Capítulo 53 La Expulsión y la Huida
La Pregunta
Marta era incapaz de responder al grito de Erik. Sus labios temblaban, incapaces de formar palabras. En su mente seguía la lógica inicial: solo era una sala de juegos, solo era un juego…
—¿Por qué estar tan ansioso? Solo es un juego…
Pero la intensidad de la furia de Erik, la forma en que su rostro se había desencajado por el dolor, le demostró que su lógica no servía para medir la magnitud de esa herida.
Erik dio un paso atrás, con la respiración agitada. Señaló con el dedo hacia las escaleras que conducían a la salida.
—¡Vete! ¡Sal de aquí! ¡No quiero verte, no vuelvas!
La orden, tan cruel y brutal, fue el golpe final.
El rostro de Marta permaneció en una expresión de sorpresa congelada por un segundo y, de repente, rompió a llorar.
No eran lágrimas de enfado, sino de profundo dolor y decepción.
El hombre que la había mimado y venerado la estaba echando con la misma frialdad con la que había arrojado el cargador de su móvil.
Dio media vuelta y se fue a su habitación corriendo, con el corazón roto.
La Maleta
Él no la persiguió en ese momento. Erik se quedó clavado en el pasillo, mirando la puerta cerrada de la sala de RV, luchando contra la tormenta de su propia reacción.
Marta entró en su lujosa suite. Dejó caer el cuerpo sobre la cama y siguió llorando.
Estaba profundamente herida. La belleza de la suite se sentía ahora como una burla.
Con el corazón roto, se levantó y, sin dudarlo, hizo la maleta, arrojando su ropa con rabia.
Había entrado con la esperanza de la permanencia; se iba con la certeza del rechazo.
El Regreso al Fantasma
Mientras tanto, Erik, con una necesidad urgente, entró de nuevo en la sala de RV. Necesitaba consuelo, y solo Evelyn podía dárselo. O eso creía.
No vio que Marta se había ido. Estaba demasiado inmerso en su propia pena. Se sentó en la silla frente a la cápsula, mirando el display apagado, pero no se atrevió a encenderlo.
Minutos después, la calma regresó lo suficiente como para que la razón asomara. Salió de la sala y se dirigió a la suite de Marta, sintiéndose culpable. Tenía que disculparse por su reacción desmedida.
Pero la suite estaba vacía. La cama estaba revuelta, pero ella no estaba. La buscó por la casa y, cada vez más desesperado, no quería creer que se hubiera ido tan rápido. Volvió a la habitación y miró el vestidor, ahora vacío…
Se dio cuenta de que ya no estaba.
Erik se llevó las manos a la cabeza. La llamó, pero no contestó. Fue entonces cuando comprendió la magnitud de su reacción de rabia extrema al verla allí, hablando con Evelyn.
«Fue algo instintivo», se dijo a sí mismo en un intento de justificación. Intentaba defender lo que le quedaba de Evelyn, lo que le había ayudado a salir adelante durante esos años, la mentira que había mantenido su cordura.
Pero al mirar el vacío en la suite comprendió que, por defender un fantasma, acababa de expulsar a la única persona real que había amado en una década.