Capítulo 67 La Adrenalina de la Prohibición
El Fuego Interior
Mientras el flash de las cámaras inmortalizaba el momento de su torcedura y el beso en la frente, Erik se sentía enamorado como un adolescente.
La adrenalina del peligro, la culpa de la mañana y la desesperación de la búsqueda se combinaban con la intensidad de la conexión física.
Las prohibiciones y condiciones impuestas por Marta —la distancia, la negación del amor, el acuerdo con fecha de caducidad—, lejos de enfriarlo, actuaban como combustible.
Harían que todo fuera más palpitante.
Para Erik, cada restricción era un desafío, cada «no», una invitación a la seducción. El juego de la conquista se había renovado bajo las reglas de Marta, y el hecho de que ella estuviera obligada a estar a su lado, aunque fuera fingiendo, le daba una esperanza inmensa.
El Sabor de la Nueva Conquista
Al ayudarla a entrar en el café, susurró con voz llena de una promesa apenas contenida:
—El acuerdo dice que tenemos que fingir ser una pareja feliz en público, ¿verdad, Marta? Pues yo voy a asegurarme de que el público te vea desearme tanto como yo te deseo a ti. A partir de ahora, cada caricia será un recordatorio de lo que te pierdes.
La farsa había comenzado, pero para Erik era la fase más emocionante de una conquista que no tenía intención de terminar nunca.