Capítulo 61 El Encuentro y las Otras Realidades
La Paz del Hedonismo
Marta estaba completamente entregada a su terapia hedonista. Acababa de salir de su sesión con el masajista y su cuerpo se sentía ligero y renovado. Estaba tumbada en la camilla; solo una sábana le cubría la zona de la cintura. Se sentía relajada y feliz por el tratamiento que había elegido.
Cuando el masajista se fue, se puso una bata y se tumbó en el sofá de la suite del balneario. Tenía el champán en la mano y sorbía poquito a poco de la copa, dejando que las burbujas y el alcohol adormecieran el dolor de su corazón.
Para la cena había pedido servicio de habitación porque no tenía ganas de bajar al restaurante después de la sesión de relajación. No era la cocina de Erik, pero se había asegurado de pedir las cosas que más le gustaban para mimarse y olvidarse del disgusto de los últimos días.
Lo Inesperado
Justo cuando el tintineo del hielo y el suave burbujeo del champán eran los únicos sonidos en la habitación, llamaron a la puerta.
Marta, ya un poco mareada por la copa de vino anterior y el champán, se levantó con pereza y despacio. Su mente registraba que era la cena.
Se acercó a la puerta y abrió sin mirar, con la copa aún en la mano.
—Pasa —dijo con un gesto amplio, permitiendo la entrada, arrastrando ligeramente la voz.
Pero no era la cena.
Frente a ella estaba Erik, con el cabello revuelto por la velocidad del viaje, el abrigo oscuro desabrochado y la respiración agitada por la prisa. Sus ojos verdes, normalmente fríos y controlados, ardían con una mezcla explosiva de alivio, rabia y desesperación.
Marta se quedó congelada, la copa a medio camino de sus labios. La bata de baño y la toalla enrollada en la cabeza eran un contraste total con el traje de viaje de Erik. Dos realidades, dos mundos, acababan de estrellarse en el umbral de una suite de balneario.