Mas allá de la realidad Capítulo 48 La Noche de la Rendición
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Capítulo 48 La Noche de la Rendición

El Asalto en la Cocina

El desafío de Erik no dio lugar a negociación. Cerró el grifo, se giró con la furia de una bestia contenida y acorraló a Marta contra la encimera.

—¿A dónde crees que vas? —siseó Erik, con la voz grave como un trueno—. Yo quiero seguir el juego.

No hubo palabras, solo el sonido del jadeo de Marta. Él no la besó de inmediato; en su lugar, la obligó a mirarlo. Sus ojos verdes estaban oscuros, llenos de un dolor transformado en deseo posesivo y furioso. Marta se perdió en esa mirada; vio la súplica desesperada por su autenticidad.

—Lo siento —murmuró ella, entendiendo sin palabras que su frialdad había sido un error.

—Demuéstramelo —gruñó él.

La besó. Un beso brutal que no pedía permiso, sino que tomaba lo que le había sido negado.

Las manos de él se hundieron en su cabello, inclinando su cabeza para profundizar el contacto mientras la levantaba y la sentaba sobre la encimera.

El frío del mármol bajo sus muslos contrastaba con el fuego que se desataba en su boca y en su interior.

Marta ya no pensaba en la reputación ni en el control. Solo gemía ahogado contra sus labios, mientras él exploraba cada centímetro de su piel y su boca.

El Sofá

La pasión se desbordó de la cocina al sofá. Erik la tiró con suavidad contra los cojines, y sus manos dejaron de ser furiosas para volverse las de un explorador tierno.

—Quiero que sepas cada lugar —susurró él, con la voz ronca de deseo—. Que lo sientas todo.

Comenzó el ritual de la enseñanza. Le mostraba con sus dedos y su boca qué le gustaba y qué la volvía loca, insistiendo en que ella hiciera lo mismo.

—¡Más fuerte, Marta, no tengas miedo! Dime qué quieres —la instaba él, y ella respondía con una audacia que la sorprendía.

Los gemidos de Marta eran altos, sin vergüenza, un eco de la liberación que sentía al ceder el control. Ella se arqueaba bajo sus tocamientos, gritando su nombre una y otra vez.

—¡Erik! ¡No pares! ¡Por favor, no! —gritaba ella, mientras él la llevaba al límite, solo para detenerse y mirarla, con los ojos preguntando y los labios sonriendo por el placer que le provocaba.

El Éxtasis

La noche fue una sucesión de clímax agotadores, pasando por el jacuzzi bajo las estrellas, donde el vapor y el placer se fundían en la humedad, y finalmente en la cama de su suite.

Erik no solo buscaba su propio placer; su misión era llevar a Marta a un lugar que ella no conocía. Le enseñó los secretos de su cuerpo, la hizo ceder a exploraciones íntimas sin pudor alguno, buscando el placer extremo que ella nunca había conocido.

Ella, a cambio, lo miraba con una adoración nueva, devolviendo la intensidad de cada caricia, haciendo que el clímax de él fuera una explosión sin precedentes.

—¡Marta! ¡Eres imposible! Eres mi fuego —jadeaba él contra su cuello, sintiendo que toda su experiencia se eclipsaba ante esa conexión.

Al final, exhaustos y vencidos, se quedaron dormidos con los cuerpos entrelazados, las sábanas hechas un nido de arrugas, los gemidos convertidos en respiraciones uniformes.

Lo que había empezado con un beso robado terminó en una unión perfecta de alma y piel, sellada por el fuego y la ternura sin límites.