisis se leía en cada línea de su rostro. En cuanto vio llegar a Marta, se dirigió a ella, manteniendo la distancia física y emocional.

Le contó deprisa la situación exacta en ese momento: los firewalls caídos, los servidores inaccesibles y el contador del rescate en marcha. Pero su voz era fría y distante, la de un socio de negocios que contrata a un profesional, no la de un ex amante.

—Es un ransomware modificado, Marta. Ha entrado por el departamento financiero. Necesito que separes todos los datos de propiedad intelectual. Ya he llamado a las autoridades, pero eres nuestra mejor baza.

Marta contestó con el mismo tono profesional, ignorando el peso en su vientre y esperando que él no observara el cambio físico:

—Entendido, señor Voss —fue aún más fría que él, nombrándolo por su apellido—. Necesito acceso total y el esquema de la red interna afectada. No hay tiempo para el protocolo. El objetivo es aislar la payload y proteger los datos sensibles. Ya he llamado a mis dos mejores técnicos.

La Furia en el Teclado

Marta entró en la sala de crisis, un centro de operaciones improvisado.

Ella se sentó delante de un equipo y, con sus compañeros a su lado, empezó a trabajar frenéticamente.

Sus dedos volaban sobre el teclado; su mente, una máquina de procesamiento de alta velocidad, construía defensas mientras el virus destruía.

Debía encontrar el origen del ataque.

La lucha con los hackers era durísima. Había un silencio sepulcral en la sala, roto solo por el sonido rítmico de los dedos tocando los teclados y el parpadeo constante de los monitores.

El Deseo Desesperado

Él la miraba sin pestañear, prácticamente absorbido por su belleza y la concentración total en su rostro.

La imagen de ella, tan intensa y luchando con esa ferocidad por su empresa, lo desarmó.

El muro que había construido se resquebrajó.

Erik no sabía que estaba embarazada; solo notaba que estaba algo más gordita, que su ropa era más holgada y que parecía más cansada, algo que achacaba al estrés del rompimiento.

Erik, pensando, con el corazón latiéndole con violencia: «¡Maldita sea! ¡Qué hace aquí! Se ve tan cansada… Debería estar descansando. ¡Es tan hermosa! Mírala, con esa concentración y esa fuerza. No puedo soportar esta distancia».

El deseo de anular todo el sufrimiento era abrumador. Estaba deseando saltar por encima de todos y echar a la mierda todo, cogerla en sus brazos y escaparse con ella donde fuera, lejos de hackers , de Evelyn y de los contratos. Sentía derretirse por dentro y no soportar más esta situación.

Pero se mantuvo firme en su rincón. Había prometido dejarla libre, y ahora su única opción era mirar a la mujer que amaba luchar por él, manteniendo la fachada de un socio frío y distante.