Capítulo 62 El Choque
El Confrontamiento
El silencio se rompió por el sonido de la respiración agitada de Erik y el latido desbocado del corazón de Marta. El alcohol, la rabia y el dolor le dieron el poder para superar la sorpresa y la valentía de atacar:
—¿Por qué eres tú? —espetó Marta con la voz teñida de desprecio—. ¿A qué vienes ahora? ¡Vete!
Erik dio un paso adelante. Su rostro se suavizó en una máscara de desesperación. Intentó apachugarla y, en un gesto instintivo, abrazarla. Pero ella no se dejó. Aún con la copa de champán en la mano, lo detuvo con la mirada fría y decidida y con un gesto firme.
—¿Quién quiere competir con un holograma? —le dijo, clavándole las palabras como puñales—. ¡Vete! Ahí es tu sitio, en tu sala de realidad virtual. No me interesas, no me importas. Si tan mal me tratas, no vale la pena. Me quedo en mi casa feliz.
La mentira sobre la felicidad era tan cruda como el dolor que sentía. Era su momento para vengarse y desahogar su ira.
La Súplica
Erik sintió el golpe y retiró las manos. Su orgullo estaba de nuevo destrozado, pero ahora el miedo a perderla era más fuerte que cualquier defensa.
—Marta, perdóname —suplicó Erik en voz baja y rota—. Es mi culpa. No debería haberte gritado. Fue la sorpresa de encontrarte ahí. No quería levantar el tono, solo…
Marta lo interrumpió. Su voz estaba cargada de la humillación sufrida.
—¿Levantar el tono? —Su risa fue amarga—. ¡Me echaste! Me dijiste que me fuera de tu casa. No volveré ni si quiebra la empresa.
Erik, desesperado, dio otro paso hacia adelante, intentando salvar lo que quedaba de su vida.
—¡No seas cruel, Marta! —le imploró—. Haré todo lo que me pidas. Tienes que entender que no quiero estar sin ti. Es la primera vez después de tantos años que mi corazón vuelve a latir así… No me dejes solo, por favor.
La súplica era genuina, la confesión más sincera que había hecho. Pero Marta, envuelta en su dolor, solo veía al hombre que la había echado de su vida por una imagen.