Mas allá de la realidad Capítulo 49 El Fantasma de la Rutina
45%

Capítulo 49 El Fantasma de la Rutina

La Huida Inconsciente

Al amanecer, Erik se despertó primero. Se sentía renovado, pero al mismo tiempo aterrado. La pasión de la noche anterior había borrado todas sus defensas y ahora se enfrentaba al dilema que Marta le había planteado: la conveniencia contra el sentimiento.

Con una necesidad urgente de restablecer el equilibrio, se levantó y salió de la cama, deslizándose fuera del abrazo de Marta. No quería que ella se sintiera obligada a una convivencia o a una intimidad que solo él sentía como amor.

«Solo es sexo», intentó imponerse mentalmente, repitiendo la frase que Marta había usado. Era la única ancla lógica que le quedaba para combatir el tsunami de la emoción.

Pero la mentira no funcionaba. Su corazón se volvía loco cada vez que la miraba o pensaba en ella.

No podía olvidar lo que ella le hacía sentir, la autenticidad brutal de su placer, la forma en que su cuerpo se ajustaba al suyo.

Su mente rechazaba pensar en nada más que en el próximo encuentro, en la próxima caricia, en el próximo beso.

Pero también quería cuidarla y protegerla para siempre.

El fantasma de Evelyn había sido reemplazado por la obsesión por Marta.

Le dio un beso casto en la frente (la nueva marca de su ternura) y salió de la suite sin hacer ruido.

El Trabajo de la Separación

Erik se preparó rápidamente en su ala del dúplex.

Bajó a la cocina y, por primera vez, no preparó el desayuno para los dos.

Se tomó su café solo, con la mirada perdida en la ciudad, luchando por concentrarse en los reportes de mercado.

Necesitaba demostrar, al menos a sí mismo, que su vida no dependía de la cercanía de Marta.

Pero sabía que su cocinera lo prepararía, porque él mismo le había dado las indicaciones…

Se fue a trabajar, inmerso en una vorágine de reuniones que apenas podía procesar.

La Convivencia Separada

Mientras tanto, Marta se despertó sola, sintiendo el vacío a su lado, pero ya sin el pánico de los días anteriores. La noche había sido una confirmación. Se estiró, sintiendo los músculos doloridos pero felizmente extenuados.

Se levantó, se duchó en su inmenso baño privado y se preparó para el día. Se sentó en el escritorio de su lujosa suite y se quedó trabajando desde allí.

Estaban bajo el mismo techo, separados solo por una escalera, pero la distancia emocional era inmensa.

Marta, aunque victoriosa en el juego de la pasión, sabía que Erik estaba jugando ahora el juego de la indiferencia para proteger su corazón.

Y ella, por orgullo, no iba a ser la primera en romper ese nuevo y tenso silencio.