Mas allá de la realidad Capítulo 43 La Propuesta Rota y la Ducha de Agua Fría
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Capítulo 43 La Propuesta Rota y la Ducha de Agua Fría

La Rutina de la Locura

Los días de convalecencia de Marta pasaron en una locura total y apasionada.

La rutina se había vuelto perfecta: mañanas de trabajo en equipo, siestas íntimas, regresos a la hora de la comida que acababan en encuentros sexuales frenéticos, seguidos por el cuidado gentil de Erik y la promesa de la noche.

Era una vorágine de dar y recibir, donde el único objetivo era obtener siempre más de la conexión física y la ternura.

La rutina los tenía a los dos completamente enganchados.

La Propuesta de Convivencia

Pero el tiempo de la invalidez llegó a su fin. Llegó el día en que el médico le dio permiso a Marta para volver a caminar sin muletas.

El control se estaba acabando y, con él, la excusa para la convivencia. Aun sabiéndolo, Marta, que trabajaba desde casa, quiso complacerse unos días más en esa rutina de pasión y ternura, pero ya estaba impaciente por quedarse sola. Su piso no permitía mucha privacidad personal.

Erik lo sintió. El miedo a perder la cercanía lo invadió. Su corazón, ahora totalmente expuesto, lo empujó a la acción. Estaban tomando el desayuno, el último “obligatorio”.

—Marta —dijo Erik, con una voz más suave y vulnerable de lo que había usado en años—, el tobillo está bien. Vamos a mudarnos juntos. Vente a mi ático. O yo me vengo aquí. Lo que prefieras.

Para Erik, aquella era una declaración de amor total sin decirlo directamente.

El Cuchillo de la Lógica

Marta, sin embargo, vio la propuesta a través del frío filtro de su propia armadura. Estaba asustada por la intensidad de lo que sentía y usó su lógica para defenderse.

—Erik, creo que eso es apresurado —respondió ella, con un tono extrañamente profesional—. Mira, este tiempo ha sido… increíble. Para pasar el tiempo cuando uno no puede salir, está bien. Hemos liberado la tensión y ha sido sexo de la más alta calidad.

Hizo una pausa, y cada palabra que siguió fue un cuchillo directo al corazón de Erik.

—Pero vivir juntos es demasiado. Nos hemos entendido perfectamente en la cama y hemos avanzado en los negocios, pero…

solo es sexo, Erik. ¿Por qué mudarse? Nos vemos cuando nos apetezca, sin la presión de una vida juntos.

Lo estamos pasando bien, pero ya es demasiado.

Podemos seguir jugando porque nos gusta a los dos, pero ¿mudarse? No.

El Orgullo Roto

La frase cayó sobre la mente en calentón de Erik como una jarra de agua helada. Su sonrisa se desvaneció. El mundo a su alrededor se detuvo.

Para él no era “solo sexo”; era la redención, era el amor, era el futuro que había negado durante una década. Para ella, él era un pasatiempo conveniente, una solución de “sexo de calidad” para su aburrimiento. ¿La diferencia de edad era tan grande y tan evidente?

El orgullo de Erik sufrió una herida brutal.

Su corazón se detuvo un instante por el dolor que le provocaron esas palabras.

El hombre que podía tener a cualquier mujer del mundo acababa de ser catalogado como un juguete sexual de alta gama por la mujer a la que amaba.

¿Sería el castigo divino por todas las mujeres heridas que había dejado atrás?

Se levantó de la mesa, con el rostro pétreo.

—¿Solo sexo? —preguntó, con voz baja y peligrosamente uniforme—. Comprendido, Marta. Tu lógica es impecable. Nos vemos… cuando te apetezca.

Recogió su maletín y salió del apartamento sin despedirse, sin un beso, dejando a Marta sola en la mesa, preguntándose si había dicho o hecho algo mal para molestarlo tanto y por qué, si solo era sexo, sentía un terrible vacío en el pecho.