Mas allá de la realidad Capítulo 75 La Tregua del Placer y el Viaje
69%

Capítulo 75 La Tregua del Placer y el Viaje

El Calendario del Asedio

Aún había esperanza para Erik. La negativa de Marta no había sido un «no» al sentimiento, sino un «no» a su prisión. Decidió que la mejor forma de demostrar que su vida seguía adelante era llenar el calendario con experiencias reales.

Todos los días encontraba algo que hacer juntos, un asedio constante pero divertido:

Un estreno de película en el centro de la ciudad, con alfombra roja y sonrisas para la prensa.

Una tarde en un parque de atracciones, donde volvieron a ser niños, riendo sin control en las montañas rusas.

Una cena íntima y discreta, seguida de horas de conversación honesta.

Y, finalmente, una excursión repentina disfrazada de viaje de negocios a una ciudad costera del sur.

Ella no rechazaba las invitaciones. El contacto con la realidad y la diversión eran un bálsamo, y el cuidado y los mimos del día a día eran demasiado adictivos para ignorarlos.

La Noche de la Habitación de Hotel

Ahora estaban en el viaje de negocios de dos días. Erik había insistido en reservar suites separadas, respetando el acuerdo, pero deseaba que esa noche no terminara en camas distintas.

La agenda de trabajo había terminado. La noche se acercaba.

Erik entró en la suite de Marta llevando dos copas de vino y una sonrisa peligrosa. Ella estaba leyendo en la cama, envuelta en una toalla.

—El trabajo ha terminado, señorita Suárez —anunció Erik con voz suave—. Hora de pasar a la agenda no oficial.

Marta sonrió, riéndose de sus insinuaciones, pero no protestó. Le encantaban las noches con cenas que se alargaban hasta la madrugada, charlando pacíficamente.

—Te he echado de menos todo el día —susurró él, ofreciéndole una de las copas.

Ella se levantó despacio y la tomó. Sus miradas estaban conectadas eléctricamente. Chocaron suavemente las copas y bebieron.

Una gota de vino quedó en el labio de Erik, y ella no pudo evitar tocarla con el dedo índice para secarla. En ese instante, la boca de él se abrió y atrapó el dedo en un gesto extremadamente sensual, chupando la gota de vino y revolviendo las mariposas del estómago de Marta.

Los dos, temblando por el deseo que les quemaba el cuerpo, se fundieron en un beso salvaje, devorándose con una pasión insoportable de contener.

En un instante, las copas se posaron en la mesilla de noche. Los cuerpos se encontraron, la ropa se convirtió en un estorbo arrojado al suelo y la tregua del placer se instaló. La pasión, acumulada por la separación forzada, se desató.

El sexo no era solo una liberación; era la única forma en que ambos se permitían ser honestos el uno con el otro, la única prueba de que su amor era real y de que su futuro estaba sellado.