Mas allá de la realidad Capítulo 64 La Tregua Forzada
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Capítulo 64 La Tregua Forzada

La Mentira Pública

El servicio de habitaciones recibió la indicación de trasladar la cena al restaurante: cena romántica para dos. Pero la verdadera tensión se centró en el alojamiento. Marta, decidida a imponer sus reglas, había llamado a recepción.

—Necesito que reserven una habitación…

—¿Pero qué haces? —le quitó rápidamente el teléfono de la mano—. ¿Cómo vamos a seguir esta obra en habitaciones separadas? ¿Quién se lo va a creer?

Marta lanzó una mirada fulminante a Erik, que fingía inocencia. Así que tuvo que quedarse en la suite con él.

—Duermes en el sofá. Yo en la cama —sentenció Marta—. Puedes usar el jacuzzi. Y no te acerques a mí.

La Cabeza en el Cojín

Bajaron para la cena y la tensión se diluyó gracias al acuerdo. Estaban los dos satisfechos por ello —Marta por limpiar su imagen, que ya había creado algunos problemas en los negocios; Erik por la victoria de su presencia— y la atmósfera se relajó poco a poco.

Marta, que ya venía con varias copas encima antes de la llegada de Erik, no tardó en sucumbir.

La mezcla de estrés, el calor del balneario y el champán hizo efecto rápidamente.

Erik se dio cuenta y la llevó a la habitación.

El abrazo con el que la sostenía no pasó desapercibido para quienes tenían por trabajo espiar la vida de los famosos: los paparazzi.

La sentó en el sofá un momento, esperando que no estuviera tan borracha, pero, en medio de una frase sobre la logística del anuncio, se quedó frita, con la cabeza caída en un cojín y una copa medio vacía peligrosamente inclinada en su mano.

La Tentación

Erik se quedó mirándola. La fiera, la CEO y la estratega habían desaparecido, dejando solo a la muchacha vulnerable. Finalmente pudo hacer lo que más deseaba.

Se acercó a ella, retiró la copa con suavidad y, por fin, pudo acariciar su pelo y su cara sin ser reprendido. La ternura inundó su rostro.

Se inclinó y le dio un beso en la frente.

—Perdóname, amor mío —le susurró—. No era mi intención ser así de cruel. Te prometo que jamás volverá a pasar.

La cargó con sumo cuidado en sus brazos. La blusa de ella se abrió un poco por arriba, revelando la curva perfecta y el borde redondo y firme de su pecho. Erik tragó saliva, sintiendo el deseo físico y la restricción impuesta por ella misma.

La llevó a la cama, la tapó con cuidado y se fue al sofá, donde se tumbó.

Después de dar vueltas y vueltas por la frustración de la cercanía y la prohibición, el deseo de verla triunfó.

Se levantó y se deslizó hasta la cama, metiéndose con sumo cuidado y sin hacer ruido al otro lado.

No la tocó. Solo se quedó dormido mirándola, esperando en silencio que el acuerdo frío de noviazgo se convirtiera en un compromiso eterno.