Mas allá de la realidad Capítulo 85 El Reencuentro Gélido
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Capítulo 85 El Reencuentro Gélido

La Crisis

El ataque era catastrófico. El virus, bautizado internamente como Aeternitas , era un misil dirigido al corazón de la estabilidad financiera.

Esto podía producir daños severos en equipos y pérdidas financieras millonarias, paralizando la operación de sus clientes más importantes. Peor aún, la vulneración de los datos sensibles significaba una catástrofe reputacional para la firma de Marta.

El Reencuentro Distante

Marta entró a la sala de operaciones con el equipo de contención. La tensión era palpable; las luces de los monitores daban un tono azulado y frenético a los rostros de los técnicos.

Todo el equipo estaba ahí, y Erik también, por ser socio y afectado principal. Estaba de pie en una esquina, cerca de la ventana, con el teléfono pegado al oído, gestionando la respuesta pública.

Sus miradas se cruzaron. Fue un choque eléctrico. La de él era distante y fría, como la de un desconocido. Había cumplido su promesa de no molestarla; ahora era solo un socio.

Marta sintió un pinchazo de dolor. Ella tenía curiosidad por su frialdad y lo extrañaba tanto como jamás podía imaginar. El impacto emocional fue tal que sus rodillas temblaron, pero se obligó a mantener un paso aparentemente firme hacia su workstation .

La Inmersión en la Batalla

Todos estaban sentados delante de sus ordenadores, luchando contra el virus desconocido. La sala era un centro de control de crisis. Marta se puso sus auriculares y se dirigió al equipo, la voz ahora la de la líder:

—Necesito un análisis completo de la payload en cinco minutos. ¿Es un ataque dirigido? ¿Es contra nosotros o solo a las empresas cliente?

Marta era una de las mejores del mundo, pero alguien más fuerte, o con una infraestructura más potente, estaba atacando. La adrenalina sustituyó al dolor.

—¡Vamos, chicos! ¡A trabajar! —exclamó, concentrándose en las líneas de código que parpadeaban en su pantalla.

Erik miraba desde una esquina de la sala el trabajo de los técnicos, intentando mantener la cabeza fría y coordinar la respuesta corporativa. La situación era difícil. Observó a Marta, su cabello húmedo por la prisa, su concentración absoluta.

Erik pensaba en su interior, mientras fingía hablar por teléfono: «Mírala… es brillante. Es una diosa del caos».

Y él solo podía pensar en besarla. Su promesa de dejarla ir se enfrentaba ahora a la realidad de su necesidad de estar cerca de ella, incluso en medio de una crisis que amenazaba con destruirlos a ambos.