Capítulo 58 La Dureza de la Realidad
El Amanecer
Marta se despertó muy tarde, sintiendo un peso menos. El trabajo de la noche la había agotado físicamente, pero había aclarado su mente. Se sentó en la cama y, de repente, pensó en el evento que se había evitado.
«La fiesta de compromiso», pensó. Un alivio recorrió su cuerpo. «¡Muy bien! ¿Quién se quiere comprometer con tal fiera, aunque fuera de mentira?».
La idea de posar junto a Erik, fingiendo un amor que él había negado con su grito, le revolvió el estómago.
La huida había sido la decisión correcta, sin importar el costo emocional.
Él solo quería salvar las apariencias frente a sus socios y colaboradores.
De repente, no se sintió más que cualquier otra mujer que estaría temporalmente en su vida para satisfacer su deseo sexual. Se sintió sucia y utilizada.
La Batalla Perdida contra un Holograma
Marta intentó aplicar la lógica al momento de la pelea. Se sintió culpable por invadir espacios, sí. Pero la verdad era que él le había dicho que tenía acceso a toda la casa, que ya eran una pareja.
«Era solo una sala de juegos, aun cuando ahí estaba Evelyn, un personaje virtual de su juego retorcido», se dijo a sí misma.
El golpe más duro fue la realización de con quién había competido y perdido.
Marta en ningún momento pensó que iba a competir con una persona virtual, con un holograma.
Su rival era un software, la proyección de un recuerdo idealizado.
Ella, real, apasionada, la que le había dado noches de placer y entrega total, había sido rechazada por una imagen congelada en el tiempo.
La realidad fue dura e insultante: la que ganó fue la de mentira.
Y ella, Marta, la socia, la amante, la persona real de carne y hueso, había sido ahuyentada peor que a un perro por un hombre que prefería un recuerdo inerte a una mujer viva. La lógica se impuso con una crueldad final: no podía amar a un hombre que no era libre.