Capítulo 56 El Virus Olvidado y la Terapia del Caos
El Dolor
Marta llegó a su pequeño apartamento hecha un manojo de nervios y lágrimas. Arrojó la maleta a un lado con desprecio, sin deshacerla. Estaba a punto de hundirse en la miseria cuando su móvil, que había puesto a cargar en el taxi, vibró con una llamada urgente.
Era un cliente importante. La voz al otro lado estaba llena de pánico.
—Marta, por favor, ayúdanos. Hay un virus… ha bloqueado toda la red de ordenadores. Es un caos total en la empresa. ¡Estamos paralizados!
La urgencia del problema de hacking actuó como un poderoso desvío del dolor. La mente de Marta, la lógica, el centro de su ser, se activó de inmediato. El desamor, el abandono y la proyección de Evelyn quedaron relegados.
Tiró la maleta a un lado y salió corriendo de su apartamento, ya vestida y lista para la batalla. Mientras corría, llamó a su asistente.
—Celia, te veo en la sede de TechSolutions. ¡Avisa al equipo! Tenemos un ataque a gran escala.
La Terapia de la Noche
El problema resultó ser más grave de lo que parecía. No era un simple malware, sino un virus sofisticado diseñado para provocar el caos total.
Marta se sumergió en el trabajo con una ferocidad inusual. El desafío era lo único que podía silenciar el eco de la voz de Erik gritándole que se fuera. Quería olvidar lo que había pasado con él, y el firewall y el código malicioso eran el escape perfecto.
Tuvo que trabajar toda la tarde y toda la noche.
Horas y horas sin descanso, con los dedos volando sobre el teclado, rastreando líneas de código, buscando la vulnerabilidad, inyectando antivirus y restaurando sistemas.
Era la terapia del caos: cuanto más intensa fuera la crisis externa, menos sentía la crisis interna.
Cuando el sol comenzó a asomar por el horizonte, Marta se desplomó sobre la silla. La red estaba asegurada, el virus neutralizado y el cliente a salvo.
Estaba exhausta; su pelo totalmente rebelde por la trenza deshecha y la cabeza zumbándole, pero había ganado una batalla. Y, por unas preciosas horas, había conseguido no pensar en el hombre de los ojos verdes.