Mas allá de la realidad Capítulo 76 El Milagro Silencioso
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Capítulo 76 El Milagro Silencioso

El Plan Desesperado

Al despertarse, Marta sintió el calor del cuerpo de Erik y sus brazos agarrándola con fuerza, como para que no escapara. Lo miró durmiendo; era realmente guapo y no pudo evitar tocar su cara con una caricia suave. Él abrió los ojos y le sonrió:

—Buenos días, amor. —Le dio un beso suave en la punta de la nariz.

—Buenos días. Si no me sueltas de este agarre, me voy a morir asfixiada. —Ella le sonrió también.

—Negociemos, entonces.

—¿Qué es lo que quieres?

—A ti.

—Me lo puedo pensar…

—Vale. —Le dio un beso y la liberó de la dulce prisión de sus brazos.

No volvieron a hablar sobre esto. A Erik le daba miedo presionar para no ahuyentarla de nuevo.

Ahora, después de este viaje, los días eran de trabajo y distancia, y las noches, de pasión y ternura. Ella aún intentaba mantener cierta distancia y volver a su piso los mismos días que antes.

El Amor Carnal

La felicidad había vuelto a la mirada de Erik y todo parecía que iba a volver a la normalidad. Pero en realidad no fue así.

Los días eran simples socios o extraños. Él se dio cuenta de que ella no le contestaba a los mensajes personales cuando estaba fuera, ni de día ni de noche. Esto se le hacía cada vez más pesado porque se convertía en «solo sexo», y no era lo que él quería.

Por otra parte, Marta intentaba mantener la distancia por desconfianza. Esta relación parecía buena, pero en realidad estaba rota.

El Despertar

En el siguiente viaje pidió solo una habitación porque no había sentido estar separados. La noche fue otra vez una locura de pasión y ternura.

A la mañana siguiente, tras la intensa noche en la habitación del hotel, Erik se despertó sintiendo una mezcla de euforia y profunda frustración.

Sabía que la pasión era la droga que los mantenía unidos, pero esto no podía seguir así.

Su relación se había reducido a la cama, y esa compatibilidad física no bastaba para construir un futuro ni disipar el fantasma de Evelyn.

Erik tenía que hacer algo más para que esto tuviera éxito. Necesitaba una atadura, una certeza que forzara a Marta a verlo como algo más que un «follamigo» con fecha de caducidad.

El plan que ideó era desesperado, arriesgado y profundamente inmoral, pero el miedo a perderla lo nubló todo. Sabía que Marta utilizaba parches anticonceptivos —la eficiencia y la conveniencia eran su estilo—.

En un momento de desesperación, Erik tomó una decisión terrible: cambiarle los parches anticonceptivos por unos parches hidratantes normales que había que encargar discretamente a través de un contacto; parches inocuos con un poco de ácido hialurónico que mantuvieran la textura y el aroma.

La seguridad de Marta se vería vulnerada, pero el objetivo era la permanencia.

Aun así, no se atrevió a hacerlo en ese momento.