Capítulo 79 La Rendición Agónica y la Decisión
El Fuego del Rechazo
Las palabras de Marta le quemaron por dentro. Cada declaración de indiferencia, cada repetición del mantra «solo sexo», se sentía como si le clavaran un cuchillo. Su corazón se rompió un poco más con cada día que pasaba bajo la farsa de su noviazgo.
La espera se hacía eterna. El silencio de ella, la negación de todo lo que habían compartido, lo estaba volviendo loco. «¿Cuándo acabará todo esto?», se preguntaba Erik, con la desesperación de un prisionero.
La Paradoja de la Libertad
Erik luchó durante el día por encontrar una solución.
Había hecho lo impensable: había desinstalado a Evelyn (aunque conservaba el archivo), se había humillado y se había esforzado por mantenerla feliz y contenta con viajes y atenciones.
Incluso había recurrido al engaño, esperando que la atadura del embarazo (que él creía que no había conseguido, sin saber que Marta lo ocultaba) resolviera el problema.
Pero al mirar a Marta, tan distante y fría, se dio cuenta de que su esfuerzo solo conseguía alejarla más. La única compatibilidad que le quedaba era física, y eso no era suficiente para justificar su tormento.
Al ver que no había solución con su indiferencia ni con todo lo que se esforzaba, Erik se enfrentó a la verdad más amarga. Decidió que era hora de romper el acuerdo y dejarla libre.
El Sacrificio
Al caer la tarde, Erik tomó la decisión. Se sentó en el sofá, sintiendo su cuerpo pesado por la derrota, y pronunció el pensamiento que lo destruía pero lo liberaba: «Basta ya. La estás torturando. Te estás torturando. Si la quieres de verdad, déjala ir».
El dolor de la renuncia era insoportable, pero era un acto de amor puro y desinteresado. «Será más feliz sin mí. Sin mis fantasmas, sin mi pasado. Yo no puedo darle la vida que ella quiere. Es demasiado joven y no merece atormentarse así».
Erik se puso de pie. Se dirigió hacia las escaleras que llevaban a la suite de Marta. Tenía que poner fin a la farsa antes de que su propio corazón se desangrara por completo. La rendición había llegado.