Mas allá de la realidad Capítulo 78 El Dilema y el Miedo
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Capítulo 78 El Dilema y el Miedo

La Catástrofe Biológica

El día siguiente amaneció como cualquier otro: el silencio frío del dúplex, roto solo por los sonidos habituales de la mañana. Sin embargo, para Marta, el sol proyectaba sombras nuevas y aterradoras.

Se despertó con la mano inconscientemente sobre su vientre. La noticia era una catástrofe biológica. El acuerdo, el control, el orgullo; todo pendía de un hilo.

«Esto no puede seguir así. No. No quiero que esto sea un punto de inflexión. ¡No quiero que la vida se me imponga de esta manera! Yo no soy así. Yo planeo, yo ejecuto. Esto es… un sabotaje».

La idea del aborto flotaba en su mente, pesada y fría. Era la única forma de restaurar el statu quo, de recuperar su vida y su libertad.

«¿Seguir? ¿Cómo podría? ¿Y decirle a Erik? Sería una atadura de por vida. No quiero atarme a nadie. No a un hombre que vive a la sombra de su ex prometida. ¡Soy muy joven para casarme! Estaba bien así, dueña de mi tiempo, de mi trabajo».

La verdad más dolorosa era la que no se atrevía a nombrar. Se miró al espejo, con los ojos llenos de una intensidad febril.

«Me gusta. Me gusta Erik. Me encanta su pasión, su inteligencia, la forma en que me mira… pero no quiero ir más lejos. No. Esto es solo lujuria y negocios. Yo… no estoy enamorada».

La palabra se sentía como arena en su boca, un veneno dulce que se negaba a tragar.

El Desayuno y la Ausencia

Marta salió de su suite y bajó a desayunar, manteniendo su actitud distante. Erik estaba en la mesa, vestido impecablemente y leyendo algo.

Erik levantó la mirada, intentando la cercanía:

—Buenos días, preciosa. ¿Has dormido bien? No te he oído en toda la mañana.

Marta, sin mirarlo, concentrada en el café:

—Buenos días. Sí, he dormido bien. Tengo mucha agenda hoy, así que desayunaré rápido.

Erik se sintió frustrado por la distancia impuesta:

—Marta, ¿puedes mirarme, por favor? Sé que estás enfadada, pero no podemos seguir así. Ayer por la noche, en el hotel, no parecías tan…

Marta lo interrumpió con voz helada:

—Anoche fue solo sexo, Erik. Es nuestro acuerdo. Eres un socio conveniente. Y yo soy una mujer que respeta su palabra. Si quieres un ambiente más cordial, te sugiero que mantengas las distancias emocionales, como acordamos.

La frialdad de su respuesta lo golpeó. Erik se sintió de nuevo como una colilla. Susurró, lleno de impotencia:

—De acuerdo, Marta. Pero no renuncio a ti. Haré que te des cuenta de lo equivocada que estás.

Marta sintió cómo su corazón se encogía por la culpa, pero no cedió. Si él se acercaba, corría el riesgo de que lo notara, de que la obligación se impusiera. Se levantó de la mesa, dejando el desayuno casi intacto.

«No lo hagas, Erik. No me obligues a elegir. Me gustas, pero la libertad vale más. Tengo que decidir si esta vida o mi carrera… o si un bebé con él, el hombre que me fascina pero no es libre, es realmente lo que quiero».